Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar, recoger datos estadísticos y mostrarle publicidad relevante. Si continúa navegando, está aceptando su uso. Puede obtener más información o cambiar la configuración en política de cookies.

Disfruta de la app de Onda Cero en tu móvil.

EL BLOG DE ALSINA

Hoy las noticias hablan de nosotros

Les voy a decir una cosa.

Hoy las noticias hablan de nosotros. De usted y de mí. De ti, que estás en el coche conduciendo a casa. De ti, que ya estás en casa, preparando el baño de los críos. De ti, que estás a punto de salir, porque has quedado. Y de ti, que pasarás la noche solo, echándole un ojo a la tele, o terminando ese libro que te ha enganchado y que ya es el cuarto que te lees este mes porque ahora te sobra el tiempo libre; y te estorba tanto tiempo libre.

Carlos Alsina  | Madrid  | Actualizado el 19/07/2018 a las 10:19 horas

Ciudadanos hacen cola en la puerta de una oficina de empleo

Ciudadanos hacen cola en la puerta de una oficina de empleo / EFE

Hoy las noticias hablan de nosotros porque uno de cada cuatro de nosotros no tiene empleo. Tal vez tú eres, como yo, de los tres que sí tenemos. O tal vez eres el uno de los cuatro que no lo tiene y que, un día tras otro día tras otro día, lo sigue buscando. Tal vez eres uno de los 85.000 que se ha quedado sin trabajo en julio, agosto o septiembre, estos 85.000 nuevos parados que ha sumado la Encuesta de Población Activa, la EPA, a los más de cinco millones y medio que ya teníamos.

Habrás vuelto, entonces, a actualizar el currículum, a enviarlo a decenas de empresas que, con suerte, te habrán contestado con un “gracias por su interés, nos quedamos con sus datos por si en un futuro surgiera alguna oportunidad”, y que, en la mayoría de los casos, ni siquiera te habrán hecho llegar un acuse de recibo, es posible que, en algunos casos, porque esa empresa a la que escribiste ya cerró, incapaz de sobrevivir a la falsa de demanda para sus productos y asfixiada por los créditos que van venciendo -que no se renuevan- y los pagos a la administración, que no se perdonan.  Habrás vuelto a navegar por los portales de empleo con el ratón en una mano  mientras cruzas los dedos de la otra a ver si eso ayuda a que aparezca alguna oferta, no ya que encaje en tu experiencia profesional o tu preparación académica, sino simplemente que aparezca, que haya alguna oferta de empleo.

Probablemente has estado mirando propuestas de empleo en otro país, poniendo en Google el nombre de esa ciudad que no te suena de nada, informándote de cómo es la vida allí, echando cuentas de por cuánto te saldría el viaje y la residencia; a lo mejor ya has hablado con tu pareja sobre qué hacer en esta situación: irnos los dos con los niños es mucho lío, mejor me voy yo solo, me instalo, me coloco, me asiento, te voy enviando dinero, vamos ahorrando y luego ya vemos. Si os venís para allá o la cosa en España mejora y me puedo volver.

Españoles emigrantes, para los que ha grabado Juan Valderrama una versión de hoy de la canción que su padre convirtió en himno de los españoles que marcharan a ganarse la vida fuera. Si eres el uno de cada cuatro que o encuentran un trabajo en España, te consolará poco que las autoridades hurguen en los datos que hoy se han conocido para encontrar algún indicio de que este erial en que se ha convertido la oferta de empleo tiene fecha de caducidad; te sonará a lluvia sobre mojado esto de “lo peor ya va quedando atrás y en el primer trimestre de 2013 terminaremos de tocar fondo para remontar desde ahí en adelante”. Si eres de los tres de cuatro que sí tenemos empleo, dudo que tampoco te sirvan esas valoraciones o estimaciones como consuelo, porque el paro, como pone en evidencia cada tres meses la EPA desde hace ya muchos años, es un problema -un desastre sin atenuantes, un fracaso colectivo- que nos afecta a todos.

A estas alturas es bien difícil encontrar a un ciudadano de aquí que no tenga algún parado en la familia, o en la comunidad de vecinos, si es que no lo está él mismo. Estas cinco millones y casi ochocientas mil personas que son anónimas sólo para las estadísticas oficiales y algunos de cuyos nombres usted y yo conocemos.

El paro no era de Zapatero, o ahora de Rajoy, no es de la CEOE o de Méndez y Toxo. Ellos aportan recetas, intercambian opiniones sobre si el remedio se llama inversión pública (aún a costa de endeudar más el Estado) o se llama saneamiento previo, ajuste de la economía para empezar a remontar después de hacerlo (aún a costa del coste social y presupuestario que tiene el incremento del desempleo). El paro es una avería de país, la prueba monstruosa de lo mal preparada que estaba nuestra sociedad -y nuestra economía- para afrontar una etapa de recesión que ha castigado todos los países de Europa pero que sólo en el nuestro se ha traducido en una tasa de paro del 25 % de la población activa. Que trae consigo menos ingresos para el Estado y más gastos en prestaciones sin las que millones de personas no podrían mantenerse a flote. Y que trae consigo la desconfianza de quienes han de prestarnos dinero fuera sobre nuestra capacidad real de seguir pagando religiosamente los bonos. Casi cinco años después de que empezaran a percibirse los primeros signos de que la oferta laboral caía, el número de parados está más cerca ya de los seis millones que de los cinco. Aquel “ruidito en el motor” que empezamos a escuchar a finales de 2007 se acabó convirtiendo en una “avería de caballo”. Por eso hoy las noticias hablan de nosotros.

Y hoy las noticias hablan también de ti, que dedicas unas cuantas horas de tu tiempo -de tu vida- a echar una mano a los demás, al voluntariado. Hoy que la Cruz Roja ha recibido en Oviedo el Príncipe de Asturias de Cooperación; hoy que los Bancos de Alimentos han sido distinguidos con el de la Concordia; hoy que Cáritas ha celebrado los veinte millones de euros donados por Amancio Ortega; hoy es el día de hacerte protagonista a ti, miembro de este grupo -no constituido formalmente- de los voluntarios anónimos que formáis personas de edades muy variadas, unos ya jubilados, otros aún estudiando, de oficios y carreras muy diversas y con circunstancias personales también distintas.

Si celebrárais reuniones de grupo os iríais levantando uno por uno a contar vuestra historia. “Soy Manuel y estoy en Cruz Roja Motril”. ”Soy Laura, echo una mano en Cáritas Tarragona”. ”Me llamo Alonso y colaboro en el Banco de Alimentos de Vigo”. Ni la Cruz Roja, ni Cáritas, ni los Bancos de Alimentos -ni otras muchas ONGs- podrían hacer el trabajo que están haciendo si no existieran estos miles de voluntarios  como tú, que ahora estás en un centro de la Cruz Roja preparándote para hacer guardia, a ti que acabas de llegar a casa -y estás preparando el baño de los niños- después de atender esta tarde el comedor social de Cáritas, o de ti, que hoy te acostarás pronto -terminado el libro que te ha enganchado- porque madrugarás mañana para ir a organizar carritos en el Banco de Alimentos. Hoy las noticias hablan de vosotros.