Monólogo de Alsina

Alsina critica la falta de explicaciones de Adif en su toma de decisiones: "Queriendo transmitir tranquilidad acabas consiguiendo lo contrario"

La empresa de la red ferroviaria ha reducido el límite de la velocidad a 160 km/h en un tramo de la vía de alta velocidad entre Madrid y Barcelona, para levantar esa medida a las pocas horas.

Carlos Alsina

Madrid |

Monólogo de Alsina, en Más de uno

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Antes de abrir, resignado, la pequeña puerta del confesionario, el cura se colocó correctamente la estola, posó su mano derecha sobre el hombro del feligrés y, mirándole a los ojos, le preguntó: "¿Estás seguro de que necesitas hacerlo?" "Sí, padre". "Pero no has pecado". "No, padre". "¿Entonces?" "Alivia mi conciencia". "No lo entiendo", dijo el cura, "si me dices que no has pecado, ¿por qué quieres confesarte?"

Hay una expresión popular que dice que "toda precaución es poca". Pero cuando la precaución la tomas cinco meses después de haber sido advertido de un problema y sin alcanzar a explicar qué ha cambiado para que ahora sí reacciones a lo que antes elegiste desoír el efecto que consigues se parece mucho al de una confesión de culpa.

Adif, que es entidad pública controlada por el Gobierno -o sea, el Gobierno- haría bien en explicarse mejor (o en explicar, simplemente, cualquier medida que tome estos días relativa a la red ferroviaria) sin esperar a que una nota dirigida al personal de las compañías que utilizan las vías de alta velocidad trascienda a la opinión pública. Queriendo transmitir tranquilidad acabas consiguiendo lo contrario.

Adif informó ayer a las empresas que tienen trenes usando la línea Madrid-Barcelona de que entre Mejorada y Alhama de Aragón -son ciento cincuenta kilómetros de un trayecto de seiscientos sesenta, o sea, un larguísimo tramo-, la velocidad máxima hasta nuevo aviso se reduciría a 160 kilómetros por hora.

La alta velocidad, seriamente ralentizada: de 300 a 160. ¿Y por qué? Pues a falta de más explicación, la única razón que parece existir es que, a raíz del accidente de Adamuz, en los medios se ha recordado que el sindicato de maquinistas avisó al ministerio de vibraciones recurrentes, botes en los vagones, o baches (si se prefiere) en distintos tramos de alta velocidad, uno de ellos el tramo renovado el año pasado y en el que se produjo el descarrilamiento (aún no se sabe por qué) del Iryo.

La línea en la que ahora se ha restringido temporalmente la velocidad es otra (Madrid-Barcelona), pero a falta, insisto, de mayor explicación, es aquella carta que SEMAF remitió a la Agencia de Seguridad Ferroviaria unida a la alta sensibilidad que estos días existe en la sociedad respecto de la seguridad de las vías lo que ha llevado a restringir la velocidad y anunciar un examen pormenorizado de estos ciento cincuenta kilómetros de tramo.

¿Problema? Que se supone que el examen de las vías es constante, sin necesidad de anunciar medidas especiales. Así lo puso por escrito el gobierno en una respuesta parlamentaria en noviembre: "Adif analiza de manera continua la calidad de vía de las líneas y cumple con todas las normas de mantenimiento".

Y esta fue la respuesta que tuvo la carta que los maquinistas de SEMAF habían hecho llegar a la Agencia de Seguridad, preocupados por el estado de cuatro líneas de alta velocidad y por la falta de fiabilidad que los baches y la descompensación en la catenaria estaban generando en los maquinistas y los viajeros. Lo achacaban al mayor uso de la vía debido a la liberalización del sector con la inclusión de nuevas empresas, con nuevos convoyes de más peso, y al desgaste que eso generaba. Y pedían que se limitara la velocidad a 250 kilómetros por hora hasta que no se resolvieran los problemas.

Es decir, que la carta de SEMAF es de agosto, hace cinco meses. Que SEMAF nunca recibió respuesta a la preocupación expresada. Que tuvo que haber una pregunta formal al Gobierno en el Senado para que Adif se animara a pronunciarse.

Y lo que dijo fue que SEMAF no aportaba argumentos técnicos para establecer una limitación de velocidad a 250 kilómetros por hora. Ahora Adif la limita no a 250 sino a 160, sin que conste cuáles son los argumentos técnicos más allá de atender, ahora sí, cinco meses después sí, a la preocupación de los maquinistas y de proceder a una verificación que se supone que ya estaba hecha.

Si al relato añadimos que el día anterior a esta respuesta parlamentaria de noviembre, despachando la carta de SEMAF sin darle mayor importancia, el ministro Puente había anunciado, entusiasta, su plan para disparar la velocidad de los trenes de los 300 kilómetros actuales a los 350 por hora, codeándonos con China se termina de entender lo cuesta arriba que se le pone al gobierno este asunto de los baches, las vibraciones y los problemas de fiabilidad que denunciaron en agosto los maquinistas. O por qué entonces se sostuvo que no había razón alguna para ralentizar los trenes y hoy se los ha ralentizado, temporalmente, para repasar con más atención la vía.

Por supuesto, nadie ha dicho que la causa de que el Iryo se saliera de la vía en Adamuz sea la falta de mantenimiento de la vía (renovada hace menos de un año) porque aún no hay conclusiones de las dos investigaciones recién iniciadas, e incipientes. El sindicato SEMAF aclaró aquí ayer que no está diciendo que las vías sean inseguras, de ser así no habría pedido un mejor mantenimiento, sino la paralización del servicio.

El sindicato SEMAF aclaró aquí ayer que no está diciendo que las vías sean inseguras,

Lo que sí está viniendo a admitir Adif es que desoyó los avisos de SEMAF sobre el efecto que, en los propios trenes (su estructura, sus rodaduras, sus averías) tiene el mayor desgaste que tienen ahora las vías. Es lógico sospechar que si ahora es más receptivo es porque el accidente de Adamuz ha colocado el foco sobre la calidad de la red ferroviaria.

Todas las hipótesis están abiertas

Se conoció anoche este sonido. La llamada que el maquinista del Iryo hace a Atocha para avisar de que está parado en la vía porque ha sufrido un descarrilamiento. Sabe que una parte del convoy ha invadido la vía contigua pero no que, al hacerlo, ha sacado de la vía al Alvia con el que acababa de cruzarse. Y en Atocha tampoco son conscientes de ello, ni de que el Alvia esté siniestrado; muerto su maquinista, nadie pudo avisar y se creyó, al principio, que era un solo tren el que estaba afectado.

Tengo incendio, tengo heridos. El maquinista percibe la gravedad de lo ocurrido en su tren, pero aún tardará en saber hasta dónde alcanzaba la dimensión de lo ocurrido. 42 víctimas mortales deja el accidente.

Los investigadores aún tienen que analizar el vagón número seis del Iryo. Las rodaduras, los bogies, los bajos del tren, para entendernos. Podría ser que el raíl roto en el punto donde descarriló ese vagón fuera la causa, como explicó ayer aquí el ministro, o fuera la consecuencia.

Es decir, que alguna pieza pesada se hubiera desprendido de los bajos del vagón y esa pieza, convertida en obstáculo, hubiera provocado el descarrilamiento y hubiera roto un trozo del rail por el impacto. Se examinan, también, las traviesas de hormigón anteriores a ese punto para establecer si el daño que presentan se produjo en el momento del accidente o ya lo tenían; es decir, si algún elemento desde ese vagón provocó también ese daño.

El ministro del Interior habla en primera persona del plural, porque es la guardia civil la que lleva una de las investigaciones. La otra corresponde a la comisión técnica adscrita al ministerio de Transportes, de la que quiso subrayar ayer el Gobierno que, aunque esté adscrita, es perfectamente independiente. Mensaje del Gobierno: todas las hipótesis abiertas.

En realidad, hipótesis ahora mismos solo dos: la vía estaba deteriorada y las ruedas del Iryo perdieron el contacto; o fue el tren el que sufría algún defecto que hizo que las ruedas se salieran. En este segundo supuesto, lo que quedaría, entonces, cuestionada es la revisión que pasó el tren la semana pasada y en la que no se le detectó nada anómalo.

Y entretanto, en el lugar del siniestro fueron levantados ya los dos vagones del Alvia y eso permitió recuperar los tres cadáveres que permanecían allí y trasladarlos al instituto de medicina legal. Hoy es el segundo día de luto oficial y el tercero que empieza, para algunas familias, esperando que les sea confirmado el fallecimiento de su ser querido y entregados los restos para poder regresarlos a casa.

Los Reyes estuvieron ayer en Córdoba para alentar a las familias de los fallecidos, interesarse por el estado de los heridos y agradecer a los vecinos de Adamuz la entrega que demostraron en las primeras horas después del accidente.