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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Presida quien presida RTVE, Sánchez e Iglesias ya dejan claro qué entienden por independencia de los medios públicos"

España, fuera del mundial. Éste es el tema de conversación del nuevo día.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  02/07/2018

En todas partes menos en el Congreso y el Senado. Donde el tema de conversación es quiénes son los candidatos. A quién propone cada grupo político para formar el Consejo de Administración de la empresa pública con mayor visibilidad del país, Radio Televisión Española. La única que nadie jamás privatizará. El que ya gobierna porque la usa como principal altavoz a mayor gloria de sí mismo y el que aspira a gobernar, para cuando le toque a él mangonearla.

Acabe presidiendo esta empresa pública quien la acabe presidiendo en la era Sánchez, el Gobierno ya ha dado la medida de qué entiende por elegir de manera transparente a un profesional independiente y de prestigio. Primero anunció el decreto para proceder ya a los nombramientos y después se puso a hablar, en secreto, con Podemos de qué personas políticamente afines desearía colocar Pedro y cuáles pretende colocar Iglesias.

O sea, el reparto del cortijo, el pasteleo y el compadreo de siempre. Coloquemos a uno de los nuestros.

Hace seis años y pico, el nuevo gobierno de España, del PP, cambió por decreto la forma de elegir el consejo de RTVE alegando ¿saben ustedes qué? Que había urgencia porque no podía continuar la empresa bloqueada. Telediario de aquel día.

2012. Gobernando el PP. Hace ocho días, el nuevo gobierno de España, del PSOE, cambió por decreto la forma de elegir presidente y alega que es urgente terminar con el bloqueo. Telediario de ahora.

Siempre el bloqueo. Siempre la urgencia. Siempre la prisa por poner a los suyos a dirigir aquello. Fue el presidente del gobierno el que confirmó que no iba a esperar. En su primera entrevista. Cuando equiparó RTVE con el Consejo General del Poder Judicial o el Tribunal de Cuentas, nada menos.

En realidad, el Consejo del Poder Judicial y el Tribunal de Cuentas son instituciones del Estado. RTVE es una empresa pública, que es otra cosa. Una empresa pública, es verdad, que los gobernantes (y los que aspiran a gobernar) tratan como si fuera un ministerio.

El bochorno del compadreo para colonizar Radio Televisión Española alcanzó el viernes cotas insospechadas. El viernes se supo, porque lo contó ella (y nadie le ha desmentido) que Pablo Iglesias había llamado horas antes a la directora de Público Ana Pardo de Vera para informarle de que ella había sido la agraciada con el gordo de la lotería de R-T-V-E. Él la había escogido —que lo sepas, Ana— y ella iba a ser porque los nombramientos en la corporación pública, según Pablo, era cosa de él porque así lo había pactado con Pedro. "Mira, Ana, en RTVE voy a elegir yo quién manda y te pongo a ti porque eres de la cuerda". Y todavía la periodista comprometida aplaudió la operación y le dijo 'cuenta conmigo'. Lástima, para ella, que luego lo suyo naufragara y lástima, para Pedro y Pablo, que se pusiera a largar, contrariada, cómo el de Podemos presumía de tener al presidente comiendo en su mano. Lo contó por transparencia, claro, después de haber eliminado veintidós mil tuits que tenía publicados.

El relato, que aún nadie ha desmentido, dice que la noche del jueves estaba Sánchez asistiendo a la importantísima cumbre europea de Bruselas y, a la vez, se estaba mensajeando con Iglesias sobre el siguiente aspirante de Podemos, el periodista Andrés Gil. El presidente y su escudero parlamentario sopesando el grado de afinidad ideológica de sus cromos favoritos. Seguía el compadreo.

El bochorno es total. Sobre todo para Sánchez, que es quien tiene prometido un presidente experimentado y de prestigio. Porque en el caso de Iglesias, lo último que cabe es sorprenderse. A Pablo se le puede reprochar la solemne incoherencia de predicar contra los reservados y los acuerdos bajo cuerda para acabar reuniéndose en secreto con Sánchez y pasteleando nombramientos también en secreto. Se le puede reprochar que haya lucido el lazo naranja en solidaridad con los sindicatos de RTVE cada vez que ha ido a ser entrevistado y a las primeras de cambio haya emitido ahora este mensaje nítido que dice: dentro de esa casa no hay nadie capacitado para el puesto.

Pero no se le puede reprochar incoherencia en su afán por colonizar lo telediarios. Está en su naturaleza. Él le reprochó a IU que, siendo el socio preferente del PSOE en Andalucía, perdiera el tiempo negociando consejerías en lugar de asegurarse el control de los telediarios de Canal Sur.

 

Dame los telediarios. Lo que nadie esperaba es que Pedro Sánchez, en efecto, se los diera. Porque lo que todo el mundo esperaba es que Sánchez se los quedara para él. Es preciso el altavoz de la potente maquinaria pública para llegar a 2020 en condiciones de seguir gobernando después de las elecciones.

Acabe presidiendo RTVE quien la acabe presidiendo, el presidente y su escudero han dado ya la medida de lo que entienden por regeneración e independencia de los medios públicos. Consiste en pactar entre ellos alguien de la cuerda. Todo lo que cabe pedir a la portavoz del Ejecutivo, la señora Celaá, es que no cuente cuentos en la rueda de prensa del Consejo.

Al Gobierno no le compete. Por eso es Sánchez, en persona, quien sopesa nombres con Pablo-dame-los-telediarios-Iglesias.