Monólogo de Alsina

Alsina critica la suavidad del comunicado de los líderes europeos contra Trump: "Valientes con reparos"

El director de Más de uno señala la falta de contundencia en los postulados de los líderes de todo el mundo contra la piratería de Trump, con Pedro Sánchez como ejemplo evitando pronunciar su nombre.

Carlos Alsina

Madrid |

Monólogo de Alsina, en Más de uno

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. "Henry Morgan yacía en un inmenso lecho, tan amplio que, bajo el cobertor, su cuerpo parecía una montaña cubierta de nieve que dividiera dos grandes llanuras. Todos, a su alrededor, guardaban silencio intentando convencerse de que ya estaba muerto". (Es el último capítulo de 'La taza de oro', una novela. Narra el último instante del famoso pirata).

"Su esposa se inclinó sobre él y le dijo: 'Atiende al vicario, ha venido a ayudarte'. Morgan sintió que una mano agarraba la suya y una voz le decía: "¿Se arrepiente de sus pecados, sir Henry?" "¿Cómo habría de hacerlo?", respondió, "si yo no recuerdo haber sido nunca conscientemente malo. Hice cosas que parecieron malvadas, pero mientras las hacía siempre tuve algún objetivo bueno en perspectiva".

'La taza de oro', 1929, fue la primera novela de Steinbeck, diez años antes de 'Las uvas de la ira' y veinte después de que Salgari hubiera descrito la caída de Panamá a manos de los filibusteros de Morgan y pese a los dos mil toros que los españoles soltaron -la cabeza baja, los cuernos horizontales, mugiendo furiosamente- para romper las líneas corsarias y desangrar a sus integrantes. Leyendo a Steinbeck compuso un poeta, y escritor en periódicos, de nombre Berton Braley 'La balada de Morgan':

Esta es la balada de Henry Morgan

que con su infame cuadrilla de ratas desaliñadas

turbó el sueño en los mares españoles.

Morgan, el bucanero

escoria y látigo del hemisferio.

Hemisferio no es palabra moderna, aunque sea estos días primeros de 2026 cuando ha regresado al debate público de la mano de un bucanero. A Morgan lo llamaron 'el alacrán del Caribe, látigo del Hemisferio'. Es probable que a Trump le llenara de gozo, hombre humilde, ponderado y sereno como se ve que es, heredar el título que acompañó hasta su lecho mortal a Morgan, incapaz de arrepentirse de sus pecados porque ningún pecado creyó cometer nunca al frente de su flota corsaria. En favor de Morgan habrá que decir que él se limitó al Caribe y nunca llegó tan al norte en el Atlántico como para intentar quedarse con Groenlandia.

Groenlandia, isla gigantesca, extraordinariamente poco habitada, en gran medida inhabitable, administrativamente dependiente de la diminuta Dinamarca europea, en inglés se dice Greenland. Y es de Greenland de quien ha avisado Donald Trump que habrá novedades a la vuelta de dos semanas.

"It’s true" en boca de este ciudadano siempre es una broma pesada. Tal como fabricó su argumentario (o coartada) para intervenir militarmente en Venezuela, tal como lo sigue fabricando para tener intervenida Colombia y tener tutelado México, tal como lo fabricó para imponer a Europa aranceles, Donald Morgan Trump va esculpiendo en cemento armado el argumentario para someter Dinamarca.

Si con Venezuela fue proteger a los estadounidenses del narcotráfico y la expoliación de sus empresas, con Dinamarca es proteger a los estadounidenses de la amenaza de ser atacados por los rusos y los chinos. Si para Venezuela le sirvió alegar que el pueblo necesitado estaba desatendido por el régimen, para Dinamarca le servirá alegar que en Groenlandia hay insatisfacción con el gobierno continental y unas ganas tremendas de formar parte de los Estados Unidos. Y aún añadirá "it’s true" mientras los periodistas en el Air Force One le ríen las gracias. Es lo que hay.

Seis gobiernos de la Unión Europea y uno que dejó de serlo (Reino Unido, las cinco mayores potencias económicas de la Unión, Francia, Alemania, Italia, España, Polonia más Dinamarca) han firmado un comunicado que desean que sea interpretado como un bocinazo a Donald Trump por Groenlandia, una reclamación, una exigencia. Desean que sea interpretado así aunque, en rigor, lo que dicen en sus seis párrafos es que la integridad territorial danesa ha de ser reconocida, y defendida, por todos los países que integramos la OTAN, incluido Estados Unidos.

Para entendernos, no es un 'Trump, saca tus sucias manos de Groenlandia'. Es más bien un 'Donald, estamos en ello'. ¿En qué? En aumentar la seguridad en el Ártico, con Estados Unidos, por supuesto, que eres socio esencial en este esfuerzo. (Ay Donald, que te necesitamos tanto como te tememos, ay Morgan, que ni con dos mil toros te frenamos).

Sánchez esquiva mencionar la palabra "Trump"

A golpe de comunicados sin ánimus molestandi se va escribiendo la historia de cómo Europa asume que Trump se ha descontrolado y que solo cabe cruzar los dedos. Prueba de la ferocidad trucha con que los gobiernos europeos advierten a Trump de que no le pasarán ni una es que, de nuevo, ayer el presidente Sánchez habló de la operación Trump en Caracas y de la operación Trump para Groenlandia sin mencionar el apellido Trump. Valientes con reparos.

Solo nos vamos a callar el nombre de quien representa la amenaza. Por supuesto, ni los siete gobiernos abajo firmantes ni el resto de la Unión Europea o de la OTAN han alcanzado a sugerir, siquiera, qué se supone que harían en caso de que Morgan Trump impusiera al gobierno danés condiciones de obligado cumplimiento so pena de apropiarse él de la gestión de Groenlandia.

Solo nos vamos a callar el nombre de quien representa la amenaza

Desde el sábado sabemos cuál es el verbo que conjuga la Casa Blanca para estos casos: to run, los tele gobernamos nosotros y usted, primera ministra danesa, Frederiksen, y ustedes, primeros ministros de Italia, de Alemania, de España, si acaso nos lo agradecen por lo seguros que vamos a estar todos.

A golpe de comunicados blandos se va escribiendo la historia de un año inquietante y recién estrenado. Sánchez firmó el domingo otro papel. Éste, de gobiernos latinoamericanos que condenan la intervención militar en Venezuela sin mencionar, tampoco, quién ordenó y ejecutó esa intervención. Valientes con reparos.

Ha habido que esperar a que nuestro presidente saliera de España para escucharle decir algo, de viva voz, a la sociedad española respecto de lo ocurrido en Venezuela. Mientras estuvo en Madrid despachó el asunto con unos tuits. En París ya quiso comparecer ante la prensa (oye, son costumbres de esta época de plasmas). Y lo que dijo Sánchez es que él se ofrece para mediar entre el régimen venezolano y la oposición, que es algo que podía haber intentado ya antes de que apareciera Trump porque el régimen de antes y el de ahora vienen a ser el mismo.

Ocurre que ya lo decidieron. En 2024. Hubo elecciones. Y con todas las irregularidades que fue capaz de cometer el régimen -empezando por neutralizar como posibles candidatos a los líderes de la oposición-, con todo y con eso ya hubo un ganador: Edmundo González. Al que Europa, liderada por España, no quiso reconocer como presidente electo porque pa qué, si el poder lo iba a seguir teniendo Maduro.

"No reconocimos el régimen de Maduro", dice el presidente que ha seguido tratando a Maduro como presidente, a Delcy como vicepresidenta y a Edmundo González como un señor encantador al que tener paseando por Madrid. Ya hubo un comunicado gubernativo cuando Maduro ignoró el escrutinio y se atornilló en la poltrona. En el que, por supuesto, no se mencionaba a Maduro, se pedía amablemente a su gobierno que presentara las actas y se condenaba enérgicamente la detención de opositores. Año y medio después se pide la liberación de los presos políticos con la misma energía. E idéntico resultado.

Soldados españoles en Ucrania

Colofón: en el día de la Pascua Militar, cuando el rey Felipe hace su discurso sobre la Constitución, el poder civil y las Fuerzas Armadas, el presidente del gobierno reservó para París su anuncio de que buscará el apoyo del Parlamento para enviar soldados españoles a Ucrania. Solo cuando haya armisticio y para verificarlo, se entiende.

A qué punto no habrá llegado la indiferencia del presidente al Parlamento que es noticia que vaya a tener el hermoso gesto de compartir con los diputados sus intenciones. Para enviar tropas se requiere la bendición parlamentaria, si no, ¿de qué? Y quien se la bendecirá, en todo caso, al presidente, no serán sus aliados independentistas y de izquierdas sino el partido al que señala cada día como una amenaza para la seguridad de los españoles. Es decir, el PP.