El sol se había puesto hacía horas, pero el famoso escritor no lograba conciliar el sueño. Moviéndose sin descanso en la cama, sufría la pesadilla -despierto- de acabar con sus huesos en la cárcel. ¡Como Ábalos! ¡No, como su padre! No el padre de Ábalos sino el suyo, John Dickens. El escritor temía hundirse en la miseria y no poder atender sus deudas porque la obra, recién publicada, a la que había confiado su alivio económico había obtenido un éxito innegable entre los lectores, pero le habría procurado, ay, un margen comercial muy inferior al que él había calculado.
Charles Dickens había escrito 'Canción de navidad' de un tirón, en solo seis semanas. Tan convencido estaba de que había creado justo aquello que el público adoraría, que se metió en gastos. Una edición primorosa: cubiertas de tela roja, títulos en letras doradas, dorados también los cantos y aguafuertes a todo color para ilustrar el texto.
Salió a la venta al precio de cinco chelines y en dos semanas estaban agotados los primeros seis ejemplares. Esperaba mil libras de beneficio, pero el coste de la producción se lo dejó en ciento treinta. Para más inri, el libro fue pirateado. Se lo copiaron unos americanos y lo sacaron como si fuera suyo. Dickens los llevó a los tribunales porque la propiedad intelectual ya existía.
Ganó, "¡he aplastado a esos piratas!", proclamó victorioso, pero ellos se declararon en quiebra y no solo no recibió ni una libra, sino que hubo de hacerse cargo de una parte de las costas. "Me veo en la ruina y sin que nadie me eche una mano". Dickens, como es sabido, era dado a los dramas.
Aunque atravesó una crisis, su 'Canción de Navidad' alcanzó la categoría de cuento universal e inmortal. El avaro Ebenezer Scrooge sería versionado en el cine, en la televisión, en la radio -aquí mismo lo haremos, en nuestra radioficción navideña de este año-. Sin duda, el personaje más recordado de la obra, seguido a corta distancia por este otro: el fantasma de las navidades pasadas.
Desde 1975 hasta 2013, Juan Carlos I se apareció en televisión cada Nochebuena para hacer saber a los españoles cómo veía él el estado de la nación. Heredó la tradición iniciada por Franco pero cambiándole el día, en lugar de la víspera de año nuevo, la víspera de Navidad. Doce años después de su último discurso, don Juan Carlos se agenció una cámara y mató el gusanillo grabándose este homenaje involuntario a la Canción de Navidad de Dickens que podría titularse 'El fantasma de las Nochebuenas pasadas'. ¡Españoles (jóvenes españoles), habla el ex rey de España!
¡Españoles (jóvenes españoles), habla el ex rey de España!
El rey caído también se graba vídeos, como los ministros tik-tokeros. Si Ábalos ha llamado su cuenta de twitter 'en el nombre de Ábalos', don Juan Carlos puede llamar a la suya 'en el nombre del rey que fui (y que ya no…)'. Hay que entender que el veterano escritor está en plena promoción de su libro y que a falta de entrevistas en España (y de Hormiguero, que lo que de verdad ve la gente) toda notoriedad es poca.
Hay que entender que el veterano escritor está en plena promoción de su libro
Pero claro, pedir apoyo a Felipe VI desde Abu Dabi, y pedírselo a los jóvenes, que están entregados a la Leonor-manía, no parece que pueda interpretarse como un favor desinteresado. Ni siquiera como un favor a secas porque nadie se lo ha pedido (hay apoyos que manchan). En la Zarzuela, por ello, e impactados por la aparición del fantasma navideño, han dicho cortésmente que de verdad que no hacía falta. "Ni necesario ni oportuno", que es la forma regia de decir: "Oiga, venda usted su libro pero no enrede".
Dickens describe así a su fantamas de la estrofa segunda: "Lo que en un momento estaba iluminado, ahora se veía oscuro. La figura fluctuaba. En un instante parecía un ente con un solo brazo, después con una sola pierna, más tarde con veinte piernas pero sin cabeza. Las partes desaparecían y apenas se veía ya su perfil en la densa penumbra en que se fundía".
Ascenso del coronel de la UCO
Sin esperar al año nuevo, el Consejo de Ministros procederá hoy a ascender al coronel Yuste a la condición de general apartándolo, a la vez, de la jefatura de la UCO que hasta ahora ha desempeñado. La UCO es el grupo de investigación más reputado de la Guardia Civil que ejerce en multitud de casos como policía judicial, a las órdenes de los jueces que instruyen.
Los méritos del coronel Yuste para ascender en la jerarquía militar no son discutidos. Y apenas nada se habría escrito sobre su relevo de no haber sido porque fue el gobierno quien, a lo largo de este año, se significó en más de una ocasión (y de dos, y de tres) por cuestionar el trabajo de la UCO en aquellos asuntos más sensibles para la presidencia del Gobierno. A saber, las investigaciones que afectan a los familiares del presidente: su esposa, Begoña Gómez, su hermano, David Sánchez, y su ahijado, Álvaro García -Ortiz, ex fiscal general del Estado, ahijado político-.
Se arrancó el gobierno, hace ya muchos meses, atribuyendo a la UCO poco menos que haber absuelto a Begoña Gómez de cualquier actividad ilícita -aún hay ministros que creen que la UCO emite sentencias, cuando ni siquiera valora penalmente los hechos que describe-. Se animó más tarde a proclamar que la UCO había exonerado al PSOE de financiación irregular, cuando ni siquiera había investigado semejante extremo.
Deslizó que un ex agente de la UCO, Bonilla, trabajaba contra el gobierno desde una consejería de la Comunidad de Madrid, y tergiversó unas conversaciones suyas para alentar el bulo de que había planeado ponerle una bomba a Pedro Sánchez -esta es la famosa lucha contra la desinformación, a veces hay que reírse-.
Y remató la faena de con la UCO o contra la UCO poniendo a la abogacía del Estado, que es instrumento del gobierno, a desacreditar las conclusiones de la UCO en el juicio al fiscal general. El gobierno es como el barón Ashler: Marlaska ensalza la profesionalidad de la UCO mientras la abogacía del Estado juega a desacreditarla. Todo en orden.
La víctima de tanto manoseo interesado será la persona que, en adelante, ejerza el máximo mando de la Unidad Central Operativa. Por muchos méritos que acumule -que los acumulará, seguro-, por independiente que quiera ser de las directrices políticas que le lleguen -que lo será, seguro- llegará al cargo bajo sospecha por el empeño del gobierno (no te digo ya de Cerdán y Leire) por sembrar, a su vez, la duda sobre la neutralidad de sus investigadores.
El día que cayó Cerdán, víctima de sí mismo y de los muchos indicios reunidos en un informe de la UCO que, según el oficialismo, no existía, Pedro Sánchez presumió de no haber sabido nada de ese informe hasta el mismo día en que fue entregado a las partes. Lo dijo en defensa de sí mismo: un presidente que no trata de influir en las investigaciones judiciales nada tiene por qué saber de aquello en lo que anda la UCO.
Ábalos ha contado que Sánchez le dio a él el soplo de que estaban investigando a Koldo en 2023. Pero no la UCO, sino la fiscalía. No por la UCO, presuntamente (lo dice Ábalos), sino por la fiscalía, que es otra cosa. La fiscalía de García Ortiz.
Un PSOE cerrado
José Luis Ábalos cumple cinco días en prisión preventiva. Le contó a su hijo que fue Margarita Robles, celosa porque le iban a hacer a él ministro de Defensa, encargó un informe al CNI para cargárselo. Margarita Robles desmintió ayer la imputación. Aunque lo más llamativo de su declaración fue esto:
La ministra de Defensa tuvo muy poco trato con el ministro de Transportes. Compartieron Consejo de Ministros tres años. Compartieron la gestión de la pandemia y el confinamiento (eran cuatro los ministros delegados: Marlaska, Illa, Robles y Ábalos). Antes habían compartido grupo parlamentario: ella sucedió a Ábalos como portavoz. Pero con él tuvo poco trato porque Defensa… funciona de forma individualizada. Parecería que la ministra Robles no es tanto parte del Gobierno como otro Gobierno en sí mismo. Bueno, esa impresión tienen algunos de sus colegas.
Aunque, para declaración reveladora, la de la portavoz del PSOE Mínguez. En respuesta a esto que había dicho aquí, Jordi Sevilla hizo saber que el Partido Socialista está cerrado. Hermosa forma de exaltar el cierre de filas. Proclamar que el partido que gobierna España, en lugar de presumir de apertura, presume de todo lo contrario.

