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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Todo indica que será Vox quien tenga que envainársela porque ni Cs ni PP van a tragar con su condición"

El fin de semana de Reyes nos dejó dos chistes malos.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  07/01/2019

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• El primero, éste que igual ya le han contado a usted del niño que le pide a los Reyes Magos que se lleven de este mundo a Pedro Sánchez. "Mi cantante favorita era Amy Winehouse, mi actor favorito era Robin Williams, mi cómico favorito era Chiquito. Que sepas que mi presidente favorito es Sánchez". El humorista se llama Ignacio de la Puerta y hace vídeos para youtube con un niño que se llama Adolfito. El vídeo habría pasado sin pena ni gloria si no fuera porque le pareció gracioso a un encargao del PP, el del twitter, y lo retuiteó para que todos los followers lo disfrutaran. Mira qué gracioso el crío, el padre, el comunitty manager y Pablo Casado.

El segundo chiste malo igual también se lo sabe. Éste es de Carmen Calvo. Que no es humorista pero a veces lo parece. 'Saben aquel que diu' que una vicepresidenta del gobierno ve en internet un chiste lúgubre sobre su jefe y levanta de inmediato el teléfono para hablar con la ministra de Justicia y ordenarle que informe (de inmediato también) a la fiscalía general del Estado para que se ocupe del chiste, del chistoso y, sobre todo, del partido que lo ha retuiteado, no vaya a ser que haya incurrido alguno de ellos en un delito. ¿Cómo que por qué? Por desear la muerte. No, al niño no. Al niño lo han dejado fuera de las posibles acciones penales.

Está claro que el humor no tiene límites. En la Moncloa, por lo menos.

Señora Segarra, fiscal general del Estado con autonomía, independencia y todo eso que se le supone, ya está usted dejando todo lo que tenga entre manos para estudiarse el vídeo de youtube y encargar una pericial o algo. No le vaya a parecer a la vicepresidenta que es usted tibia con los posibles delincuentes. Es verdad que es usted la misma fiscal que, con magnífico criterio, ha dado instrucciones a sus subordinados para que, a ser posible, no anden pidiendo el procesamiento de todos los chistosos y/o raperos que, en twitter, hacen broma con la muerte de alguien. Pero ha de entender usted que éste es un caso distinto. Por lo menos es distinto para el equipo del presidente Sánchez, que el sábado puso toda la maquinaria en marcha para que los medios nos enterásemos del retuit del PP y nos escandalizásemos tanto como él. Entienda usted que lo del chiste es lo de menos. O que el autor se haya disculpado con Sánchez. O que el PP se haya disculpado por torpe. Lo importante es que usted finja que el asunto tiene trascendencia y que se han superado todos los límites de lo permisible. Porque la política en España, y dónde no, funciona ya de esta manera, usted lo sabe. No importa tanto lo que hay como la vehemencia, los aspavientos, la gestualidad (que diría Carmen Calvo) que uno le ponga para engordar lo que no hay. Y aquí no hay. Lo sabe la vicepresidenta, lo sabe el jefe de gabinete y lo sabe el secretario de Estado. Hoy no, porque es fiesta en Madrid, pero mañana ya, venga, a trabajar.

También iba a ponerle Sánchez unas querellas a los diarios que le acusaron de plagiar su tesis y las querellas nunca llegaron.

Bueno, en el horizonte inmediato ya saben ustedes lo que tenemos: el primer gobierno no socialista en la historia de Andalucía (esto hace dos meses nos habría parecido imposible); el intento de Sánchez de rentabilizar su cortejo a los independentistas consiguiendo que le apoyen los Presupuestos (esto sigue pareciendo hoy inviable); y el comienzo del juicio al gobierno anterior de Cataluña por intentar tumbar la Constitución y el Estatuto (gobierno anterior que es el que sigue moviendo los hilos del gobierno autonómico de ahora, como se encargan de acreditar cada día el recadero Torra y el delegado de Junqueras, señor Aragonés). Gobierno andaluz, trámite de Presupuestos y juicio por rebelión. Ya veremos en qué orden.

En la agenda de Moreno Bonilla el día reservado para su investidura venía siendo el miércoles de la próxima semana, que es dieciséis. Depende, como su propia investidura, de que Santiago Abascal le bendiga y confirme sus doce votos favorables. En la noche de las elecciones estaban muy eufóricos los de Vox y muy decididos a hacer presidente a Bonilla, sin condiciones porque el pueblo había votado cambio y lo primordial era acabar con el régimen socialista y parar los pies a los bolivarianos y todo aquello que con tanto entusiasmo proclamaban. Pero un mes después le han cogido gusto a ponerse en valor, que dicen los modernos, y que viene a ser la forma elegante de decir ponerse precio. Primero reclamaron foto del PP tratándoles de igual a igual (y la tuvieron); después silla en la mesa del Parlamento andaluz (y la tienen); y ya metidos en faena, y viendo lo rentable que resulta (para que hablen de ti) ponerse estupendo y exigir una negociación en toda regla, han exigido un contrato por escrito con el PP y que Casado se desdiga de uno de los puntos que tiene ya firmados con Ciudadanos: la aplicación con presupuesto suficiente de todas las medidas contra la violencia de género de la ley andaluza aprobada el año pasado.

Vox presume de ser muy claro y muy claramente ha dicho que si ese punto del acuerdo permanece, no apoyará la investidura. Cuestión de principios, dicen. Pero…todo indica que va a ser Vox quien tenga que envainársela porque si esa es la condición, ni Ciudadanos ni el PP van a tragar con ella. Una cosa es que tengas doce diputados y otra que puedas obligar a quien tiene 47 a asumir tu programa electoral incluso en aquello que va contra quienes suman bastante más que tú. Cuatrocientos mil andaluces pueden estar conformes con que esa ley se deshaga y el presupuesto contra violencia de género se reduzca (así debe de interpretarlo Vox), pero hay tres millones trescientos mil andaluces que votaron a los otros partidos, los que aprobaron esa ley y se han comprometido a desarrollarla, entre ellos, claro, los votantes del PP y de Ciudadanos. Tener la llave de una investidura no significa que puedas obligar a los otros partidos a traicionar el compromiso que asumieron con sus votantes. Eso debe tenerlo presente quien negocia a la hora de ponerse precio. No vaya a ser que el precio sea tan inasumible como desnortado. Así se lo están recomendado ya a Vox algunos de los comentaristas políticos por los que más devoción sienten sus líderes: bajarse ya de esta burra.

Mañana vuelve a reunirse el señor Garcia Egea —como anunció el viernes aquí— con Ortega Smith. Número dos del PP y número dos de Vox. Veremos cuánto hay de negociación real y cuánto de paripé. Veremos quién cede, y en qué. Y veremos si, mateniéndose íntegro el acuerdo ya firmado entre Rivera y Casado no acaba invistiendo Vox a un presidente andaluz comprometido con el desarrollo de todas y cada una de las medidas previstas en la ley andaluza contra la violencia de género. Ésta es, en efecto, una cuestión de principios.