OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "El terror de ETA llegó a cada rincón de España"

Diez años después del fin de ETA, Carlos Alsina reflexiona en su monólogo sobre los años del terrorismo cuando "una parte de la sociedad vasca fue señalada como impura, no verdaderamente vasca, merecedora de sufrir el aislamiento, el acoso, la amenaza y la bomba lapa".

Carlos Alsina

Madrid | 20.10.2021 08:42

Ayer estábamos en el Auditorio del Revellín en el mismo centro de Ceuta, hoy les hablo desde un instituto de secundaria de Aluche, en Madrid. El Parque Aluche, que está en el suroeste de la ciudad. Si sale usted en coche de Madrid hacia Mérida por la autovía (aprovechando que el Gobierno aún no le ha puesto peaje), a la derecha tiene la Casa de Campo y cuando se va acabando, a la izquierda tiene este barrio de Aluche. Un instituto de secundaria a las ocho de la mañana está desperezándose, pero nos hemos venido con tiempo para aclimatarnos al entorno de los adolescentes de dieciséis, diecisiete, dieciocho años. Luego les explicaré qué hacemos aquí y por qué hemos elegido este lugar.

"Diez años después de que ETA dejara de matarnos"

Una pista: la idea del programa que vamos a hacer hoy surgió en este mismo programa hace dos viernes. Cuando en La Ínsula con Borja Sémper y Eduardo Madina estábamos hablando del libro que han publicado, diez años después de que ETA dejara de matarnos, y surgió esta reflexión.

Jóvenes que no lo vivieron. Jóvenes que no lo sufrieron. Que eran críos de seis o siete años cuando hace hoy diez años estábamos contando aquí, en la radio, que los encapuchados de la banda habían leído un comunicado en el que anunciaban, derrotados, el final del terrorismo. Eran las ocho de la tarde del veinte de octubre de 2011 cuando, diez años más jóvenes, y en una Brújula cara al público, estábamos diciendo esto.

Quienes eran niños de siete u ocho años entonces, y a diferencia de quienes tienen veinte o treinta más que ellos, no han tenido que crecer escuchando, y viendo en televisión, todas las semanas imágenes de coches reventados, de funerales y de manifestaciones de miles de personas gritando basta ya.

Luego les explicaré por qué hemos elegido Aluche para hablar hoy de esto. Ahora sólo comparto con ustedes una reflexión. Sé que hoy se emitirán programas desde Bilbao, Vitoria, San Sebastián. Quizá desde Mondragón, o desde Rentería. Se hablará de los diez años sin terrorismo en el País Vasco. Porque ETA fue, en efecto, un organización criminal integrada por vascos que decían anhelar una república vasca de inspiración estalinista (lo decían como coartada para matar gente). La mayoría de los atentados de ETA se produjo en el País Vasco.

Una parte de la sociedad vasca fue señalada por esta otra parte como impura, no verdaderamente vasca, merecedora de sufrir el aislamiento, el acoso, la amenaza y la bomba lapa

Una parte de la sociedad vasca, envuelta en siglas políticas, contribuyó a que esa banda perdurara, se reconstruyera y tuviera a tiro a guardias, concejales, trabajadores y empresarios. Una parte de la sociedad vasca fue señalada por esta otra parte como impura, no verdaderamente vasca, merecedora de sufrir el aislamiento, el acoso, la amenaza, la pintada y la bomba lapa.

Ahora, aunque la mayoría de los atentados fueran en Euskadi, durante muchos años los asesinados eran, sobre todo, guardias civiles, policías nacionales y militares destinados en el País Vasco. La mayoría de ellos trabajaban allí pero no habían nacido allí. Y ello supuso que los féretros que contenían sus cuerpos, destrozados, fueran introducidos en coches funerarios que luego hacían cientos de kilómetros hasta llegar a su destino: el cementerio de ciudades o pequeños pueblos del resto de España.

Jóvenes guardias nacidos en Extremadura, o en Andalucía. Algunos de los atentados con mayor número de personas asesinadas se cometieron en Zaragoza, en Vic, en Muchamel, en Madrid. De tal manera que ETA sembró de dolor, de muerte y de desgarro todo nuestro país. Todo. En su empeño por tumbar nuestra democracia esta banda totalitaria puso bombas en barrios como éste, en aparcamientos, en papeleras y en playas de todo el país. Todo.

En su empeño por tumbar nuestra democracia esta banda totalitaria puso bombas en barrios como éste, en aparcamientos, en papeleras y en playas de todo el país

Hace diez años era presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. Hace diez años aspiraba a ser presidente de Gobierno, y lo sería, de hecho, un mes y medio después, Mariano Rajoy.

El mensaje de ambos líderes fue coincidente en lo sustancial: victoria de la sociedad, derrota de ETA, fin del terrorismo sin concesión política alguna. Y fue el Otegi de turno quien se apresuró a decir entonces que no había ni vencedores ni vencidos. En tablas, que es como a él le habría gustado que terminara esta historia.

"Bildu se niega a decir que el terrorismo de ETA nunca tuvo justificación"

Diez años después, el Senado fue incapaz ayer de pactar una declaración institucional sobre este aniversario porque hacía falta que todos los grupos la hicieran suya. Y hay uno, de nombre Bildu, que se niega a decir que el terrorismo de ETA nunca tuvo justificación. Probablemente porque para muchos dirigentes de esa coalición naturalmente que la tuvo. El terrorismo dejó de ser útil para hacer política y se convirtió en un obstáculo por la ley de partidos. Sólo entonces empezaron a plantearse que la forma de sobrevivir en política era jubilar a los de las pistolas.

No consta que este Otegi que llegó a la ruptura con la violencia haya dado instrucciones a sus camaradas para que se abstengan de rendir homenaje a los asesinos múltiples

Ayer les dije que el nuevo portavoz del Partido Socialista, Felipe Sicilia, se había dejado llevar por la bondad y había hecho una interpretación demasiado generosa de lo que el lunes dijo Arnaldo Otegi. Por eso creo que acertó ayer el Gobierno, su portavoz Isabel Rodríguez, al corregir el criterio y poner la declaración de este Otegi en su sitio.

No consta que este Otegi que llegó a la ruptura con la violencia, y ha llegado a la empatía con las víctimas, veinte o treinta años después que el resto (y aún espera que se le aplauda por su retraso histórico) no consta que haya dado instrucciones a sus camaradas de partido para que se abstengan de rendir homenaje, como si fueran vascos admirables, a los asesinos múltiples que regresan al pueblo terminada de cumplir su pena. Mejor hechos que palabras, dijo ayer el Gobierno. Así sea.