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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Los candidatos están a tiempo de demostrar más talla a la hora de analizar lo que dicen sus adversarios"

Aún tienen dos semanas por si quieren redimirse. Los candidatos. Aún están a tiempo para demostrar que les importa más la verdad que la distorsión, los hechos que la palabrería y el rigor que la propaganda.

Carlos Alsina
 Madrid | 11/04/2019

Aún nos quedan dos semanas de bombardeo. Esta campaña electoral que empezó allá por el mes de mayo —empezó el mismo día que un tribunal publicó la sentencia de la Gürtel— entrará la próxima medianoche en cuartos de final. Acuérdese que esta campaña —diferente a todas las anteriores por tantas cosas—, tendrá, como las películas de éxito, una secuela. Aún estaremos digiriendo los resultados del 28 de abril cuando ya estará en marcha, otra vez, el tiovivo de los mítines para las municipales, europeas y autonómicas.

Aún están a tiempo los candidatos de demostrar un poco más de talla a la hora de analizar lo que hacen y dicen sus adversarios. No es que estemos en la era de las fake news (que en esa era hemos estado siempre), es que la manipulación de los hechos es tan burda en algunos casos que invita a pensar que estos dirigentes que tanto interés tienen en dirigirnos nos tienen por indigentes intelectuales. Ya sabemos que en campaña se exagera, se ataca y se le saca punta a cualquier cosa —acuérdese de Susana Díaz el otro día en este programa: le recordé la opinión que tenía de Sánchez hace sólo dos años (un peligro público, un tipo del que no se puede fiar nadie, un ególatra cuya única ideología es él mismo) y ella dijo que todo aquello lo había dicho en un debate, que ya se sabe, los debates cómo son—. Ésta es la cosa. La convicción que tienen los aspirantes de que todo vale. El si cuela, cuela.

· Si a base de repetir en todos los mítines que el PP va a recortar las pensiones consigues que tres o cuatro viejos se asusten, pues éxito absoluto. Tres votantes más para la cazuela. Engañados, sí, pero eso en escrutinio no sale.

· Si a base de repetir en todas las entrevistas que Sánchez pactó con Torra en Pedralbes la independencia de Cataluña consigues que tres o cuatro españoles crean que la Moncloa ha sido tomada por un agente de Puidemont disfrazado de lagarto, pues misión cumplida. Tres votantes más para la cazuela. Engañados, sí, pero de eso el 29 de abril quién se acuerda.

Los aspirantes en campaña copian los peores vicios de la desinformación y el adoctrinamiento.

Pablo Casado dejó claro al mediodía de ayer que, si consigue gobernar, no bajará el salario mínimo. Lo dejó claro, es verdad, después de haber respondido en este programa con esta frase a la pregunta de si desharía la subida contra la que él votó.

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Expresado así, puede interpretarse, en efecto, que estaba anunciando que recortaría el salario mínimo. Pero también puede interpretarse que se lió en la forma de expresar cómo debe ser esa negociación y que lo que quería haber dicho es esto otro que expresó cinco horas después.

Un candidato a presidente tiene derecho a patinar en una entrevista, claro que sí, pero también lo tiene a corregir el patinazo y aclarar qué hará si gobierna y qué no hará. Dado que Casado ha dicho que no recortará el salario mínimo, seguir atribuyéndole la decisión de recortarlo es no querer enterarse de lo él ha prometido. A eso le llama Casado fake news. Lo que pasó con Daniel Lacalle. Le atribuyen la intención de recortar la pensiones a los jubilados, él dice que jamás se le ha pasado por la cabeza semejante cosa, pero se lo siguen atribuyendo porque aquí da igual lo que digas o lo que hayas hecho: los adversarios políticos creen tener derecho a decidir por ti qué has querido decir y qué planes secretos tienes. El caprichoso mundo de las intenciones ocultas al gusto del consumidor.

A Pedro Sánchez le atribuye el PP no sólo la pretensión, sino el hecho consumado, de entregar España al independentismo para que la rompa en pedazos. El propio Casado lo dijo ayer aquí: Sánchez ha pactado con Torra la independencia de Cataluña. En realidad no consta que Sánchez haya pactado semejante cosa. Ni que haya abogado nunca por un referéndum de autodeterminación. Ni que haya firmado un acuerdo secreto con Oriol Junqueras. Sí consta que le ofreció al gobierno independentista una mesa de partidos nacionales con relator. Sí consta que accedió a reunirse con Torra en Pedralbes de igual a igual. Sí consta que recondujo a la abogacía del Estado para que rebajara la acusación en el Tribunal Supremo. Y no, no consta que se haya comprometido a indultar a nadie. Tampoco que se haya comprometido a no hacerlo.

A cada cual hay que medirle por lo que hace y lo que dice, no por la caricatura de lo que ha hecho o ha dicho.

Antonio García Ferreras le hizo ayer a Pedro Sánchez la pregunta que éste lleva resistiéndose a contestar desde hace meses.

A pregunta nítida, respuesta borrosa. Recurre el presidente al burladero de yo soy presidente y no puedo mojarme y abre, así, camino a que los demás

interpreten lo que realmente tiene en la cabeza. Porque la respuesta de Sánchez no es una respuesta. No es verdad que él no deba pronunciarse sobre el indulto a unas personas que ni han sido condenadas aún ni han solicitado, claro, ese indulto. Puede pronunciarse cuando quiera. Porque lo que se le está preguntando es si piensa que un delito como la rebelión, o la sedición, deben ser indultables. No tiene problema alguno el presidente en responder a la pregunta cuando los delitos son otros. ¿Indultaría usted a un político corrupto? ¡No, en ningún caso? ¿Indultaría a un maltratador? Jamás, que la ley lo prohíba. ¿Indultaría a un gobernante autonómico que intente tumbar la Constitución? Ah, sobre eso no opino, que es que soy el presidente.

Se da, además, la circunstancia de que en este juicio del Supremo está personado el Estado como acusación y parte perjudicada. Es decir, que una cosa es que el presidente no deba meterse en las decisiones del tribunal o en el trabajo de la fiscalía (eso no le compete) y otra que el gobierno no tenga criterio sobre lo que hicieron quienes hoy están procesados. Sí que lo tiene. Lo expresa a través de la abogacía del Estado. Esto lo recordó la ministra de Justicia cuando se rebajó la acusación de rebelión a sedición: la abogacía es un órgano del ministerio, no un ente autónomo. La abogacía es quien defiende los intereses del Estado en los juicios. Y la abogacía está acusando de sedición a Oriol Junqueras. Por tanto, presidente, ¿cabe indultar a un condenado por sedición? ¿Sí o no?

La respuesta brumosa es una invitación a especular sobre por qué no quiere dar a conocer su criterio.

A quienes aspiran a gobernarnos cuatro años lo menos que se les puede exigir es coherencia. Entre lo que prometen y lo que han defendido hasta hace cuatro días.

· Si el presidente del gobierno entiende, honradamente, que la salida a la cuestión catalana pasa por crear una mesa de partidos nacionales —como le propuso al gobierno independentista— lo coherente es que mantenga esa oferta y la defienda. Lo incoherente es que esconda la cuestión y finja que no pasó todo lo que sí pasó.No pactó la autodeterminación con Torra, pero sí ofreció una mesa de partidos al margen del Parlamento.

· Y si el PP, considera, honradamente, que poner el salario mínimo en 900 euros impide a muchos pequeños empresarios poder mantener los puestos de trabajo y perjudica, por ello, la creación de empleo, lo coherente es que defienda que ese salario debe volver a donde estaba (bajarlo) y negociar un calendario de subida más largo. Lo incoherente es predicar contra la subida pero prometer que gobierne quien gobierne, ya no se baja.

Aún tienen dos semanas para redimirse. Aún están a tiempo de defender, sin disimulos, aquello que cada uno considera más correcto.

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