Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar, recoger datos estadísticos y mostrarle publicidad relevante. Si continúa navegando, está aceptando su uso. Puede obtener más información o cambiar la configuración en política de cookies.

Disfruta de la app de Onda Cero en tu móvil.

OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Que Rajoy y Rivera compitan para celebrar el himno de Marta Sánchez refleja el clima social y político"

La actualidad, hoy, va de Martas.

• Dos Martas ante el Tribunal Supremo, esta mañana, Rovira y Pascal.

• Una Marta que triunfó ante su público el sábado en el teatro de la Zarzuela.

• Dos Martas independentistas catalanas, poniéndole letra en el juzgado a su estrategia de defensa.

• Una Marta patriota española. Poniéndole letra al himno nacional de España.

Carlos Alsina | @carlos__alsina | Madrid
| 23/06/2019

Seguro que ya se han enterado. Que Marta Sánchez, en el concierto que ofreció este fin de semana y en el que repasó toda su carrera, incluyó una interpretación del himno. Esta letra que ella ha escrito y que dice "Grande España, a Dios le doy las gracias por hacer aquí".

La difusión de esta grabación en los medios, ayer, provocó una catarata de opiniones a favor y en contra en eso que llamamos las redes.

Muchos partidarios celebraban que una artista exhibiera su orgullo de ser española porque perciben un cierto pudor de la mayoría a hacerlo; hay quien propone que lo cante en la final de la Copa del Rey, ahí es nada. Muchos contrarios le reprochaban que no hubiera incluido la crisis, la corrupción, la precariedad laboral y los desahucios en la letra del himno. Hombre, los himnos nacionales no suelen hablar de estas cosas.

Algún tuitero de esos que no toleran ni media broma sobre Els Segadors y la frecuencia con que se canta —en el Parlament, en el Liceo, en las concentraciones, en las excursiones a Bruselas— hizo guasa de la emoción con que algunos han recibido esta versión del himno de España. Otra prueba de que, para algunos, el respeto a los sentimientos es una calle de dirección única: tú respetas los míos y yo me río de los tuyos.

Pero lo interesante de este episodio no es que una artista se decida a escribirle una letra al himno —no es la primera vez que ocurre—. O que haya opiniones a favor y en contra. Lo interesante es que dos dirigentes políticos relevantes, uno de ellos presidente del gobierno de España, al comprobar la difusión que está teniendo la cosa se levanten a aplaudir en twitter.

Primero lo hizo Rajoy, entusiasta. Cinco minutos después, Rivera. No menos.

El presidente no sólo celebró la iniciativa de Marta sino que se hizo portavoz, porque sí, de la inmensa mayoría de los españoles. "Nos sentimos representados", dijo. Así, sin CIS ni nada. Los españoles pensamos, los españoles creemos, los españoles nos sentimos representados. "Gracias, Marta".

Rivera, temeroso de que Rajoy le ganara esta carrera, se apresuró a decir también él algo. Lo que dijo fue "valiente y emocionante Marta Sánchez poniendo letra y corazón al himno nacional". Y el vídeo completo, para que sus seguidores pudieran compartir la emoción del líder.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no se han manifestado. Ni tienen obligación de hacerlo. Ellos a quien dieron la enhorabuena es al Barça de Baloncesto, por la Copa del Rey que le ganó anoche al Madrid. Bueno, Rajoy también. Rajoy felicitó al Barça y le dio las gracias a Marta Sánchez. Desde el punto de vista tuitero, digamos que ha sido el más completo.

El asunto del himno martiano refleja el clima social y político en el que estamos. Queda claro que para muchos ciudadanos ponerle una letra al himno, o celebrarlo, te sitúa en la órbita del centro derecha. La exaltación del orgullo patrio es terreno fértil para la competición entre Rajoy y Rivera y no tanto, como se ve, para los líderes de la izquierda. No porque no sean patriotas —que aquí cada cual tiene derecho a interpretar (y a sentir) la patria y el orgullo conforme a sus propias ideas—, sino porque entienden que la exaltación de los símbolos nacionales no forma parte de su catálogo de temas. No es por ahí por donde entienden que debe ir el debate público. A diferencia de Rivera y Rajoy, que ven que ahí sí hay tema, sí hay una parte numerosa de la sociedad sensible a ello y sí hay clima —ahora sí hay clima— para competir por ver quién se emociona más al escuchar a Marta Sánchez.

El cambio de clima que ha traído consigo el calentamiento de la ofensiva independentista contra la Constitución en Cataluña.

No correrá las Martas hoy la misma suerte que los Jordis.

Rovira y Pascal.

Mencionadas ambas en la moleskine de Jové —el diario del procés—, con más frecuencia y más papel la primera que la segunda.

A las nueve de la mañana empieza la nueva tanda de declaraciones ante el juez del Supremo. Abre plaza la secretaria general de Esquerra Republicana, la Marta que comanda el partido en ausencia de Oriol Junqueras. Será acompañada hasta la puerta por un séquito tamaño cabalgata. Ya saben que la importancia (o el poder interno) el compareciente se mide en el número de cargos del partido que le acompañan hasta la puerta y se quedan ahí haciendo declaraciones a los medios. Si eres Mireia Boya, va Rufián. Si eres Marta Rovira, va media Esquerra.

Dos horas después, la Marta del PDeCAT, los restos del naufragio de Convergencia. Ella, Pascal, tuvo menos papel en el procés porque ni Puigdemont ni Artur Mas —los dos hombres del PDeCAT que estaban en el puente de mando— la tenían entre sus confidentes. No teme el PDeCAT hoy que Pascal llegue a tener problemas con la justicia. Y ella misma hace todo lo posible por no tenerlos. Como Torrent y los otros actores que aspiran a relevar al reparto anterior y ganar protagonismo. Ninguno quiere incurrir en hechos susceptibles de procedimientos judiciales. Ésa es una de las razones de que la investidura del de Flandes se esté pudriendo.

La señora Pascal dijo la semana pasada que hay que formar gobierno dentro de la legalidad. La presidenta del PDeCAT, Neus Munté, ha dicho ahora que no tiene sentido incurrir en desobediencia a los tribunales. Lo que ninguna de las dos, ni nadie, ha dicho todavía en el PDeCAT es la frase completa: dentro de la legalidad y sin desobediencias, luego olvidémonos ya de Puigdemont. Hagámosle cónsul honorario de la Ínsula Barataria en Flandes. O lo que sea. Pero jubilémosle por el bien de todos.

Para el miércoles tiene citada el juez Llarena a Anna Gabriel. La que fue portavoz de la CUP —otra protagonista de la temporada de antes—. Primero se dijo que esta señora estaba en Venezuela, apadrinada por su admirada revolución bolivariana, es decir, Maduro, y ahora ella misma confirma que está en Ginebra. ¿Haciendo qué? Poca cosa, en realidad. Concretamente, nada. Está en Suiza para no estar aquí. Para chotearse, o eso parece, de la citación judicial y del juez que la ha cursado. Anna Gabriel se ha hecho un Puigdemont. "Se refugia en Suiza", decían ayer algunos diarios. Hombre, "se refugia" no. Se larga. No es justo llamarle refugiado al prófugo.