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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Clima de estupor, dolor y rabia en Nueva Zelanda tras el doble atentado"

Especialmente trágico en Nueva Zelanda, un país habitualmente tranquilo. Han pasado tres décadas han pasado de la última masacre que se vivió en el país. Entonces, un vecino asesinó a trece personas en la localidad de Aramoana. Una generación después, los neozelandeses mantienen el aliento por lo sucedido esta madrugada.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  15/03/2019

Al menos un hombre, con un arma automática, ha entrado en dos mezquitas de la ciudad de Christchurch ataviado con gafas, casco y chaqueta militar y ha empezado a disparar contra los que allí había, mientras lo transmitía por Facebook Live.

Los que han salvado la vida porque no habían llegado a entrar en las mezquitas narran la situación. Gente gritando mientras intentaba huir, personas ensangrentadas pidiendo ayuda entre cadáveres.

Al comienzo de este programa hemos podido hablar con Javier García Perea un español que reside en Christchurch. Nos ha contado que a esta hora los que allí viven lo hacen entre un clima de rabia, desolación y silencio.

La primera ministra del país, Jacinda Ardern, define lo ocurrido como uno de los días más tristes en la historia neozelandesa.

La policía sigue buscando más explosivos porque ya ha tenido que detonar de forma controlada algunas bombas que habías sido adheridas a algunos vehículos en los alrededores de las mezquitas.

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Mucha sorpresa sería que los gobiernos de los veintisiete países que no tenemos intención de irnos de la Unión le negaran al gobierno británico la posibilidad de aplazar la consumación del divorcio. De momento ya tiene la señora May la encomienda de su Parlamento para solicitar el retraso.

Ahora tendrán que reunirse los jefes de Estado y de gobierno para votar si se permite la suspensión o no. Lo probable es que requieran a la primera ministra para que aclare qué piensa hacer con ese tiempo extra: si intentar por enésima vez que los diputados le aprueben el acuerdo de salida ya firmado, si convocar a los británicos a las urnas, o si what the hell pretende hacer con su vida.

Comienza un día tormentoso para Carlos Torres. ¿Este señor quién es?, se pregunta usted con la legaña todavía pegada al ojo. Carlos Torres es el presidente del BBVA, principalísima entidad bancaria de nuestro país que hoy reúne a sus accionistas para pasar revista a la situación de la compañía. En la víspera se anunció ayer el apartamiento de quien ha sido el máximo ejecutivo los últimos veinte años, Francisco González, de la presidencia de honor.

Antes de terminar 2018 ya pasó el testigo González a Torres, pero después de eso han trascendido las grabaciones de Villarejo en la que alude al jefe de seguridad de entonces del BBVA y a los encargos que éste le habría hecho, con el visto bueno del presidente, para espiar a Miguel Sebastián, el ex empleado de la entidad que desde la Oficina Económica de Zapatero alentó la operación Sacyr para descabalgar a Francisco González. Dieciséis años después del choque protagonizaron González y Sebastián, el segundo ha denunciado es espionaje en el juzgado y el primero ha quedado fuera de la primera línea. Se anuncia Junta de Accionistas convulsa porque los críticos de FG piensan tomar la palabra. Y esta medida preventiva de ayer, la suspensión de militancia (digo de presidencia honorífica) busca rebajar el grado de hostilidad pero no parece que vaya a conseguir neutralizarlo del todo.

En el ámbito político también hay gente neutralizada. En el PSOE. Llegó el momento de rematar las listas para las elecciones que vienen y Pedro Sánchez sacó ayer la guillotina. Quienes fueron a por él en los tiempos del no es no pagan ahora el precio de haberse equivocado de caballo. De la lista europea desaparece quien la encabezó hace cinco años, Elena Valenciano, la última superviviente del rubalcabismo. Se tambalea José Blanco, mentor de Sánchez hace tropecientos años pero susanista, como su jefe Zapatero, hace dos años. Todo el fervor pedrista que exageró el señor Blanco estos últimos meses no le asegura mantener el sillón. Pedro no paga desertores.

En Aragón le ha rehecho las listas a Lambán para deshacerse de Urquizu. Y en Andalucía se las ha deshecho a Susana. No se molesta Ferraz en disimular que aquí la voz de la militancia vale lo que vale, que es poco.

El comisario Trapero, procesado él mismo por rebelión, descargó ayer toda la responsabilidad del referéndum ilícito del primero de octubre en el gobierno autonómico describiéndose a sí mismo, y a los mossos de esquadra que él dirigía, como el más leal de los cuerpos a la Constitución y a los tribunales. La tesis del comisario es que él hizo cuanto pudo para que ese referéndum no se celebrara y en ningún caso contribuyó, con su pasividad, a que se consumara. Los mossos de esquadra, dice él, siempre fueron leales y cumplidores con la orden judicial para impedirlo. Y hasta qué punto llegaron a serlo que, cuenta Trapero, él tenía listo un dispositivo para detener a Puigdemont y los consejeros antes incluso de que la fiscalía hubiera denunciado a nadie y antes incluso de que se hubiera proclamado la Independencia. Porque él, sabiendo de la gravedad de lo que estaba haciendo el gobierno, llamó al Tribunal Superior para ponerse a su disposición el 27 de octubre por si había que ir a detener a alguien.

Escuchando al Trapero de ayer, cuesta creer que el independentismo llegara a coronarle como uno de sus héroes. No se vio mando policial más crítico con el proceso que promovían sus jefes políticos, más persuadido del conflicto social que se estaba generando y más dispuesto a meter al 'molt honorable president' en el calabozo. Le corresponde, claro, al tribunal juzgador valorar el crédito que le merece cada testigo —tanto Trapero como el coronel Pérez de los Cobos— para establecer si los mossos fueron sólo ineptos a la hora de hacer cumplir la suspensión del referéndum o fueron parte del aparato utilizado para intentar tumbar la Constitución.