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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Si el candidato es Puigdemont la investidura será nula, ya sea en presencia, por Skype o subido a un taburete"

Es seguro que este día de hoy lo recordará toda su vida una niña de doce años que se llama Leonor.

Carlos Alsina | @carloa__alsina |  Madrid |  Actualizado el 28/07/2018 a las 01:20 horas

No es tan seguro ni que lo recuerde toda su vida un hombre de 55 años que está huido de la justicia española.

Y aún es menos seguro que lo recordemos toda la vida usted y yo. Que tenemos nuestros propios días memorables, ¿verdad?, y que estamos deseando ya que termine el serial. El secreto de PuigDe Viejo.

El día de hoy lo recordará siempre Leonor no por lo que pase en el Parlamento de Cataluña —o sí, vaya usted a saber— sino porque hoy debuta. Como heredera de la corona en un acto en el que la protagonista es ella. Palacio Real, doce del mediodía. El padre, que hoy se convierte en cincuentón, le impone el toisón de oro. Un gesto que supone la incorporación de la heredera a la liturgia del Estado y que reúne en palacio a los representantes de las instituciones: presidenta del Congreso, presidente del gobierno, presidente del Constitucional, presidente del Supremo.

Casi cuatro meses después de aquel discurso que pronunció el padre de Leonor y que puso a estas mismas instituciones ante su obligación de responder eficazmente a la embestida contra la Constitución que acababa de producirse en Cataluña con la celebración de un referéndum ilícito que pretendió romper la soberanía nacional.

Cuatro meses después del bocinazo regio, habiéndose aplicado el 155, habiéndose celebrado elecciones autonómicas, habiéndose iniciado un procedimiento judicial por rebelión en el Tribunal Supremo y habiendo querido creer muchos dirigentes políticos que el procés naufragado no tendría segunda parte, que sus promotores cambiarían de táctica, que renunciarían al choque y apostarían por un gobierno estable, cuatro meses después el Parlamento catalán revivirá esta tarde —si nada cambia de aquí a las tres— aquellas lamentables jornadas de septiembre y octubre en que, ignorando las resoluciones del Constitucional, aplicó la ley del rodillo e hizo pasar por válidas decisiones que no lo eran.

En el día de Leonor, el que sigue enredando es Puigdemont.

Y ahora el serial es de intriga.

Porque a las tres de la tarde se emite el nuevo capítulo y sólo unos pocos, muy pocos y muy afines a la causa, están en el secreto de cuál va a ser la maniobra.

• Si aparecerá por sorpresa el candidato disfrazado de Turull, o de Rull, o de Tururrull.

• Si se les aparecerá a los diputados en un plasma, en la pantallita de sus escaños, en un holograma en la tribuna o en forma de presencia espectral, como corresponde a un fantasma.

• Si leerá su discurso un propio, un recadero. Si se lo harán al secretario de la mesa del parlamento porque previamente los encargados del PuigDeCat se ocuparán de registrarlo en la cámara.

• Si Torrent se cubrirá legalmente dejando en manos del pleno la decisión de si la investidura en ausencia sigue adelante. Recuerden lo que comentábamos ayer: si han hecho correr la lista para tener 68 votos válidos es porque hoy los necesitan para seguir adelante.

Pueden hacer muchas cosas. Y miren, da igual.

Si el candidato es Puigdemont, en presencia, en ausencia, por skype, con discurso, sin discurso, subidito a un taburete mientras hace bailar a la cabra, la investidura es nula. Ésta es la novedad que el sábado introdujo el Constitucional: mientras no pase por el Supremo y se ponga en manos de Pablo Llarena, este señor no puede ser investido. Punto.

Podrán reunirse los diputados, podrá fingirse que la sesión se celebra, podrán hacer ver que votan los diputados del rodillo, pero con este candidato no hay investidura posible.

Al fantasma y su corte de enredantes les divierte mucho esto de introducir elementos de intriga en este soberano disparate. Suben fotos a instagram, pretenden hablar en clave, ponen de los nervios a Zoido sugiriendo que le van a meter al de Flandes por el agujero de la alcantarilla. Se entretienen. Pero la investidura no vale. Y mientras la investidura no valga, el 155 sigue adelante.

Tienen los 68 votos de la mayoría absoluta para hacer hoy una de esas funciones dramáticas que luego justifican como actos simbólicos. "No, señoría, era sólo una declaración politica, no vinculante". El cuento de siempre. Tienen los votos pero no tienen candidato. Mientras sea Puigdemont, decae.

Veremos lo que sucede esta tarde.

A estas alturas, sin embargo, ya hay un par de hechos comprobados.

Uno.- Que el PDeCAT está muerto. No pinta nada.

Dos.- Que Esquerra va camino de ser el PDeCAT II. Porque tampoco pinta.

Desde el 22 de diciembre están haciendo todos seguidismo del de Flandes. Peones acatando instrucciones y bajando la cabeza ante el huido.

Empezando por el recluso de Estremera, Junqueras el desaparecido, ni media carta desde su celda para contar qué le parece que el que puso tierra de por medio para no pasar ni medio minuto en un juzgado sea ahora el rey del mambo indepe.

Junqueras, Rovira, Romeva, Forcadell, Nuevo Tono Torrent. Todos han tragado con la fijación puigdemónica de ser él. Y nada más que él. Porque sólo vale él. Porque sólo se gusta él.

Cuando Puigdemont se mira al espejo, canta.

¿Quién te gusta, Carles? Yo. Sólo me gusto yo. Porque yo soy la democracia, porque yo soy la voluntad popular, porque yo soy Cataluña.

Y cuando le hablan de terminar ya con el 155, de poner en pie un gobierno estable, de asegurar una legislatura de cuatro años, de empezar a ocuparse ya de gobernar para los catalanes, entonces Puigdemont se pregunta a sí mismo qué es lo que de verdad importa. Y, al preguntárselo, mira de nuevo al espejo y sigue cantando.

Al de Flandes sólo le importa el de Flandes.

Y los demás son responsables de no haberle dicho aún que tururú.

Cuando mañana, a estas horas, siga aplicado el 155 y la autonomía de Cataluña siga intervenida será porque así lo ha elegido el bloque independentista. Que hoy dejará pasar la oportunidad de investir a un presidente de verdad. Uno que realmente pueda serlo.