Déjenme que les cuente una historia. (Es muy corta, ya verán).
Corría el año de 1982 cuando en España, casi a la vez que empezaba a gobernar Felipe González, empezó a emitirse en la televisión única la serie…'Dinastía', intrigas y devaneos de una familia podrida de dinero.
En aquel tiempo las series llegaban aquí uno o dos años después de haberse estrenado en Estados Unidos, de modo que cuando aquí aún estaba empezando la primera temporada, allí los productores se enfrentaban a su primera gran crisis. El actor que daba vida a uno de los personajes rompedores, el hijo bisexual del magnate petrolero, Steven, se negó a renovar harto de que su personaje se enrollara con medio Denver y de ahí no pasara.
Crisis total: qué hacemos ahora. Primera opción: matarlo. Que inventen los guionistas un funeral y los demás personajes verbalicen, rotos de dolor, qué diablos le pasó. Segunda opción: la cirugía estética. El chico sufrió un accidente terrible y, desfigurado, hubo que ponerle otra cara. (En aquel tiempo la gente que salía en televisión aún no se operaba sólo por gusto para tocarse cosas de temporada en temporada). La idea era buena: si ha cambiado de cara, contratamos a otro actor y asunto arreglado. Y en efecto, eso fue lo que hicieron. En la segunda temporada, un actor diferente asumió la interpretación del mismo personaje y se salvaron, así, las tramas. Oye, siguió el culebrón como si tal cosa.
"Sánchez se ha inspirado en 'Dinastía' para mantener vivo su propio serial
Cuarenta y tres años después, el presidente Sánchez se ha inspirado, seguro, en esta serie para mantener vivo su propio serial. Al actor que interpretaba a uno de sus personajes necesarios -una suerte de fontanero viajero, y confidente, al que enviar a negociar opacamente con el padrino de su investidura- lo metió un juez en la cárcel como presunto corrupto. Se llama este actor, como sabrán, Santos Cerdán. Este giro de guion no estaba previsto. Crisis total: qué hacemos con la serie.
El presidente ha aplicado la técnica dinastía. Cerdán ha sido borrado, como si nunca hubiera existido, y su papel ahora lo interpreta otro actor, joven promesa, de nombre José Luis Rodríguez Zapatero
El presidente ha aplicado la técnica dinastía. Cerdán ha sido borrado, como si nunca hubiera existido, y su papel ahora lo interpreta otro actor, joven promesa, de nombre José Luis Rodríguez Zapatero. Al fontanero le han hecho la cirugía estética y ha salido Zapatero. Hoy mismo vuela a Ginebra en calidad de suplente. ¿Cómo se llega de presidente del gobierno de España a sustituto de un preso preventivo en las romerías a Suiza para congeniar con un malversador pendiente de juicio? Lo de Belmonte, ¿no?, degenerando, amigo, degenerando. Ex presidente en misión reservada se cita con el fugado que llevó las instituciones catalanas al borde del abismo y por el que nuestro ex presidente tiene dicho que profesa un enorme respeto político.
No, no habrá declaraciones a la prensa ni nadie informará de lo que se ha tratado. A Puigdemont también le va la intriga. Dijo el lunes a sus discípulos: 'En otoño pasarán cosas'. Y se entregó el personal a la tarea de descifrar qué cosas son esas que acabarán pasando. 'Ilumínanos, maestro, ¿qué nos depara el futuro?’ Preguntadle a Zapatero, que es quien interpreta mis designios. O sea, un poco lo de siempre.
Que Junts está rebotado porque su líder supremo sigue sin estar amnistiado del todo; que Podemos va a tumbarle en el Congreso la cesión de las competencias migratorias; que sin los siete peones puigdemónicos no hay Presupuesto que pueda aprobarse en el Congreso. Y que Junts anunció el martes que el PSOE le había comprado la propuesta de que las empresas en toda España tengan que atender en catalán al cliente que así lo pida -dentro y fuera de Cataluña- y cuando ayer la prensa le pregunta a Patxi López, éste habla de oídas como si fuera un tertuliano.
El nuevo enredo con las lenguas
A mí no me parece mal. ¿Pero no lo ha pactado su partido con los puigdemones? Y no para atender en las comunidades con dos lenguas cooficiales, sino en todas, que eso es lo diferente. La Caixa, por ejemplo, teniendo que atender en euskera en sus oficinas de Lugo. Vamos a verlo, dice Patxi. (Esto les pasa a los periodistas por creer que Patxi López está al tanto de lo que su partido pacta o no pacta). El nuevo enredo con las lenguas. Marca de la casa. ¿Tiene ya Ferraz operativo el equipo de personas que atenderá a sus militantes en cualquiera de las lenguas cooficiales? Ya sé que Ferraz no es una empresa (bueno, para Santos Cerdán igual sí lo era, no sé) pero oye, para ir dando ejemplo.
Érase una vez un presidente del gobierno que, recién investido y habiendo prometido a quien lo invistió que lograría que la Unión Europea aceptara como lengua oficial el catalán, cometió un error de cálculo imperdonable. Diciembre de 2023. El presidente, empeñado entonces en que el gran problema de España eran los pactos del PP con Vox, como luego lo serían los bulos y más tarde el cambio climático, hizo un mitin en el Parlamento Europeo en el que forzó el argumento de que el PP es lo mismo que Vox para encararse con el líder del PP europeo, un alemán, y arrojarle a la cara la memoria del nazismo, qué ojo.
Al señor Weber la alusión al tercer Reich le sonó a lo de siempre -si eres alemán, igual eres un poco nazi- y aparte de indignarse aquel día cabría decir que hoy sigue indignado. Hay cosas que no se olvidan.
El presidente español aún debía de creer entonces que en el gobierno de Alemania duraría mucho tiempo su colega, y correligionario, del Partido Socialdemócrata Olaf Scholz. El triunfo de éste, en las elecciones de 2021, fue celebrado por el Partido Socialista de España como si fuera una victoria propia. Por fin la Unión Europea, siguiendo la estela española, veía la luz y giraba a la izquierda.
Pero el gobierno de izquierdas en Alemania acabó siendo flor de un día y desde mayo quien gobierna de nuevo es el Partido Popular de allí. Previo pacto con el Partido Socialista de allí, que vio bien hacer posible que gobernara el país el más votado -vade retro, la peor pesadilla de la Moncloa, un PSOE haciendo posible que gobierne la derecha-.
El presidente español que había prometido a Puigdemont el catalán oficial en Europa se le torció el camino porque para que eso salga adelante hace falta que el gobierno de Alemania lo bendiga. Y por ahora, no lo bendice. Según Albares, porque Feijóo, que tiene una influencia ahora desconocida, presiona a sus colegas alemanes, canciller Merz incluido, para que le hagan la puñeta a Pedro Sánchez. Podría parecer, viéndolo con perspectiva, que atizarle a otro alemán conservador, el tal Weber, invocando frívolamente el Tercer Reich no es una forma muy inteligente de ganarte el apoyo de la derecha alemana a la oficialidad de las lenguas. Más aún si luego sale Puigdemont, como ha salido, a vincular el rechazo alemán al apoyo que Hitler prestó a los sublevados de Franco. Así se hacen amigos, así se consiguen aliados.
El presidente del gobierno alemán en la Moncloa
Hoy está el presidente del gobierno alemán en la Moncloa. Friedrich Merz. Nueva oportunidad de Sánchez para convencerle de que apoye la oficialidad e las lenguas. Incluso para que vaya más allá y promueva que todas las empresas europeas hayan de atender en cualquiera de los idiomas de la Unión a sus clientes en cualquier lugar de Europa. Es sabido que el mundo anda patas arriba entre lo de Netanyahu en Gaza y lo de Putin en Ucrania. Pero quien sabe si la prioridad de Sánchez, esta mañana, no será persuadir a Merz de que le acepte lo de las lenguas oficiales. 'Venga, Friedrich, y llamamos a Zapatero para que se lo cuente a Puigdemont, que se pondrá contento, hombre'.
Friedrich Merz anunció ayer a su población un otoño de reformas -en otoño pasarán cosas-. Y empezó por advertir de que la libertad de Europa hoy está amenazada porque Putin tiene capacidad, como se ha visto, de violar nuestro espacio aéreo con drones capaces de causar mucho daño. Los drones rusos en Polonia, ese episodio que ha hecho sonar las alarmas en media Europea pero que no ha encontrado eco en el Parlamento de España. Sí lo ha encontrado Gaza, y es probable que lo encuentre hoy también en la Moncloa.
No se espera que el presidente Sánchez inste hoy a su interlocutor alemán a decir, silabeando como hace el presidente, a decir ge-no-ci-dio. El canciller alemán no pronuncia esa palabra -al menos, todavía- pero a nadie se le ocurre pensar que eso le convierta en cómplice, o blanqueador, del gobierno israelí. El gobierno de Alemania aplicó ya en agosto -lo recordó aquí Borrell el martes- el embargo de armas a Israel (esto que sigue atascado en el Consejo de Ministros de España). Y el primer ministro Merz se estrenó en el cargo, mes de mayo, condenando la violación de la legalidad internacional que viene cometiendo Netanyahu.
El 80% de los alemanes se declara contrario a la toma militar de Gaza y la expulsión forzosa de los palestinos. Este fin de semana, el Reino Unido se sumará a la lista de países que hemos reconocido este año el Estado Palestino.

