Opinión

Alsina reacciona a la dimisión del director de la BBC: "No ha habido televisión pública en España que no haya hecho del sesgo su seña de identidad"

El director de Más de uno ha hecho un análisis de las circunstancias de la dimisión del director de la cadena pública británica y ha querido compararlo con la experiencia española.

Carlos Alsina

Madrid |

Monólogo de Alsina, en Más de uno

Aunque a Groucho Marx se le atribuye la frase "estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros", no solo no la pronunció nunca, sino que él fue un hombre de principios muy firmes. Dices: el dinero, la comida y las mujeres. Sí, eso también. Pero tuvo principios a la hora de juzgar la acción política. Fue un hombre de izquierdas, votante del Partido Demócrata y ácido como nadie con el Partido Republicano: de Eisenhower criticaba su habilidad para escaquearse de la primera línea; hacía esta broma: "Es el único soldado desconocido… que permanece vivo".

En el 64, los republicanos celebraron su convención para elegir al candidato que competiría contra Johnson y eligieron como sede el Cow Palace de California, en español Palacio de la Vaca. Y le escribió Groucho a un amigo: "Quien le puso el nombre tuvo buen ojo político, porque se ha visto tal cantidad de estiércol en el auditorio estos días que habría dado para fertilizar toda la Unión Soviética los próximos diez años".

Pero tampoco era complaciente con todo lo que hicieran los de izquierdas. Truman lo invitó a comer una vez, cuando ya estaba de salida, 1958. Había pronunciado un discurso por televisión la noche anterior y lo primero que le dijo fue: "Querido Groucho, has de saber que cada una de las palabras que pronuncié eran la pura verdad". Escribió Groucho después: "Por supuesto, era mentira, pero aquel hombre me estaba dando de comer gratis, tampoco era cuestión de ponerme a discutir con él".

Al presidente que gobierna España desde hace siete años y medio lo entrevistaron ayer en El País y pintó, respuesta a respuesta, un ajustado retratado de cómo entiende la política y los principios. Esta vez no hizo falta recordarle todo lo llegó a decir sobre aquel antecesor suyo, de apellido Rajoy, que fue aplazando y aplazando la aprobación de sus Presupuestos hasta el punto de que no llegaron a debatirse, los de 2018, hasta el mes de mayo.

El estribillo de la oposición socialista de entonces, que bien entonado estaba: a falta de Presupuestos, elecciones anticipadas. O como sucedáneo de las mismas, cuestión de confianza. No hizo falta recordárselo porque estaba, seguro, en la mente de los entrevistadores y del entrevistado.

A la pregunta: ¿Es sostenible estar una legislatura entera sin nuevos Presupuestos? Cabría esperar que el presidente hubiera respondido lo que dijo al día siguiente en Brasil: "Eh, cuidado, que aún estamos a mitad de legislatura y los voy a presentar un día de estos". Ya sabe usted, la matraca de los últimos meses con sudar la camiseta, dejarse la piel y somos muy conscientes de que tenemos un mandato constitucional. Refresquemos la memoria con el hermoso sonido de este coro.

Los trajes regionales de Pedro Sánchez

Pues no, no fue eso lo que respondió. Dijo: "La única opción de gobierno que hoy existe es mi gobierno y la complejidad parlamentaria es lo que tiene". El presidente sin Presupuestos y sin mayoría parlamentaria que le apruebe ya nada se viste el traje de líder de la oposición en la Comunidad Valenciana -tiene toda la variedad de trajes regionales, líder de la oposición en Madrid, líder de la oposición en Andalucía, líder de la oposición a Page en Castilla La Mancha-, se pone el traje y fustiga al PP por no haber convocado elecciones autonómicas anticipadas.

El presidente sin Presupuestos tiene toda la variedad de trajes regionales, líder de la oposición en Valencia, Madrid, Castilla La Mancha...

En la Comunidad Valenciana, dice, hay que devolver la voz a los votantes (como si la hubieran perdido o les hubiera sido secuestrada) pero en el Congreso de los Diputados no hace falta dar la voz a sus señorías en una democrática cuestión de confianza. Para qué, si el único gobierno posible es el suyo. A la vista de las encuestas, dejaría de ser posible si se celebraran elecciones generales hoy. PP más Vox en 200 escaños.

Le preguntan por el informe de Cáritas sobre la fragmentación social que se ha disparado en España y responde señalando a los gobiernos autonómicos porque no invierten en servicios sociales, va a ser eso. Para cada problema tiene un culpable y ocurre que ninguno es achacable a él. Ni a su forma de gobernar. Ni a sus políticas.

Le preguntan por el fiscal general del Estado y declara -era el título de portada: "Es inocente y más aún tras lo visto en el juicio". Que a ver, o es inocente, en cuyo caso no es posible serlo más aún, o no lo es, en cuyo caso aún tiene menos sentido. En rigor lo que respondió es que el "Gobierno cree en su inocencia y más aún después de lo visto".

Es cuestión de fe. Al juicio le queda aún un par de semanas y no se ha escuchado nada distinto de lo que ya había, pero al presidente le ha reafirmado en su fe. "¿Y no habría sido mejor que dimitiera?", se le pregunta. "No, eso significaría que no se confía en la presunción de inocencia". Vaya. Con las veces que él ha pedido la dimisió de gente. Debe de estar encantado con esta respuesta Santos Cerdán, a quien hizo dimitir debe de ser que porque sabe a ciencia cierta lo culpable que es. De corrupción, ¿es eso?

Siguiente pregunta: ¿Cómo pudo llegar tan lejos alguien como Koldo? Y dice: "Eso habrá que preguntárselo a José Luis Ábalos". De acuerdo. Y el cómo pudo llegar tan lejos Ábalos, que llegó mucho más lejos que Koldo y que cualquiera, ¿a quién hay que preguntárselo? Ah, que es que Sánchez desconocía, dice, una faceta personal de la vida de Ábalos que le ha causado profunda decepción.

Por faceta personal, ¿se supone que se refiere a la corrupción, sin presunción de inocencia, o al consumo de prostitución? ¿Cuál de las dos desconocía? O no le constaba. O nunca tuvo noticia de ello, que él recuerde. Para cada problema, un culpable que nunca es él. Para cada manzana podrida en su círculo de poder, una cándida ignorancia por la que quiere hacerse perdonar. Diciendo que asume la responsabilidad, pero sin asumirla, de hecho.

Groucho escribió una vez una carta a Time quejándose de que le adjudicaran una estrecha relación con cualquier persona que se apellidara Marx. "Harpo y Chico son hermanos entre ellos, sí, pero completamente extraños para mí. No sería capaz de decir qué aspecto tienen. Y respecto de Gummo, procede de una larga dinastía de gitanos rumanos y me fue entregado en adopción con cincuenta años. Tiene de hermano Marx lo que Chico de hermana Dolly".

La BBC británica amanece descabezada

La primera noticia, anoche, para la celebérrima televisión pública británica era su propia crisis. Sí, es la BBC informando sobre la BBC como si no fuera ella misma la BBC. Norma de la casa: si la televisión pública ha sido objeto de críticas -en el punto de mira- se informa de ello sin sacar pecho inmediatamente para descalificar a quien te critica.

Ha dimitido el director general, que es un señor que se llama Tim Davie y que ha protagonizado un milagro. Entiéndase, un milagro para los usos y costumbres no del Reino Unido sino de España. ¿Qué milagro? Pues llegar a la cima de la televisión pública gobernando el Partido Conservador -y siendo plantilla de la BBC, no un contratado externo- y permanecer en el puesto al cambiar el signo político del gobierno y llegar al poder el Partido Laborista. Esto, estarán conmigo, en España es inimaginable. ¿El mismo responsable de la televisión pública con dos gobiernos distintos? Pero qué estás diciendo, alma de cántaro.

Y ahora Davie ha protagonizado otro fenómeno paranormal: ha dimitido por el sesgo con el que el programa semanal de reportajes Panorama editó un discurso de Donald Trump de 2021. Él y la directora de Informativos, en pack. Contexto: el programa presentó la declaración de Trump de tal manera que parecía que estuviera alentando a asaltar el Capitolio. Cuando Trump, como es sabido, se limitó a bendecir a sus partidarios concentrados para sitiar el Congreso, no expresamente a decirles que lo asaltaran. Matices, que en la televisión pública británica se ve que aún importan.

Matices, que en la televisión pública británica se ve que aún importan.

Allí tienen un comité editorial que vela por la imparcialidad de las informaciones y porque estas no se vean dirigidas, e influidas, por las filias o fobias políticas de quienes las editan. Increíble. El comité editorial pide informes a asesores externos, periodistas que hayan trabajado en la BBC en otras etapas, por ejemplo.

Y uno es esos informes, diecinueve páginas como casos concretos de enfoques sesgados y testimonios poco equilibrados, fue difundido la semana pasada en el Telegraph y ha dado pie a un notable revuelto político. ¿Conclusión? Que el directivo más alto de la corporación asume su responsabilidad por haber ofrecido a los espectadores un producto impropio de la televisión pública. Qué cosas, eh.

En España la BBC es mentada como faro que ilumina el recto camino de las televisiones públicas, no solo por profesionales del periodismo, también por dirigentes políticos que no han visto un programa de la BBC en su vida. Allí el consejo de administración también tiene una raíz política: lo integran, en su mayoría, políticos y periodistas (incluidos periodistas que se han significado por trabajar para políticos (dices: mira, como aquí), pero se presupone que una vez que están sentaditos en su sillón, se emancipan de su origen y tienen como prioridad que la televisión pública sea imparcial.

Profesional. Entendiendo profesionalidad como autonomía plena del poder político de turno y ecuanimidad en la presentación de las informaciones y las opiniones. El peor pecado de una televisión pública, piensa esta gente tan rara de la BBC, es ser percibida como una televisión, no del Estado, sino del partido. Parcial y sesgada, sea a favor del gobierno o sea a favor de la oposición. Sea a favor de Kamala Harris o en contra de Donald Trump.

Por eso aquí se la ve como una suerte de aspiración teórica a la que nunca, en realidad, se aspira a parecerse nadie. No ha habido televisión pública en España, nacional o autonómica, que no haya hecho del sesgo su primera seña de identidad. Y en tiempos de polarización, el sesgo de lo público anda desbocado.