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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Podemos no propone multar los piropos, sino el acoso callejero a mujeres, y no parece descabellado"

Hay que agradecerle a Podemos que nos abra debates interesantes.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  Actualizado el 12/07/2018 a las 08:11 horas

Por ejemplo, qué diferencia hay (que la hay) entre esto que llamamos un piropo y esto que se llama incomodar, acosar o intimidar. Dónde termina el piropo y empieza la invasión de intimidad.

Algunos medios sostienen que Podemos pretende que se considere delito piropear. Pero no es verdad. En ningún texto de los que ha presentado Podemos al Congreso de los Diputados se propone perseguir como delincuente a quien le dedique un piropo a una mujer. Es una expresión elegante esta de dedicar un piropo. Nada que ver con soltarle una grosería o insistir con una proposición no deseada. El piropo es el elogio de la cualidad de una persona. Puede resultar inoportuno, o incómodo, o casposo, pero no es eso lo que Podemos pretende castigar. Es el acoso en la calle, que es otra cosa. Es la presión a la mujer. La presión que, bajo la apariencia de elogiar su cuerpo, busca y consigue que se sienta intimidada.

Podemos propone castigar con multa o trabajos en beneficio de la comunidad el acoso callejero. No parece descabellada la pretensión, bien al contrario. Nadie tiene derecho a hacerte pasar un mal rato en la calle con comentarios u ofrecimientos sexuales que no son bienvenidos.

El debate interesante que abre Podemos es qué ocurre si quien incurre en esos comentarios desagradables es, por ejemplo, un rapero. Si lo hace cantando. Y si alega que, aunque a ti pueda ofenderte, es una forma libre de expresarse. Casi todo el mundo está de acuerdo en que, cante lo que cante un Valtonyc, por ejemplo, no debería acabar en prisión por haberlo hecho. Prisión, no. Pero, ¿trabajos para la comunidad merece? ¿Algún tipo de sanción si hace una canción sexista que humilla a las mujeres? Aquellos que, como Valtonyc, sostienen que la libertad de expresión no puede tener límites, ¿aceptan que las proposiciones sexistas en la calle constituyen un límite razonable? ¿Se puede cantar a pulmón lleno desear que ojalá metan a Cospedal en un zulo hasta que se muera porque es libertad de expresión, pero si a Cospedal le dice siete veces guapa en una calle un cantante está bien visto que le impongamos una pena? ¿Es libertad de expresión decirle cualquier cosa a una mujer en la calle?

Hay que agradecer que se planteen debates interesantes. Como éste que plantea, quizá sin querer, Podemos.

A un tipo que te dice en la calle cosas que tú no tienes por qué aguantar le consideramos autor de acoso callejero. Porque intimida. ¿Qué hacemos entonces con el tipo que escrache? Si el asqueroso que hace comentarios sobre tu cuerpo debe ser detenido y sancionado, el vociferante, que acompañado de otros vociferantes, te grita, te insulta y te desea lo peor debe ser celebrado porque el escrache es el jarabe democrático? ¿Sabemos que a una mujer le intimidan dos hombres voceándole guarradas pero no queremos saber que a esa misma mujer le intimida también un grupo de manifestantes cercando la puerta de su casa? Animemos a Podemos a que afine más sobre el acoso callejero. Es un buen debate. Interesante y pertinente.

Dos meses y medio después de la sentencia de la manada, se abre camino el consenso para reformar el Código Penal en lo que se refiere a las agresiones sexuales. Considerar agresión todo acto sexual que incluya penetración y que no haya sido consentido como violación, sin calificaciones intermedias.

Esta proposición de ley que plantea Podemos comulga en buena medida con la que anuncia el gobierno socialista y con lo que sugirió el ministro de Justicia del PP, Rafael Catalá. Recordarán que cuando se produjo la sentencia hubo quien dijo que el Código no tenía problema alguno, que eran los jueces los problemáticos. Era el tribunal el que había aplicado mal la ley, no la ley la que se prestaba a ser aplicada de manera confusa. Pero en aquel debate posterior a la sentencia aprendimos todos una cosa: que nuestra legislación permite que una penetración no consentida se considere abuso pero no violación cuando la amenaza o la intimidación no ha sido explícita. Aprendimos que en el ánimo del legislador del 95 estaba ofrecer un abanico de casos muy amplio para que los jueces pudieran valorar con precisión los hechos y aplicarles la pena correspondiente. Pero que, visto con nuestros ojos de hoy, aquella variedad de agravantes y penas entra en contracción con el hecho de que, si no hay consentimiento, ha de ser agresión.

El gobierno Rajoy fue el primero en promover una revisión de esos tipos penales encaminada a simplificar los posibles casos. Ahora, tanto el gobierno Sánchez como Podemos apuntan en la misma dirección: si no hay consentimiento, hay agresión eliminando del Código todos los supuestos intermedios.

Mucho va a tener que cundirle la legislatura al gobierno de Sánchez para poder hacer realidad el catálogo de reformas y novedades que está presentando esta semana en el Congreso. La ministra de Educación confirma que la tradición se mantiene: llega un gobierno de izquierda y deshace lo que hizo el gobierno conservador; llega un gobierno conservador y deshace lo que hizo el gobierno de izquierdas. Ahora vuelve la educación para la ciudadanía, con otro nombre, y deja de pesar la religión en el currículum.

La ministra de Justicia anuncia, a su vez, la ampliación de la memoria histórica que inició Zapatero. Obligación de las administraciones de ayudar a encontrar los restos de los aún desparecidos, exhumación de los restos de Franco para sacarlos del Valle e ilegalización de la Fundación que lleva el nombre del dictador. En opinión del gobierno de ahora, el de Zapatero se quedó corto.

La única ministra que no se remonta a Zapatero para copiar, o ampliar, sus medidas es la de Hacienda. La encargada de poner impuestos practica la continuidad más absoluta de su antecesor, el ministro impostivo Montoro. Como él, quiere dejar sin deducciones posibles a las grandes compañías en el impuesto de sociedades. Como él, quiere sacarle a las empresas, vía impuestos, el dinero que el Estado hoy no tiene para pagar, por ejemplo, las pensiones. Como él le llama hacer un esfuerzo a obligar a los contribuyentes a pagar más con nuevos impuestos. Como él, de los impuestos nuevos que inventa dice que no tienen, atención, afán recaudatorio.

Los impuestos verde que te quiero verde. Que nos los ponen no para recaudar sino para hacernos a todos muy ecológicos. Pagando, claro, pero contentos de serlo.