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EL BLOG DE ALSINA

En Halloween tenia que ser cuando Carme Chacón volviera de la tumba

Les voy a decir una cosa.

Que tienen razón los del sector crítico. Que esta liturgia no la hemos inventado nosotros. No forma parte de nuestra tradición, dicen, con tono de reproche, los anti Halloween.

Carlos Alsina | Madrid | 31/10/2012

Carme Chacón en Onda Cero

Carme Chacón en Onda Cero / ondacero.es

Esto de llenar la casa de calabazas y velas, de enchufarse en sesión continúa películas de pasar miedo, de disfrazar a los críos y enviarlos de puerta en puerta a ver qué rascan, esto no ha sido nunca una costumbre española. Acostumbran a ser, los integrantes del sector crítico, los mismos que se resistieron a poner un abeto con las bolas colgando en el salón de casa, los mismos que expulsarían a Santa Claus si lo encontraran embutido en su chimenea (por ajeno) y los mismos que aún se resisten a aceptar que a los niños les guste más la hamburguesa, los espaguetis y la pizza que un buen caldero de legumbres y unas judías verdes con jamón. Halloween es una fiesta extranjera. Si hoy sacas disfrazado al niño ¡te has rendido a la invasión cultural de esta gente de fuera! ¿Qué será lo próximo que hagas, cambiar el dominó por la ouija? Esta resistencia numantina que exhiben muchos compatriotas para no dejarse seducir por costumbres y aficiones importadas es una de las cosas más simpáticas que se producen en noches como ésta de hoy, noche de brujas.

-   Esta fiesta no tiene nada que ver con nosotros”, exclaman en el bar, “es una cosa americana.

-   ¿Qué te pongo?-pregunta el camarero.

-   Ah, ponme una coca cola.

Repudian la asimilación de tradiciones foráneas como si el día de la madre o la fiesta del trabajo la hubiéramos inventado aquí, como si Batman y Superman --cuyas películas arrasan- formaran parte de nuestras raíces más hondas, como si las doce uvas de Nochevieja se hubieran tomado ya en tiempos de los visigodos. Las sociedades modernas van incorporando celebraciones nuevas, son permeables a costumbres y hábitos de otros países.

Aquí no había costumbre del truco o trato hasta que ha empezado a haberlo. Tampoco había multicines ni mega centros comerciales hasta que empezaron a abrirse y, oh cielos, ¡nos gustaron! La celebración de la muerte no es tan ajena a nuestra cultura después de todo. Tú llamas al ministro Wert y te españoliza Halloween en dos patadas. No se engañe el sector crítico: de fantasmas, metemiedos y almas en pena hemos estado siempre muy sobrados en España.

En esta noche de Halloween, que es como carnaval pero con bandas de niños aporreando tu puerta justo cuando estás a punto de meterte en el baño, el disfraz de Ecce Homo de Borja ha triunfado en nuestro país -y eso que para confeccionarlo con solvencia hay que tener el talento de doña Cecilia- mientras que en Estados Unidos se lleva mucho el de Caponata o Abelardo Montoya, que son los nombres hispanos que recibió Big Bird, el Paco Pico al que Romney y Obama han metido en campaña.

En México, donde son más del Día de Muertos, han reforzado la seguridad en la capital por temor a incidentes violentos a la salida de las fiestas. Es decir, por temor a que haya todavía más muertos que un fin de semana corriente. Problema que no se da en Venezuela (veinte mil homicidios al año) porque halloween, en el país de Hugo Chávez, está proscrito. En los hoteles estatales está prohibido promocionar esta fiesta porque promueve valores neocolonizadores, según la explicación del gobierno. Pudiendo disfrutar de un discurso de Chávez qué necesidad tienes de la noche de brujas.

Los mexicanos que residen en Madrid, en Huelva y en otras ciudades españolas, se animan cada año a mostrarnos cómo es su tradición del día de muertos. Con altares a los difuntos, fotos de los antepasados fallecidos y calaveras decoradas a modo de adorno, las calacas, la muerte. Los niños que patean los barrios no ofrecen trato o truco, dulce o susto, caramelo o travesura, sino que piden “calaverita”, un regalo, una golosina.

Los niños piden calaverita y los adultos componen calaveritas. Que no son figuritas de Pachi Vázquez sino epitafios en honor de personas que, en realidad, aún están vidas. O sea, sí es lo de Pachi Vázquez. En el PSOE hay gente con prisa en certificar la defunción de líderes caídos (Caamaño y Blanco han metido la directa en Galicia) y hay gente que, sin declarar su deseo de enterrar a nadie, empiezan a arañar educadamente la tierra para ir haciendo el hoyo. En Halloween tenia que ser cuando Carme Chacón volviera de la tumba, fresca como una rosa, sin pasado, hambrienta de futuro, para proclamar su rechazo a la independencia de Cataluña, a los planteamientos de Mas y a los errores que han cometido los populares. Carme Chacón es del PSC, es el PSC -un partido distinto del PSOE, como diría Rubalcaba-, pero sus ambiciones políticas no están en el PSC y no están en Cataluña.

Al cabo de ocho meses de sepulcral silencio en los que ha pasado por el Congreso de los Diputados como un espíritu invisible que no hablaba ni con Anne Germain, rompe ahora en elocuencia por el mismo motivo por el que antes calló: cálculo de oportunidades, rentabilidades futuras. Rompe su silencio sin alcanzar a explicar a qué se ha debido éste. Dice Chacón que “Cataluña y España pasan por un momento de gravedad extrema” y que por eso hay que hablar y hacerlo con la máxima claridad. Bien está que se hable y que se haga claro, pero ha tenido la diputada en Cortes semanas y semanas para hablar antes de hoy y, sin embargo, no lo ha hecho. Lo hace ahora que el PSOE se la pegó en Galicia y en el País Vasco, ahora que el sillón de Pérez Rubalcaba cojea y ahora que se revisan calendarios para anticipar las primarias.

La situación en Cataluña reclama tomar postura y hacerlo con claridad, pero no es ésa la razón que mueve a Chacón a desanudar la lengua. Es su carrera política fuera de Cataluña lo que anima su salida a escena. Paradójicamente, la frase que El Mundo elige para portada, “Soy rotunda y radicalmente contraria a la independencia” es, como ella misma explica en la segunda respuesta, la misma frase que anteayer pronunció Pere Navarro, el máximo responsable de su partido, el PSC. “Somos clara y rotundamente contrarios a la independencia”, dijo el señor Navarro, sin que nadie le alabara ni la claridad ni la contundencia. No es en este punto, por tanto, donde Chacón aporta algo diferente a lo que está defendiendo su candidato en las autonómicas. Es en el asunto del referéndum.

El PSC es contrario a la independencia pero favorable a que se consulte a la sociedad catalana. A Chacón, cuando se le pregunta por el referéndum, no le sale la misma rotundidad y claridad que en lo otro. Declara que es prematuro plantearse nuevos pasos sin actualizar primero la Constitución para hacer de España un estado federal. Se entiende que lo del derecho a decidir que defiende su partido no lo comparte, y está en su derecho (y casi en su obligación) de decirlo, si es así -su intervención de hoy le ha reportado encendidos aplausos de muchos comentaristas- pero se entiende también que a la dirección de su partido, que es el PSC, en vísperas de la campaña electoral, le parezca un golpe bajo, una deslealtad. En alguien que anunció, una vez, su retirada de la carrera de las primarias por lealtad al partido, precisamente, aunque era el otro partido, el PSOE, el que no es el PSC. Chacón abre la puerta a su aspiración de lideresa nacional cerrándose las puertas del partido al que todavía pertenece. Un partido, ella lo sabe, abocado a un tortazo electoral