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El Blog de Alsina

A Bolinaga le interesa saber dónde va a dormir a partir de ahora

Les voy a decir una cosa. Si Rajoy se ha enterado de lo de Santorini, habrá pensado que, para bolsa gigante de magma, la suya. En Grecia, donde los ciudadanos se han hecho todos ya devotos de la ley de Murphy (todo lo que pueda ir mal, irá peor), temen ahora que se despierte el volcán que hace tres mil años cambió la fisonomía de la isla. Lo que nos faltaba, que dejen de venir turistas, se lamentan los comerciantes, tras publicarse los primeros datos científicos que acreditan que ahí abajo está pasando algo.

Carlos Alsina | Madrid | 12/09/2012

Bolinaga en el hospital donde es tratado de su cáncer

Bolinaga en el hospital donde es tratado de su cáncer / antena3.com

Les voy a decir una cosa.

Si Rajoy se ha enterado de lo de Santorini, habrá pensado que, para bolsa gigante de magma, la suya. En Grecia, donde los ciudadanos se han hecho todos ya devotos de la ley de Murphy (todo lo que pueda ir mal, irá peor), temen ahora que se despierte el volcán que hace tres mil años cambió la fisonomía de la isla. Lo que nos faltaba, que dejen de venir turistas, se lamentan los comerciantes, tras publicarse los primeros datos científicos que acreditan que ahí abajo está pasando algo.

Se está hinchando un gran globo de magma que está elevando las islas quince centímetros al año. “Para globo, el mío”, dice Rajoy, que a la recesión, la prima y el rescate, no para de sumar otros epígrafes a su relación diaria de frentes abiertos, o como diría el presidente, de líos varios. Con razón dijo el presidente aquella vez: “Vivo en el lío”. Interesante, porque se lo dijo a Artur Mas el día que lo recibió en la Moncloa hace ahora siete meses. “¿Qué tal?”, preguntó Mas. “Pues ya me ves”, dijo Rajoy, “vivo en el lío”. “Yo también”, respondió Mas, “yo también”. Y a los dos se les olvidó añadir: “y lo que te rondaré, morena”. Cabe pensar que a Rajoy, en cuanto le hablan de Artur Mas la palabra que le viene a la cabeza es “lío”, y razones seguramente no le faltan. Pero como lo de Mas no es lo único que se le ha cruzado al presidente en su esquemática hoja de ruta (que todo lo que dice es estamos aquí y tenemos que llegar aquí, estamos en septiembre con el déficit público por encima ya del compromiso para todo el año y tenemos que llegar a diciembre con el 6,3 % máximo), tiene también el presidente entre los fregaos imprevistos lo de Bolinaga, el etarra con cáncer que pesa 47 kilos. Más allá de la tormenta interna que el caso ha desatado dentro del partido que gobierna, al tal Bolinaga lo único que hoy le interesaba era saber dónde va a dormir a partir de ahora, si en su casa o en un centro de internamiento. O por decirlo en términos penitenciarios, si lo suyo es libertad condicional o sólo tercer grado.

Cinco jueces de la Audiencia Nacional han resuelto esta tarde el recurso que presentó a la fiscalía. ¿Se acuerdan que el fiscal Zaragoza hizo un escrito en el que ponía a caer de un burro al juez de vigilancia penitenciaria por ocultarle el informe médico en que basaba la concesión de la libertad condicionada? Pues sobre ese recurso se tiene que pronunciar hoy la sección correspondiente de la Audiencia Nacional. Previamente, la forense ha reiterado en su informe que Bolinaga no está en fase terminal y que el empeoramiento en su estado es consecuencia de los efectos secundarios del tratamiento.

Este informe de la forense no ha servido para cambiar la decisión que en su día tomó el juez de vigilancia penitenciaria. La noticia es que la sección de la Audiencia Nacional que ha estudiado el asunto rechaza el recurso de la Fiscalía y por tanto confirma la libertad condicional del etarra Bolinaga. Cinco jueces han tomado la decisión por cuatro a uno; cuatro han respaldado al juez de vigilancia penitenciaria, uno ha respaldado a la Fiscalía. Si esto hubiera que contarlo en términos de tanteo deportivo, diríamos: gana el juez de vigilancia Castro, pierde el fiscal Javier Zaragoza o el fiscal general Torres-Dulce. En realidad quien gana la libertad ya definitiva bajo condiciones es el etarra Bolinaga. Le daremos una vuelta esta noche a las razones que unos y otros alegan en este caso.

Y habrá que darle una vuelta a este discurso que hoy se marcó Artur Mas para sacar pecho por la manifestación de ayer -aunque él no asistiera- y para no aclarar, en realidad, nada. Todo lo que hoy quedó despejado es que el presidente de Cataluña considera que los manifestantes de ayer representan a la sociedad catalana, es decir, que es la sociedad catalana la que secunda el lema de ayer: “Ser el próximo estado independiente de Europa” (que nadie se nos adelante). Lo sorprendente es que, después de asumir eso, no haya anunciado la inmediata convocatoria de elecciones autonómicas. Porque lo primero que habrá que esclarecer, para ver cómo sigue esta historia, es si Artur Mas está en lo cierto, es decir saber qué quiere exactamente la sociedad catalana. Dices: bueno, eso ya quedó claro ayer en la mega manifestación. No exactamente. Cabe pensar que el millón de personas (o millón y medio) que se movilizó quiere independencia, aunque algunos sigan entonando la canción ésta de fui, pero por otros motivos, ahí tienen a Durán i LLeida. Incluso si eso fuera así, la voluntad popular se expresa (y se mide) en las urnas. Porque el Parlamento que hoy está en activo no tiene un mandato popular en favor de la independencia. Lo tendrá cuando CiU incluya ese objetivo en su programa, sin los trucos de la última vez, y cuando el PSC aclare a sus votantes si están, o no, por la independencia. Elecciones aún no convoca el presidente autonómico, que hoy ha encadenado unas cuantas frases esculpidas en piedra pero sin alcanzar a explicar esta contradicción en la que se ha instalado: si él da por bueno que la sociedad catalana quiere independencia, lo que habrá de plantearle a Rajoy es que ayude a que ese objetivo se consiga. Pedir el pacto fiscal tenía sentido cuando el anhelo de la sociedad era gestionar más dinero, pero no cuando el anhelo es tener un estado propio. Anoche lo admitió aquí Pere Macías: lo que han reclamado los manifestantes no es pacto fiscal, ni más dinero ni más autogobierno, han reclamado separarse de España. Artur Mas ha hecho suya esa manifestación, luego él se ha autoimpuesto la tarea de independizar Cataluña. No debería pasarle esa pelota a nadie más. La pelota es suya porque él ha querido agarrarla. Y el discurso de hoy tendría que haberlo dirigido a ese pueblo catalán cuyo sentir mayoritario él identifica con la demanda soberanista de ayer para decirle cómo piensa conseguir ese objetivo. “Yes we can y os voy a decir cómo”, no este “yes we can, pero Rajoy que ponga soluciones, si es que las tiene”. Esta forma en que Mas se refirió hoy al gobierno central es curiosa, porque dice que es Rajoy quien tiene que poner soluciones. Claro, cuando habla de “poner soluciones” es que considera el asunto un problema. Pero alguien que anhela la independencia de su país no debería considerar eso un problema, ¿no? Lo que uno diría es queremos ser independientes y se acabó, ¿cuál es el problema? Artur Mas, sin embargo, habla de problema para sugerir cuál es la solución: el pacto fiscal. A estas alturas, ese juego trucado no cuela ni en Cataluña. La financiación podía ser vista como un problema que se soluciona reformándola, pero la consecución de independencia sólo se resuelve de una forma, que es consiguiéndola. Al colocar la pelota en el tejado de los demás, el presidente catalán ejerce una suerte de independentismo raro, como si requiriera de culpables a los que atribuir este sentimiento que ahora manifiesta. Quiero la independencia, pero por su culpa, oiga. Independentista a rastras, o a disgusto. En esto tienen razón los de Ezquerra: lo nuestro es por convicción, dicen, lo de Artur Mas no está claro que lo sea.