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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "El coronavirus no es como una gripe y no es banal"

No a la alarma exagerada, pero tampoco banalicemos lo que tenemos entre manos. El miércoles lo comentábamos aquí a esta misma hora: no vayamos a pasar de pecar por exceso a pecar por defecto, repitiendo como papagayos que el coronavirus éste no pasa de ser una gripe como la de todos los años y poniéndonos estupendos para seguir propagando el dato falso, o erróneo, de que la gripe común mata más que el coronavirus.

Carlos Alsina
  Madrid | 28/02/2020

No es como una gripe y no es banal. Lo subrayó ayer el doctor Simón, la cara visible de la Sanidad española contra el coronavirus. El nivel de letalidad que ahora tiene está en torno al tres por ciento. Que significa que lo más común es que quien se contagia del virus salga perfectamente adelante, pero que tres de cada cien contagiados no lo hace. Razón de más, sabiendo que es un virus más contagioso que otros y que tarda más en dar la cara, para dedicar todo el esfuerzo a que se contagie el menor número de personas que podamos.

Cada día que pasa el virus está presente en más países y cada día que pasa aumentará el número de infectados en España. Tiene ya poco sentido anunciar en los medios, como si fuera una competición entre provincias, y como si tuviera una relevancia máxima, dónde ha surgido el último caso. Porque si hoy tenemos veintitrés, lo normal es que mañana tengamos más y que los haya de todas las edades. Sabiendo, porque esto también lo sabemos, que a mayor edad más pro-babilidad de desarrollar una neumonía grave. Y por tanto, más probabilidad (aun siendo baja) de llegar al peor escenario, que es la muerte.

Los médicos que estuvieron aquí el miércoles subrayaron una cosa que cobra más sentido cada día que pasa: atacar una pandemia incluye ir adelantándose a lo que está por venir. Y eso afecta también a la información: vayámonos haciendo a la idea de que, cuantos más casos de infectados, más probabilidad hay de que se produzca algún fallecimiento por coronavirus en España. Y eso no significará ni que el virus se ha vuelto más mortal ni que están fracasando los protocolos preventivos. Significará que de no aplicarse esos protocolos (aislamientos y teletrabajo incluidos) en lugar de 82.000 infectados en todo el mundo tendríamos trescientos mil y, por consiguiente, en lugar de tres mil muertos habría nueve mil. Que en comparación con otras enfermedades serán pocos pero que si podemos evitarlos, ¿verdad?, pues mucho mejor.

Cuantos menos enfermos haya y menos dure la enfermedad, menos tiempo estarán renqueando las bolsas de todo el mundo. El sistema inmulógico de la economía mundial se ha demostrado bastante flojo.

Cuando Carmen Calvo tiene razón hay que dársela. Y esta semana acumula motivos. Tan indiscutible es esto que proclamó el martes...como esto otro que expuso, con idéntica solidez, en el día de ayer.

Son españoles y hace bien la vicepresidenta en afirmarlo. Si son españoles, pues se dice y punto. Y si se trata de arreglar los problemas que tenemos los españoles entre nosotros, pues se sienta uno a dialogar para normalizar las relaciones afectivas, como dice la señora Montero. Lo que pasa, sin ánimo de rebatir a la vicepresidenta porque sus afirmaciones son irrebatibles, es que ni ella ni Sánchez se sientan a negociar con Junqueras porque sea español. Ni siquiera porque quiera dejar de serlo.

Se sienta a negociar con Junqueras (no con Torra, que en esto es una anécdota) para impedir que vuelva a la carga como en 2017. (Y porque necesitan sus votos en el Congreso, eso también). Pero incluso dándole un voto de confianza al go-bierno y presumiendo que en lo más hondo de su plan para España anida la voluntad sincera de conseguir que esta negociación resuelva la cuestión catalana, incluso así habrá que admitir que se sienta a negociar con Junqueras porque Junqueras ya demostró el destrozo que puede hacerle al Estado utilizando las instituciones catalanas para intentar arrasar con los derechos de quienes no son independentistas, en Cataluña y en el resto de España.

Se sienta a negociar con Junqueras no porque haya un conflicto entre Cataluña y España ---como repica la gota malaya indepe--, sino porque una parte de Cataluña, encabezada por sus líderes, ha querido convertido en conflicto su frustración por no poder convencer al resto de los ciudadanos de que trague con la autodeterminación.

Puestos a llamarlo conflicto, como dijo ayer Felipe González, habrá que decirlo en plural, los conflictos. Y habrá que empezar por tener claro quién los ha provocado. Incluso discrepando de la mesa, Felipe dijo que él quiere desdramatizar. Ponerse dramático o apocalíptico suele ser menos útil que explicar qué es posible que acabe sucediendo.

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