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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Al enredante Torra o se le hace la traducción simultánea o fabrica una realidad a su medida"

Se le escapó al departamento de escenografía de la Moncloa contratar un grupo de mariachis que interpretaran boleros mientras la pareja de presidentes imprevistos paseaba por los jardines de palacio.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  10/07/2018

Les faltó un fotógrafo de bodas a Sánchez y a Torra para que los hiciera posar en actitudes amorosas. Abrázale por detrás, Pedro. Tú gira un poco el rostro y mírale a los ojos, Joaquim. Mejor Quim, ¿te puedo llamar Quim? Eso es, moviendo las manos. El pelo suelto. Lo estáis haciendo genial. Bebed un sorbo de este licor, ¿cómo dices que se llama, Quim? Eso, ratafía.

No es justo que algunos comentaristas describan al presidente catalán como un señor de provincias visitando la gran ciudad con el licor y los embutidos del pueblo. No es justo porque embutidos no llevó y porque no es Paco Martínez Torra.

Y sí es justo, por el contrario, subrayar el hermisísimo book de fotos que se hizo ayer esta pareja. Pedro y Quim.

Las manos del presidente se siguen moviendo, incansables en su servicio a España.

Mano a mano con el hijo de Puigdemont.

Todo muy dialogante. Todo muy educado. Muy cordial, muy agradable. Todo muy de paripé para que pareciera lo que no era. O para conseguir que fuera lo que parecía. La liturgia de las formas maquillando que cambiar, lo que se dice cambiar, lo único que ha cambiado es que los dos ahora tienen poder y evitar llamarse de todo.

• Es verdad que Sánchez no recibió a Torra llamándole xenófobo, ultra, retrógado.

• Es verdad que Torra no le dijo a Sánchez "buenos días, fascista, inquisidor, represor, cómplice del 155".

Y que se hicieron obsequios, se fueron a ver la fuente de Machado y se intercambiaron los números de móvil.

Pero, escuchando lo que ambas partes contaron a la prensa luego, no parece que esta pareja nos haya salido muy sincera.

Ayer el señor Torra —enhorabuena para él— comprobó que en Madrid nadie se come a los niños crudos. Ni siquiera a los niños catalanes. Comprobó que esta ciudad es en color, que se respira diversidad y tolerancia en cada esquina, que no hay turbas por las calles gritando a por ellos, a por ellos. Ayer el señor Torra comprobó que en Madrid no somos bestias.

Al chico de los recados de Puigdemont no se le conoce hasta la fecha una sola aportación propia. Ni al debate sobre la cuestión catalana ni a ningún otro. A este president lo único que se le ha escuchado es el raca raca de la autodeterminación. El proyecto político de su gobierno es —lo tiene dicho él— él desarrollo de la República Catalana ya proclamada. La elaboración de una Constitución propia para Cataluña que entierre la Constitución española. La secesión. Y siendo ése su único proyecto conocido, habrá que preguntar qué significa que el gobierno de España haya reconocido ese proyecto político.

¿El reconocimiento mutuo, de qué? ¿El acuerdo político, en qué?

Por más empeño que ponga Torra, y que ponga Sánchez, en que parezca que este serial ya es distinto sigue siendo el mismo serial de siempre.

El presidente recién llegado que cree tener en su mano el antídoto del independentismo. El diálogo, la cordialidad, el dejar hacer al activista que habita el Palau en la confianza de que una cosa sea lo que dice y otra lo que de verdad termine haciendo.

No ha puesto mucho empeño el Palacio de la Moncloa en rectificarle a Torra la versión que dio de lo que Sánchez le había dicho. Por ejemplo, esto de que han alcanzado un acuerdo para admitir que la solución a la cuestión catalana ha de ser una solución política.

¿En qué están de acuerdo Sánchez y Torra? ¿Qué le dijo el presidente del gobierno a su invitado y qué no le dijo? ¿Es un problema político con una solución política?

A Joaquim Torra, como a sus superiores orgánicos, conviene hacerle la traducción simultánea porque disfruta enredando con las frases y los conceptos.

• Cuando el independentismo dice que éste es un problema político que requiere de un solución política lo que está diciendo es que la ley es un estorbo. Que no pasa nada por saltársela. Que no cabe actuar penalmente contra ningún dirigente independentista haga lo que haga. Que como es un problema político que requiere de solución política, la justicia debe quedarse al margen. ¿En eso alcanzó un acuerdo ayer con Sánchez? Ya lo dudo, Torra, ya lo dudo.

• Cuando el independentismo habla de solución política está pensando sólo en una cosa: la autodeterminación. Para el gobierno central, la solución en ningún caso puede ser esa. Para Torra, necesariamente ha de serlo. ¿Cuál es exactamente el acuerdo que dice usted que alcanzaron ayer?

El presidente Sánchez puede estar muy contento porque Torra se fue de la Moncloa enternecido por haber visto la fuente de Machado y porque no se encontró allí ni tanques, ni inquisidores, ni a la familia de Felipe V. Al presidente Sánchez puede agradarle sobremanera que el hijo de Puigdemont diga que no hay color entre la intransigencia del de antes y la sintonía incipiente que manifiesta el de ahora. Pero la obligación del presidente es corregir las malas interpretaciones que su invitado está dando de la conversación que mantuvieron ambos. La obligación es aclarar que esto que dice Torra sobre la relación bilateral que han establecido de gobierno a gobierno…

…no significa que ambos gobiernos sean homologables, porque uno es el gobierno de España y otro el gobierno autonómico de un territorio que forma parte de España, quiera Torra o no quiera.

Al enredante presidente catalán o se le hace la traducción simultánea o te fabrica una realidad a su medida según la cual ha conseguido en dos horas de Sánchez todo lo que nunca consiguieron sus predecesores ni de Rajoy ni de Rodriguez Zapatero. Paréntesis: la sentencia del estatut que según Torra fue el detonante de todo se produjo en 2010, gobernando (aún le quedaban dos años) el presidente Zapatero.

Qué gusto, ¿verdad?, el afán de debatir democráticamente que están demostrando los dos aspirantes a la presidencia del PP. Pablo Casado apostando por el debate mientras ayer le abucheaban un grupo de tolerantes activistas de la izquierda navarra.

Y Soraya Sáenz de Santamaría repitiendo que no tiene problema alguno en debatir, sino todo lo contrario.

Que sí, pero. Tanto amor por el debate que es obligado preguntarse: si ustedes quieren debatir, oiga, ¿a qué esperan? Cítense el uno al otro en cualquier medio y debatan. Tienes ustedes libertad de expresión, libertad de opinión y libertad de circulación. Ya me dirán qué importancia tiene en esto lo que pueda decir el joven Luis de Grandes, timonel del congreso extraordinario que se ha adjudicado a sí mismo el papel de censor de los debates.

Aquí un señor que decide por su cuenta lo que es bueno o malo para un partido que él no dirige. Aquí un señor que se presta a dar coartada a quien, por más que diga lo contrario, no desea ni en sueños tener que debatir con nadie.

Si quieren ustedes debatir, debatan. Y si no, dejen de contarnos milongas.