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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Cómo librarse del huido sin que se note: Junqueras propone una presidencia simbólica para Puigdemont"

No me digan que no lo va poniéndolo a huevo, con perdón.

Veinticuatro horas después de llorarle a Comín su amarga derrota, el fantasma de Flandes se va a vivir a Waterloo, donde la derrota napoleónica.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  Actualizado el 27/07/2018 a las 17:02 horas

Este señor les da hechas las columnas de opinión a los articulistas en tiempo real. Primero el "esto se acabó" y ahora la villa en Waterloo. Los cuatro mil boniatos mensuales que cuesta el casoplón que ha alquilado el prófugo en Bruselas.

Éste es el día en que el serial puigdemoníaco tiene como artista invitado a Abba.

No apedreen al guionista porque él no tiene la culpa de que el actor protagonista haya cobrado vida propia.

Cansado de fingir que tiene planes para volver alguna vez a España.

Cansado de vivir en un hotel con todos los gastos pagados.

Cansado de no sentir el calor hogar y de tener que andar comiendo y cenando en restaurantes.

El fantasma cambia su bosque de Bruselas por una casona en la periferia de Bruselas.

Barrio de clase media tirando a alta.

• Si la villa la hubiera alquilado una infanta la llamarían palacete.

• Si la hubiera alquilado Amancio Ortega la llamarían residencia de lujo.

• Si la hubiera alquilado Corinna la llamarían principesca.

Pero como la ha alquilado Puigdemont, sus fieles la llamarán vivienda digna del presidente en el exilio.

En estas imágenes captadas por un dron están viendo ustedes la nueva residencia, Can Carles. Con su fachada de ladrillo claro, su tejado de pizarra oscura, la puerta y las ventanas en color blanco, éste es el amplio jardín que rodea el edificio, las balconeras que dan acceso directo al césped desde el espacio salón y la espaciosa cocina de la planta baja.

Es una hermosa villa, ¿no les parece?

Sí que lo es. Con un precio ajustado que seguramente usted no podría permitirse. Cuatro mil y pico mensuales. Sobre todo si no tuviera trabajo.

Can Carles. El nuevo hogar de los Puigdemont, que son el ex presidente, su amigo Matamala y el mosso d' esquadra ése que llevan consigo y que no ficha en comisaría desde hace tres meses.

Primera lectura que cabe extraer de la operación alquilémonos algo: que el prófugo ya no tiene interés en seguir disimulando. No va a volver nunca a Cataluña y le da igual que se sepa. Lo suyo no es temporal. Si de él dependiera, sería a perpetuidad. El resto de su vida reparando su reputación tumbado en el sofá de la planta baja.

Es obligado, claro, hacerse dos preguntas:

• La primera: ¿En Bruselas no exigen garantías de que el inquilino puede permitirse el alquiler? ¿Un aval bancario, una nómina?

• Y la segunda: esta casa, en verdad, ¿quién la paga?

Ya me imagino. Sin empleo, sin pensión, sin cobrar el paro. ¿Quién le paga al de Flandes su nueva residencia napoleónica? ¿El amigo Matamala? ¿Cuatro mil al mes? ¿Cuánto tiempo más piensa seguir Puigdemont de mantenido?

Esto debe de ser lo que Junqueras llama una presidencia simbólica y otra efectiva. La simbólica tiene jardín y salones amplios, la efectiva aún no sabe lo que acabará teniendo.

¿Qué me dice, Puigdemont? ¿Se queda usted la villa glamurosa?

En el capítulo de hoy ha debido de ponerle un guasap a Comín: "Mira la choza que me he agenciado, Toni, quinientos metros cuadrados, seis habitaciones, tres baños, sauna y cocina con todos sus electrodomésticos".

Al que Comín ha debido de responder, bajando la cabeza: "¿Puedo instalarme yo ahí también, president?"

"Tú no, que me han dicho que te dejaste grabar los mensajes de texto".

Lo previsible ahora es que Oriol Junqueras, al ver el casoplón del fugado, publique en twitter una foto de su celda de Estremera. "Once metros cuadrados, lavabo, litera, estantería y retrete".

La presidencia simbólica…y la nada.

Ni siquiera ha respondido el fantasma, ocupado como debe de estar haciendo compra para llenar la nevera de su casa nueva, a la propuesta que ha lanzado en Diario16 el recluso: fingir que el presidente sigue siendo Puigdemont pero investir de una vez a un presidente que de verdad pueda serlo.

Lo ha adornado el bueno de Oriol, experto en endulzar el puño de hierro, en palabras estupendas: la presidencia legítima y la presidencia efectiva. (Qué tiempos aquellos en que los políticos querían acabar con las duplicidades en lugar de incentivarlas).

La presidencia legítima sería la que está en el exilio. Es decir, la falsa. Y la efectiva, la presidencia verdadera.

• La presidencia con firma oficial, coche, secretaria y gestión del presupuesto sería la segunda, la de aquí. La presidencia de allí, la puigdemónica, sería la de los discursos en vídeo con los tópicos de siempre y un par de banderas.

Quieren deshacerse del huido, pero sin que se note.

Quieren convertir a Puigdemont en el presidente de Tractoria. Tan falso como Boadella cuando hizo lo de Tabarnia.

En realidad, pueden llegar fácilmente a un acuerdo. Basta con convertir el casoplón de Waterloo en una residencia de jubilados. Y que vivan allí Puigdemont y Comín contando batallitas en twitter hasta que el Tribunal Supremo los condene en ausencia y a Bélgica no le quede otra que mandar a la policía a Waterloo para entregarlos.

Las otras opciones eran nombrar a Puigdemont reina madre.

Corresponsal en Bruselas de la prensa independentista.

O paisajista en Flandes.

El entusiasmo de Esquerra por tomarse en serio el paripé de fingir que se inviste a este ciudadano es manifiestamente mejorable. Hemos vuelto a la casilla de salida. Aplazado el pleno hasta que el Constitucional resuelva el recurso del gobierno, sin prisa (por lo que se sabe) entre los magistrados por poner el huevo, la reaparecida Marta Rovira sigue a la espera de que los puigdemones le digan cómo piensan hacer viable la investidura.

Viable significa que ese presidente investido pueda nombrar de verdad luego consejeros, que es donde Esquerra tendrá su parte del poder, en el reparto de los sillones de las consejerías.

Y ahí sigue encallado el serial.

En la Cataluña real cuyo control quieren volver a tener cuanto antes Esquerra y lo que queda del PDeCAT y la Cataluña fabulada, onírica, con la que sueñan los puigdemones en sus noches de soledad.

Y entretanto, Ada Colau ha tenido que pedirle ayuda a la Telefónica —una multinacional capitalista— para que convenza a los del Mobile, la Feria Internacional de Inalámbricos, para que no abandonen Barcelona espantados.

Póngamonos, en fin, bajo la advocación de Loquillo. Un visionario, que mucho antes de saber que existía Puigdemont, y previendo sin embargo su caída, ya le cantó a Waterloo.