Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar, recoger datos estadísticos y mostrarle publicidad relevante. Si continúa navegando, está aceptando su uso. Puede obtener más información o cambiar la configuración en política de cookies.

Disfruta de la app de Onda Cero en tu móvil.

OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Lo más chusco de la táctica pedrista es que en el PSOE sigan viendo a Esquerra como un partido progresista"

Ya sabe usted lo de Quevedo, ¿no? Cuando le ganó la apuesta a sus amigos llamando coja a la reina sin que ésta lo notara.

@carlos__alsina | Madrid
| 05/02/2019

Se plantó delante de la reina con un clavel en una mano y una rosa en otra. Y le dijo aquello de "entre el clavel y la rosa, Su Majestad es coja".

Habrá que encomendarse hoy a Quevedo para decirle a Pedro Sánchez que entre el clavel y la rosa, su señoría es cojo. En algún momento tendrá que elegir: entre seguir trampeando con los presupuestos de Rajoy, o aceptar que carece de la confianza del Parlamento y convocar a los ciudadanos a las urnas. Elecciones generales para poner a prueba la magnífica opinión que el gobierno tiene de sí mismo, la imperiosa necesidad que tiene España de que siga gobernando Sánchez, líder aéreo, y la pericia demoscópica de Tezanos, todo a un tiempo.

Los cordiales, leales y constructivos socios que Sánchez se buscó para descabalgar a Rajoy en julio le han dicho que con ellos no cuente para aprobar las cuentas globo (o sea, hinchadas) de la ministra María Jesús Montero. Dices: pero cuántas veces han dicho esto mismo los independentistas. Pues muchas veces. Pero como nunca se sabe si Junqueras y compañía van en serio o están en el regate corto de la táctica, pues el gobierno (éste y el de antes) siempre quiere creer que, aunque en público se pongan bravos, al final acabarán transigiendo. Es que en privado dan señales de querer pactar una salida, dicen en la Moncloa de ahora y en la de antes.

A Rajoy se la coló Junqueras de la forma más insólita posible, que es proclamando en público cada paso que iba a dar pero consiguiendo que el presidente nunca se lo creyera del todo. 'Vamos a hacer un referéndum de autodeterminación'. Va, cosas que se dicen para contentar a su parroquia. Y al final van y te lo hacen. A Sánchez le venía diciendo Esquerra desde hace meses: neutraliza a los fiscales del Supremo, fuerza su rendición, o te va a apoyar los Presupuestos el de la coleta. Y el gobierno decía: bah, cosas que se dicen, pero al final se dejarán hacer. Permitir que la tramitación se produzca porque a ellos les interesa tanto como a Sánchez que siga Sánchez. Primer error: a nadie le interesa tanto que siga Sánchez como a Sánchez. En eso no tiene competencia.

El recurso éste de decirle a los Junqueras "más te vale que gobierne yo, porque si no viene el coco Casado-Rivera-Vox y te vas a enterar de lo que vale un peine" no parece dé ya más de sí. La corte independentista (Tardá, Pujol, Torrent, Rufián) está a lo que está: aprovechar las vísperas del juicio supremo para volver con el raca raca de la opresión, la persecución, el franquismo y el 155. Si la ministra ha metido en los Presupuestos una inversión de más o de menos ahora mismo les resbala.

De manera que, plan B, en ausencia de socios con los que sacar adelante nada, Sánchez, sus ministros y su Miquel Iceta tiran del siguiente estribillo, que ellos saben que es flojo (o cojo) pero es el único que, de momento, se les ha ocurrido. Acusar a Esquerra y el PDeCAT, atención, de coincidir con la derecha en su afán por tumbarle a Pedro las cuentas. ¡Qué crueldad, pobre Rufián! Decirle que se le ha puesto cara de Albert Rivera. En ocasiones, veo fascistas. Lo más chusco de la táctica pedrista no es pretender que Esquerra se inquiete porque la tache de tonto útil de la derecha, lo más chusco es que a estas alturas en el PSOE sigan viendo a Esquerra Republicana como un partido progresista.

En dieciséis semanas, hay elecciones. No generales, de momento, pero sí municipales y autonómicas. La última meta volante. El examen a un presidente que, a sabiendas de su precariedad parlamentaria, trampea.

Se cumplen trece días del momento en que el mundo empezó a saber de un venezolano llamado Guaidó.

Juró el cargo de presidente de la República como cabeza visible que era del Parlamento verdadero. Lo hizo sabiendo que recibiría de inmediato el apoyo de los Estados Unidos y las principales naciones americanas que hoy tienen presidentes conservadores: Colombia, Brasil, Argentina y Chile. No tenía asegurado entonces, pero sí lo tiene ahora, el respaldo de los más de treinta países que se han sumado a la lista. Entre ellos, uno tan relevante política, histórica y emocionalmente para Venezuela como es el nuestro.

Mientras Guaidó recibe nuevos apoyos, Maduro se encomienda al papa peronista.

Del lado de Guaidó están hoy la mayoría de los gobiernos de la Unión Europea y la mayoría de los gobiernos de América. Del lado de Maduro están Rusia, Turquía, Irán y China. El Papa, de perfil y tibio. Si hay que medir las credenciales democráticas de los unos y de los otros, sale vencedor por goleada Juan Guaidó. Lo que pasa es que no es de las credenciales de los aliados extranjeros de lo que va a depender cómo termine esta historia. Lo dijo anoche Guaidó: en el palacio presidencial quien sigue estando es Maduro.

A esta idea se agarra la oposición: que el noventa por ciento de la población venezolana reclama cambio. No sólo por razones políticas, de libertad, de pluralidad; antes que eso, por la violencia, la inseguridad y el desabastecimiento. Todo eso que no aparece nunca en las soflamas del gorila y que está en el centro del discurso que hace cada día Guaidó. Persuadido de que es la crisis social, el hundimiento económico que sufren los venezolanos, y la ayuda humanitaria que están ofreciendo los países que le han reconocido, la cuña que puede acabar derribando el muro del aparato chavista. Los fármacos, los productos de higiene, los alimentos que echan en falta miles de venezolanos están en camino, éste es el mensaje. Y si Maduro impide que la ayuda cruce la frontera, si pretende utilizar al ejército para privar al pueblo de esos bienes, el pueblo estará legitimado para abrir él ese camino. Ésta va a ser la prueba de fuego los próximos días.

Dado que la institución que fue elegida por el pueblo, en las últimas elecciones válidas (2015) fue la Asamblea Nacional, es en la Asamblea Nacional donde se han de ir tomando las decisiones. Es la Asamblea la que coordina los centros de recepción de la ayuda, es la Asamblea la que ordena que se franquee el paso a esa ayuda en la frontera y es la Asamblea la que va a proceder a relevar de sus puestos a los miembros del Consejo Electoral, el órgano encargado de organizar las eleciones que hoy todavía está tomado por el chavismo.

Carlos Veccio, nuevo representante de Venezuela en Washington, nos explicó a las seis de la mañana cómo se ha producido allí el relevo (por llamarlo así) que ahora tiene que producirse en España. Guaidó va a nombrar un nuevo representante diplomático en Madrid, pero en la sede en la embajada quien está es el representante de Maduro, Mario Isea. Es él quien tiene la llave de la sede y de las cuentas. Qué va a pasar con él y qué va a pasar con la embajada de España en Caracas. En qué situación queda si el presidente al que reconocemos no manda y el que manda está deseando desquitarse por el roto que le hemos hecho.

Ahora que Sánchez ha hecho suya la posición que hace diez días le reclamaban Rivera y Casado, se clarifica el tablero político doméstico respecto de Venezuela. Los tres partidos que suman el 70 % del electorado español están con Guaidó. A Maduro le queda el respaldo entusiasta de Alberto Garzón, IU; de Gabriel Rufián, Esquerra Republicana; y de Podemos, que hace suyo el discurso de Maduro sobre la invasión americana que viene y el riesgo de que aquello sea Vietnam. Habló Echenique.

Que dice Podemos que lo que hay que hacer es mediar.Que es la forma que tiene ahora este partido de camuflar el fervor que en otros tiempos sentía por la revolución bolivariana. Cuando Venezuela era más democrática que España, más justa, más libre, más próspera, más todo, y tener a un tipo como Maduro flanqueado de su colección de uniformados era el sueño de cualquier demócrata.