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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "En el Congreso en ocasiones acuerdan algo, como la pensión de los huérfanos de violencia de género"

La historia de Joshua Alonso Mateo, que es la historia de su hermano pequeño, que es la historia de Sesé —su madre asesinada—, la escuchamos a esta misma hora, aquí, en su voz, hace casi un año.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  22/02/2019

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La explosión en la casa de Chapela, Pontevedra. Los dos cuerpos que encontraron los bomberos: el de la madre y el de su pareja, Emilio, el hombre que abrió el gas y encendió el fuego. El hombre que mató a la madre de Joshua y le dejó huérfano de madre a él y huérfano de madre y de padre a un niño de nueve años del que Joshua tuvo que hacerse cargo.

Escuchamos aquí su historia porque había acudido al Senado él a contarla. Para dejar, al menos, estos dos mensajes: que el interés que la sociedad demuestra por un caso de violencia de género cuando acaba de producirse dura poco; y que no es interés lo que necesitan los huérfanos, sino ayuda.

Contó este joven que la pensión de orfandad que le correspondía a su hermano, como menor de edad víctima de la violencia de género, no llegaba a los doscientos euros. Y contó, segundo mensaje, que en su caso habían sido los vecinos de Chapela los que habían hecho posible que saliera adelante ante la pasividad de los representantes políticos.

Y entonces, ¿para qué están?

Bueno, no es verdad que sólo haya bronca, postuero, vedettismo y sobreactuación en el Congreso de los Diputados. En ocasiones, los partidos acuerdan algo. Todos a la vez. Todos conformes. Todos persuadidos de que hay que corregir algo.

En el Congreso se terminó de reformar ayer la pensión de orfandad de los huérfanos de violencia de género. Y se aprobó la reforma. En cuanto el BOE lo publique, la pensión a que tienen derecho los hijos de mujeres asesinadas por sus parejas será de mínimo de 600 euros. Y tendrán derecho a recibir esa pensión, y esa subida, los huérfanos que lo son desde el año 2004 siempre que fueran menores de 21 años cuando mataron a sus madres. Tendrá derecho a la subida el hermano de Joshua y los otros críos que, como él, se han quedado sin madre y, en muchos casos, tienen a un padre cumpliendo condena por haberla matado.

Ésta no ha sido una legislatura de muchas reformas y aún menos de muchos consensos. Pero esta reforma sí lo ha tenido. Y bien está que lo subrayemos.

Hubo acuerdo también ayer de todos los grupos en reprocharle al nuevo senador Francisco Javier Alcaraz, el primero que tiene Vox, el estreno que ha tenido. No queriendo votar ninguna de las iniciativas que se debatían pero boicoteando una declaración institucional contra la discriminación por orientación sexual en el deporte.

Adriana Lastra, PSOE, no resistió la tentación de atribuir al PP y Ciudadanos la responsabilidad de que Vox tenga un senador. En realidad, y como ella sabe, Vox tiene un senador porque obtuvo doscientos mil votos y doce diputados en el Parlamento andaluz y la ley exige que los senadores por designación autonómica reflejen fielmente la composición del parlamento que los designa. Lo contrario sería una especie de cordón sanitario contrario a la norma.

La huelga convocada en Cataluña contra el Tribunal Supremo fue un fracaso memorable, pero permitió comprobar de nuevo lo que los exaltados agitadores y saboteadores que movilizan los CDR entienden por tolerancia, democracia, libertad de información y, si me apuran, educación primaria. Cortando los cables a los equipos de televisión, voceando sus aburridas consignas de fondo, intentando que quienes sí trabajan no puedan hacerlo.

Ésta es la movilización serena y democrática de la República de las Sonrisas. El diálogo en versión fanático-separatista.

Las manifestaciones flojean y la pretensión aquella de mantener la presión en la calle contra el tribunal que juzga a Junqueras y los demás ha naufragado. El juicio en el Supremo sigue adelante sin sobresaltos y metido ya en una cierta rutina. Los fiscales pusieron el foco ayer en la concentración multitudinaria que se produjo a la puerta de la consejería de Economía cuando la policía judicial realizaba allí dentro un registro. Una concentración convocada para entorpecer la acción judicial y en la que seis vehículos de la guardia civil resultaron dañados. Jordi Sánchez, promotor desde la ANC de las manifestaciones de entonces, dice que no se le puede llamar ni alzamiento ni tumulto.

Jordi Sánchez tampoco sabe quién compró las urnas chinas, quién las pagó, quién montó la logística para el escrutinio aquel tan solemne. Jordi no sabe gran cosa. Quién diría que era uno de los asistentes fijos al puente de mando de Puigdemont. Sin ser consejero, sin ser diputado, sin ser nada, iba y venía por el Palau de la Generalitat como Jordi por su casa.

Este fin de semana anuncia visita a Waterloo Inés Arrimadas, a decirle a Puigdemont lo que él ya sabe: que no es presidente de nada, que la República no existe y que no existe tampoco el Consejo para la República ni las otras pamemas que él se ha inventado. Sabiendo lo que hicieron los independentistas el domingo pasado en Amer, desinfectar tras la visita de Ciudadanos…

podemos imaginar lo que hará Puigdemont. Ponerse la mascarilla, agarrar el zotal, y ponerse a desinfectar no sólo la puerta de su mansión sino todo el barrio.