OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Conferencia de Paz de Moncloa"

Carlos Alsina reflexiona en su monólogo sobre la reunión convocada por Pedro Sánchez con Nadia Calviño y Yolanda Díaz para fijar una posición común sobre la reforma laboral.

Carlos Alsina

Madrid | 02.11.2021 08:46

Día de difuntos, que no es festivo, y que promete emociones fuertes en la Moncloa.

Déjame que lo explique, Greta, que no es palabrería. Es altísima política. Bueno, yo a lo mío. En la Moncloa, hoy, se va a producir un acontecimiento histórico, crucial, patriótico; un hito del que hablarán las futuras generaciones por los siglos de los siglos.

"Llega el momento de salvar la coalición de Gobierno, el armisticio"

Oye, Boris Johnson, tú en esto no te metas. Estoy hablando de España, del Gobierno de España y de lo que espera de él la Unión Europea. Se lo dije a las siete y se lo repito porque no todos los días se hace historia: esta cumbre diplomática que ha convocado el presidente Sánchez en la Moncloa deja en pañales Camp David, la Conferencia de Madrid de hace treinta años y la cumbre de Yalta.

Gracias al ímprobo trabajo de los mediadores, los negociadores y los sherpas, ha logrado el presidente sentar a una misma mesa a sus vicepresidentas primera y tercera. Calviño y Díaz. España contiene el aliento ante esta ocasión irrepetible de asegurar la cohabitación incruenta. Se espera que sean recibidas a la puerta de Palacio por un batallón de cascos azules, que Mateu Lahoz se ocupa de conducirlas hasta la mesa de diálogo y que allí les esté esperando un relator, por ejemplo, Koffi Annan. Ya que se pone Presidencia a inventar liturgias, que tire por alto que la ocasión lo merece. Después de todo, lo que hoy se negocia son los términos del tratado de paz. Al cabo de semanas de disputa, críticas primero veladas y luego a cara descubierta, llega el momento de salvar la coalición de Gobierno, el armisticio.

Esta cumbre diplomática que ha convocado el presidente Sánchez en la Moncloa deja en pañales Camp David, la Conferencia de Madrid y la cumbre de Yalta

O sea, que hoy se negocia qué nos van a contar a los ciudadanos para convencernos de que se puede tumbar la reforma laboral y no tumbarla a la vez, que la negociación con patronal y sindicatos la lidera Yolanda Díaz pero en realidad la lidera Pedro Sánchez, que Calviño no invade competencias de Trabajo aunque desembarque en la negociación con el aplauso (ovación, más bien) de la CEOE, y que cambiar sólo algunas cosas es como cambiarlo todo. Y que derogar y modernizar son sinónimos.

Greta, por favor. Todo el mundo recuerda, es verdad, que el presidente Sánchez ha prometido no una sino veinte veces no dejar de la reforma de Rajoy ni las raspas. Lo ha dicho lo mismo voceando en un mítin que con la voz aterciopelada y suave que usa para dirigirse a la señora de Bildu en el Congreso. Pero quien dice derogar, íntegramente, dice, ¿cómo era, presidente?, modernizar.

Esto es. Ahora saldrán los socios del PSOE en el Congreso a rasgarse las vestiduras porque el presidente está incumpliendo su palabra. ¡Su palabra, nada menos! A ver, amigos, es Sánchez. Reprocharle al presidente que cambie de postura es como criticar al camaleón que cambie de color, ¡está en su naturaleza! Dicen los socios: ¡cumpla usted lo que ha firmado!

Reprocharle al presidente que cambie de postura es como criticar al camaleón que cambie de color, ¡está en su naturaleza!

Ya, el problema es que la Comisión Europea le está diciendo lo mismo. Cumpla usted lo que nos dijo. ¿Y qué les dijo? Que los cambios de legislación laboral tendrían el respaldo de la patronal y los sindicatos. Y que aquello que tanto aplaudió la Comisión Europea en 2012, la flexibilidad, no va a ser desterrado de nuestras normas.

Es decir, que hasta ahora le funcionó al presidente alternar el estribillo mitinero con la ambigüedad de las declaraciones y prometerle a cada uno lo que éste quería escuchar, pero ahora el calendario es implacable y le toca ya ponerle letra a la música y tomar partido. No Calviño, ni Escrivá, ni María Jesús Montero, sino él, Sánchez. Qué decisiones toma sobre los tipos de contrato y sus condiciones, sobre la subcontratación, el tope de contratados temporales en una empresa, la negociación colectiva y los erte de después de la pandemia. Al cabo de nueve años satanizando la legislación laboral que se aprobó en 2012 ahora toca concretar, de una vez, qué legislación laboral quiere poner en pie Pedro Sánchez. Se acabó el tiempo del bla bla bla.

Greta Thunberg se declara partidaria de decirnos a todos que hemos de modificar nuestra forma de vida

Esto del bla bla bla, aunque Greta no lo sepa, tiene música de Alfonso Santisteban. De un programa de televisión de los ochenta.

Lo que ayer dijo Greta Thunberg, joven activista contra el cambio climático que, en efecto, se declara radical y partidaria de decirnos a todos que hemos de modificar drásticamente nuesta forma de vida, es que los gobernantes se agarran a una versión amable y edulcorada de lo que hay que hacer para que parezca que se toman en serio lo que, en realidad, están orillando.

No hay planeta B. Esto no va de un sueño caro y politicamente correcto de abrazar conejitos. Ni de reconstruir mejor. Ni de economía verde. Todo eso son palabras vacías, predica Thunberg. Que nos reprocha también a los medios que informemos de lo que los gobernantes prometen hacer en lugar de fiscalizar el cumplimiento de esas promesas.

"Algunos líderes políticos muestran un proceso de gretificación"

Todo esto lo dice Greta no en la sala donde están reunidos los gobernantes sino en el foro paralelo que reúne a los jóvenes activistas. Ella es, sin duda, la más escuchada y buscada por la prensa. Porque la polémica que genera allá donde va es la prueba de que su influencia existe. A medida que se van sucediendo las cumbres del Clima vamos viendo cómo algunos líderes políticos muestran un proceso de gretificación. Si esto que ayer dijo el secretario general de la ONU, Guterres, lo hubiera dicho Greta Thunberg con doce años habría sido objeto de caricatura:

"Basta de suicidarnos con carbono, basta de tratar al planeta como el servicio, estamos cavandon nuestras tumbas, el fracaso es una condena a muerte".

Y lo cierto es que Greta ya lo decía con doce años. Ella no se ha movido. El anfitrión de la cumbre de Glasgow, Boris Johnson, instó a sus colegas a presentar conclusiones que hagan de esta reunión una cita histórica, precisamente para que no parezca que todo es bla bla bla.

Es más fácil viajar en catamarán cuando no tienes que estar el lunes en Glasgow, por la cumbre del clima, y el martes en la Moncloa por la Conferencia de paz

Por usar una frase, dice el británico. Esa una frase que usan como bandera quienes entienden, precisamente, que estas cumbres tienen mucho de pompa y de autojustificación de quienes gobiernan el mundo. Es más fácil, claro, decirle al personal que cambie drásticamente su forma de vida cuando se es secretario general de la ONU, o joven activista sueca, que cuando te presentas a las elecciones, tienes la factura de la electricidad disparada y propones crear nuevos impuestos para los conductores de coches diésel. Es más fácil viajar en catamarán, o en tren, cuando no tienes que estar el lunes en Glasgow, por la cumbre del clima, y el martes en la Moncloa por la Conferencia de paz.