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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "El volantazo de Sánchez, ¿cuál es el Pedro auténtico?

Pedro Sánchez se apuntó al victimismo. Y a la teoría de la conjura. Y al todos contra mí. A la prensa no ha sido neutral. Al malvado poder financiero. Y al yo no me merecía esto.

Carlos Alsina |  Madrid |  31/10/2016

• Sánchez, anoche, abrazando el discurso de Podemos sobre su propia peripecia.

• Sánchez diciendo cuál es su proyecto para el PSOE: la alianza con Podemos, entenderse con Podemos, parecerse a Podemos.

• Sánchez queriendo ser Pablo Iglesias.

Cartas sobre la mesa. El destronado secretario general del PSOE, que mientras mantuvo el cargo pactó con Ciudadanos —no con Podemos— y mantuvo que era Pablo Iglesias quien había hecho imposible el acuerdo de las izquierdas, sostiene --ahora que ha perdido el cargo y aspira a tenerlo de nuevo-- que es el entendimiento con Iglesias lo que permitirá sobrevivir al PSOE.

Se equivocó al describir a Podemos como populista. Cree que el PSOE y Podemos han de trabajar de tú a tú y codo a codo. Porque sólo así podrán arrebatarle el gobierno a la derecha. No parece que contemple Sánchez la posibilidad de que su partido sea capaz de volver a gobernar por sí solo. Los cinco millones y medio de votos que obtuvo deben de parecerle el techo.

Y no parece que eligiera un buen día Sánchez para elogiar a Podemos. Habiéndose celebrado un día antes una sesión parlamentaria en la que un tal Rufián subió a la tribuna a poner al PSOE como un trapo, incluyendo a José Borrell, por Abengoa, y a Susana Díaz, por cacique, y mereció los aplausos entusiastas de los diputados de Podemos.

Pedro Sánchez estuvo anoche donde Évole para explicar que, ahora que ya no es diputado, cobrará los dos meses de paga a que tiene derecho y buscará luego un puesto de trabajo que le deje tiempo suficiente para recorrer España? Se ignora qué tipo de trabajo puede ser ése. Salvo el de comercial, o viajante.

Sánchez se apuntó al victimismo. Muy indignado por la coincidencia editorial que él ha creído ver en los medios de comunicación para cargárselo. Coincidencia editorial, dijo, en no facilitar el entendimiento de las izquierdas. Se refiere, claro, al diario El País y a lo que él llama las televisiones. No incluye a los medios —-que también los hay— que han apoyado ese entendimiento. Su herida es El País. Actor de la conjura. No se le pasa por la cabeza la posibilidad de que su postura, la de Sánchez, fuera equivocada y como tal se percibiera y se criticara.

Si Podemos hubiera votado a favor de la investidura de Sánchez en marzo hoy Sánchez sería presidente del gobierno. Se ve que entonces el Ibex, Alierta y El País no debían estar tan activos para dinamitar el posible acuerdo. Debían de estar de puente el día que Manuela Carmena se convirtió en alcaldesa de Madrid con el apoyo del PSOE. O Santisteve en Zaragoza. O Ferreiro en Coruña. Ahí se le escapó montar el golpe a los golpistas.

Bajo la apariencia de una desgarradora denuncia lo que ha descubierto Pedro Sánchez es el océano: que haya empresarios que tratan de influir en los medios de comunicación para obtener un resultado político. Vaya sorpresa. Cabe añadir que eso mismo es lo que hacen cada día los dirigentes de los partidos (intentar influir en lo que dicen los medios) y lo mismo que hacen instituciones de todo tipo. Lo que molesta a Sánchez no es que intentaran influir, sino que lo hicieran en un sentido nada favorable para él.

Alierta quería un gobierno conservador. Pues muy bien. Como Polanco quiso siempre un gobierno socialista. Como Botín hizo, en su día, grandes elogios de Zapatero. Y como algunos medios, y algunos empresarios, se decantaron por Sánchez en la competición con Eduardo Madina sin que a él le parecieran entonces sospechosos de nada. Lo que es revelador es que Sánchez se apunte a este carro ahora. En sintonía con la que ha sido la línea argumental de Podemos en el discurso de investidura, es decir, convencer al personal de que es una anomalía democrática que gobierne el que ganó de largo las elecciones. Esta cantinela sobre la conjura universal, el Ibex, las élites y la oligarquía y el resto de la salmodia podemista. El tributo permanente a la teoría conspirativa.

Al proyecto que defiende el aspirante a secretario general Sánchez —el acuerdo con Podemos— se une esta otra novedad que hasta ayer no había salido de su boca: la definición de España como nación de naciones y su determinación a negociar con el independentismo en Cataluña.

• Defendió en público que no quería nada con los independentistas, pero ahora es un convencido de la negociación con ellos.

• Defendió que era Podemos quien había impedido que él fuera presidente y ahora es Alierta.

• Mientras el diario El País le fue favorable, le publicó editoriales laudatorios y le ayudó a blanquear el descabezamiento de Tomás Gómez, por ejemplo, fue su periódico de cabecera; cuando El País le dio la espalda se convirtió en un poder fáctico contra la izquierda.

Tuvo dos años, como secretario general, para hacer todas las denuncias que hubiera querido y no lo hizo. Pudo haber votado "no" a Rajoy el sábado en el Congreso y no lo hizo.

Sánchez va a tener que explicar a su militancia, carretera y manta, el volantazo que le ha dado a su discurso. ¿Cuál es el Pedro Sánchez auténtico? ¿Existe acaso un Pedro Sánchez verdadero?

La palabra correcta es cálculo. Cálculo de un aspirante al desquite que elige el camino que considera más eficaz para llegar a donde quiere llegar: reconquistar el poder perdido.

El PSOE, entretanto, superado ya el pasaje de la abstención, tendrá que encontrar tiempo para debatir por qué sólo tiene cinco millones y medio de votantes. Han dedicado tanta energía, tanto tiempo, a discutir el daño que les hará la abstención, o el que les harían las nuevas elecciones, que aún tienen pendiente el debate que no llegaron a hacer en diciembre: por qué en 2011 —con Rubalcaba de candidato y viniendo de la agonía del zapaterismo— sacaron siete millones de votos y cuatro años después (cuatro años de gobierno de Rajoy) bajaron a cinco y medio. Con el partido renovado y nuevo líder. Eso no fue por abstenerse con Rajoy. Y todo lo que llegó a decir al respecto la dirección socialista (y pedrista) de entonces es que tendrían que abrir una reflexión profunda. Han pasado diez meses. Y la reflexión sigue esperando.