OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Liz Bluf"

Carlos Alsina reflexiona en su monólogo sobre la dimisión de Liz Truss -que queda para la historia como una primera ministra fallida- y sobre la ruina del Partido Conservador británico, que ha dilapidado el apoyo ciudadano que obtuvo en 2019.

Carlos Alsina

Madrid | 21.10.2022 08:37

No hace ni cuatro años aún. Miren cómo empezaba este programa la mañana del viernes 13 de diciembre de 2019. La noticia, hace cuatro años (no llega) era la aplastante victoria del Partido Conservador británico en las primeras elecciones generales después del Brexit.

El partido en el gobierno humillaba en las urnas a la oposición de izquierdas, al pobre Jeremy Corbyn -el Pablo Iglesias británico, que decían los de Podemos-. El peor resultado del Partido Laborista en ochenta años y el mejor de los conservadores desde Thatcher.

‘Día histórico’, titulaba la prensa británica. Y la de aquí, parecido: mire el título de El País de aquel día: ‘La victoria arrolladora de Boris Johnson despeja el camino hacia el Brexit’.

El Partido Laborista obtendría una mayoría absoluta superior a la de los conservadores

En octubre de 2022, o sea, hoy, las encuestas de intención de voto en el Reino Unido anticipan que el Partido Laborista obtendría una mayoría absolutasuperior a la que cosecharon los conservadores hace cuatro años y que estos se quedarían muy por debajo del pésimo resultado que obtuvieron entonces sus rivales. Johnson obtuvo el 44% del voto. Los laboristas superan hoy el 55%.

Hay pocos precedentes de una dilapidación del apoyo ciudadano tan enorme, y tan cruda, por parte de un partido político. El Partido Conservador es una ruina

Hay pocos precedentes de una dilapidación del apoyo ciudadano tan enorme, y tan cruda, por parte de un partido político. El Partido Conservador es una ruina. Y el Laborista está persuadido de que con no cometer errores graves le basta para ganar las próximas elecciones sin bajarse del autocar.

La estrella del profeta del Bréxit se había apagado

Hace sólo dos meses, en vida aún de la reina Isabel, el partido en el gobierno creyó conjurar sus peores fantasmas urdiendo, y consumando, la defenestración del líder que le llevó a la gloria electoral en 2019. Descabalgaron a Boris para atajar la colección de charcos, de medias verdades, de mentiras y de escándalos.

La estrella del profeta del Bréxit se había apagado -su antiguo colega Cummings hizo cuanto estuvo en su mano para fundirla- y un liderazgo renovado dejaría atrás la frivolidad y ofrecería seguridad y certezas, en medio de la crisis de inflación, a los británicos. La militancia del partido escogió para la tarea a la señora Truss, reencarnación de la dama de hierro, dijeron algunos, una luchadora -dijo ella de sí misma-, una roca. Pues Liz Truss se ha quedado en Liz Bluf. No ha aguantado ni el primer asalto.

Liz Truss se ha quedado en Liz Bluf. No ha aguantado ni el primer asalto

Impotente, malherida por su acelerada pérdida de autoridad y abandonada a su suerte por los demás dirigentes del partido, la señora Truss queda, para la historia del Partido Conservador como un parpadeo equivocado. Para la historia del gobierno británico, como una primera ministra fallida.

Boris Jonhson cabalgando la ola de la militancia para reconquistar el poder

Ahora volverán a ser los militantes los que aúpen al siguiente, en esta disfunción del sistema que consiste en que ciento cuarenta mil afiliados de un partido invisten al presidente del gobierno sin que al Parlamento le quede otro papel que el de bendecirlo. Y sí, podría ocurrir que Boris Johnson tratara de desquitarse. Cabalgando la ola de la militancia para reconquistar el poder y pasar a cuchillo al aparato que lo apeó del trono.

Tiene buena pluma el ex primer ministro del pelo amarillo. Puede acabar escribiendo la versión inglesa del ’Manual de resistencia’ que un presidente de gobierno publicó aquí, en España.

Sánchez incluso cuando pierde el balón canta gol

Manual de resistencia y manual de la apariencia. Ayer les dije que este hombre nunca da un balón por perdido. Hoy podemos añadir que incluso cuando pierde el balón canta gol y se declara ganador del partido.

No, el pulso del MidCat no lo ha ganado el Gobierno español. Su empeño era sacar adelante el gasoducto del Pirineo venciendo la resistencia del gobierno francés. Tanto, que cantó victoria antes de tiempo cuando a un ministro de Macron se le ocurrió decir, más por cortesía que otra cosa, que iba a estudiar con interés la propuesta de España y Alemania.

Porque Sánchez, que es buen jugador, hizo pinza con Scholz para retratar a Macron como un líder poco europeísta. Alemania suspiraba por el gas que pudiera hacerle llegar España y el francés levantaba un muro para el tubo se muriera en Cataluña.

Ayer se escribió el obituario del MidCat. Pero Sánchez es un táctico hábil. La mejor forma de diluir un entierro es hacerlo coincidir con un natalicio

En rigor, el tubo -este tubo- se quedará sin terminar. Ayer se escribió el obituario del MidCat. Fin de la historia. Pero Sánchez es un táctico hábil. La mejor forma de diluir un entierro es hacerlo coincidir con un natalicio. De modo que muerto un tubo, lo que anunció fue el nacimiento de otro. Hasta lo ha bautizado. Corredor de energía verde. Sí, es un tubo. Bajo el mar.

Más que una realidad es un boceto

No será el MidCat pero sí será un gasoducto diseñado para el hidrógeno verde. Que esto a Macron le permite aparecer como abanderado de la causa sostenible. Y sobre todo, le permite sacudirse la presión de la pareja ibérica y el primer ministro alemán -el trío socialdemócrata- pegándole una patada el balón y emplazándolos a todos a seguir hablando del tubo verde a finales de año, en otra cumbre.

De cumbre en cumbre hasta ya veremos cuándo. Proyecto con pelos y señales,o sea, con números, la verdad es que aún no hay. Hay un bosquejo que preparó a la carrera el ministerio español de energía la semana pasada -lo ha contado El País- una vez que se resignó a la evidencia de que Macron no iba a cambiar de opinión.

Más que una realidad, por tanto, es un boceto. Pero como la alternativa era perder el partido, Sánchez se felicita. Menos da una cabra. Pirenaica.