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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Los emergentes treintañeros van a La Moncloa"

Este viernes van los nuevos. Los emergentes treintañeros. Albert Rivera y Pablo Iglesias. Por separado en la Moncloa. Convocados por el presidente para compartir con ambos, ya veremos cuánto, su plan para neutralizar el independentismo en Cataluña. Y para escuchar lo que ellos traigan.

Carlos Alsina |  Madrid |  30/10/2015

La urgencia de iniciativas judiciales inmediatas que reclama Rivera, cuyo partido ha actuado ya, con el PP, en el Parlamento catalán contra la declaración de desobediencia. O el discurso, ligeramente campanudo, con el que acude a la Moncloa Pablo Iglesias, decidido a explicarle de una vez al Rajoy de la casta cómo se solucionan los problemas de la gente y se endereza, en dos brochazos, España. Encantado el líder de Podemos de que le inviten, por fin, a pisar la alfombra.

Es algo más que una agenda de visitas lo que se va a producir hoy. Es bastante más que una simple agenda. Para Rivera es su segunda presencia en la Moncloa para abordar con el presidente este mismo asunto. Para Iglesias es la primera. Primera vez en Moncloa y primera vez mano a mano con Rajoy. Y para ambos es la confirmación de que ya nadie duda que su expectativa electoral los convierte en actores necesarios —-hay que que contar con ellos— si se pretende plantear como tarea que afecta a todos la respuesta al pulso que han empezado a echar los independentistas catalanes.

Hoy se verán reconocidos, Iglesias y Rivera, como líderes políticos influyentes a los que considera como tales el presidente del gobierno. Por más que en los mítines se refiera a los dos como bisoños aficionados al experimento y la ocurrencia —naranjitos y morados que pasarán pronto de moda—, la gravedad del momento (y el evidente cambio de estrategia) ha llevado al presidente a citarlos hoy, un día después de Sánchez, rompiendo con la idea de que es el bipartidismo lo que intenta afianzarse al rebufo de la ofensiva secesionista de la CUP, Mas y Junqueras.

Rajoy ha corregido el tiro, nadie lo niega. De presentarse en solitario como garante de la unidad de España —-mientras yo sea presidente—- a reunirse en la Moncloa con los demás aspirantes a la presidencia, a compartir con ellos el calendario y la hoja de ruta que hoy tiene en la cabeza. Rajoy aplaudido hoy, en su decisión de convocar y compartir, por sus adversarios políticos y la abrumadora mayoría de los comentaristas de prensa. La sentencia es generalizada: el presidente acierta. Acierta admitiendo la gravedad del desafío y acierta intentando ejercer —-iremos viendo con qué eficacia—- eso que tanto le han reclamado propios y extraños: el liderazgo político y social frente a la presión independentista. No el recitado, la salmodia, del cumplimiento de la ley —-ta rutinariamente—- sino esto otro que se llama convocar a la sociedad, por encima de afinidades y discrepancias de partido, a la tarea común de defender el orden constitucional de España. Es verdad que hasta ahora todo lo que conocemos es el gesto de citar y compartir información e intenciones con los demás líderes políticos. Y que aún resta por saber si eso supone que las decisiones que haya que tomar serán previamente consensuadas también con ellos y si recibirá la opinión pública noticia, un poco más desarrollada que hasta ahora, ¿verdad?, de lo que se habla en estas conversaciones, necesarias, puertas adentro de la Moncloa.

“Esto va a terminar bien”, dijo el presidente del gobierno en Cabra, Córdoba. Seguramente allí, como en muchos lugares de España, lo que está deseando el personal es que esto, si se puede, termine bien, claro, pero sobre todo, que termine. Que llegue el día en que no tengamos que estar pendientes a todas horas del monotema.

Ha encargado el diario El País una encuesta sobre la opinión de los catalanes una vez que el rodillo independentista ha puesto en marcha la declaración de desobediencia. La mayoría de los encuestados, 51 %, se declara en contra. El 42 % la respalda. Incluso aquellos, minoría, que respaldan la declaración admiten que la forma correcta de iniciar un proceso como éste es habiendo celebrado antes un referéndum con todas las garantías. El mayor sartenazo de la encuesta se lo lleva Artur Mas: el 71 % de los encuestados le recomienda irse a su casa. Sólo un 22 % de los catalanes le quiere de nuevo de presidente. Mas, a la desesperada, se agarra al sillón y amaga con convocar nuevas elecciones. Ése es el mensaje que ha transmitido en las reuniones que ha mantenido para desbloquear la investidura y lograr que se le rinda la CUP: que está en su mano tumbar cualquier otra candidatura y llamar otra vez a las urnas. Experiencia la verdad es que tiene en convocar elecciones. Es lo único que nadie niega que hace con gran soltura.

Convergencia, como partido y como referencia del catalanismo, se desmorona a paso acelerado. Ni un día sin basura nueva en casa de los pujoles. Miren lo que hoy cuenta La Razón en su portada: que la fortuna amasada por el clan asciende, agárrense, a novecientos millones de euros. Amasada tacita a tacita, comisión a comisión, billete de quinientos a billete de quinientos. 900 millones que antes estaban en Andorra y cuando empezó la indagación judicial la familia trasladó a Belice. O los pujoles obraron el milagro de los panes y los peces multiplicando la herencia del abuelo Florenci, que no llegaba a un millón de euros, por 900, o ni abuelo ni herencia ni llet, la fortuna procede de los más de cien empresarios que pagaron durante años mordidas a cambio de contratos públicos. Un cuento, nen, lo de la herencia recibida.