Monólogo de Alsina

Alsina analiza en su monólogo el informe de la UCO sobre Santos Cerdán: 'Qué iba a saber Sánchez'

El director de Más de uno ha analizado la nueva investigación que señala que la empresa Servinavar era la encargada de pagar el alquiler del ático en Chamberí al exsecretario de Organización del PSOE.

Carlos Alsina

Madrid |

Monólogo de Alsina, en Más de uno

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. El telar sin lanzadera fue una de las patentes más celebradas en la España del franquismo -estamos en la semana del Franco ha muerto-. Fue celebrada, sobre todo, por la empresa que la registró, Matesa, que atribuyó a aquella extraordinaria innovación la creación de filiales en Estados Unidos para poder exportar allí su producto.

Recibió un crédito, tan extraordinario como la patente, de la banca pública para financiar su expansión, pero el globo acabó explotando entre sospechas de que los telares exportados no existían porque el negocio real era el dineral recibido como préstamo y movido por ahí para sacarle jugo al cambio de divisas.

Fue uno de los escándalos más sonados del franquismo -entonces también había escándalos, aunque no hubiera prensa libre-, y dio pie a que se celebraran dos cosas: una comisión de investigación en las Cortes (mira) y una investigación judicial en el Supremo (mira). El principal acusado, Joan Vilá Reyes, proclamó su inocencia, lo atribuyó todo a una persecución política, se hizo pasar por demócrata y pronunció una frase lapidaria: "El camino de la libertad en España pasa por Carabanchel".

Era un mártir: encarcelado no por corrupción sino por trabajar para que España avanzara. Fue condenado, cumplió solo una parte de la pena y luego Franco lo indultó. Todo esto lo recuerda Miguel Ángel Aguilar en su libro 'No era costumbre'. No era costumbre en España que se acabara muriendo Franco.

¿Cuánto dices que cobra?

La segunda historia es apócrifa y es del año 2000, o por ahí. A mí me la contó alguien que decía estar en la pomada. Sucedió que un secretario de Estado se compró una casa e invitó a la inauguración a compañeros del partido y del trabajo. Entre ellos, porque había confianza, al líder supremo del partido y del gobierno (entonces no se le llamaba puto amo, creo).

Llegaron los invitados y celebraron la amplitud de la vivienda, lo acertada de la reforma, la magnífica calidad de los materiales. Luego llegó el presidente, que era más sieso, y compartió calladamente el diagnóstico: la vivienda era magnífica y la calidad de los suelos, las puertas, el mobiliario, excelsa. Pero entonces le hizo una pregunta a quien le acompañaba: ¿cuánto dices que cobra un secretario de Estado? La pregunta era una condena. Con el salario que percibía era imposible que aquel hombre se hubiera podido hacer aquella casa.

El líder vio claro que aquello apestaba a ingresos no declarados y, unas semanas después, el secretario de Estado fue discretamente removido de su puesto. Una regla de oro de ladrones y atracadores es: no exhibas el dinero que tienes porque no puedes justificar cómo lo has obtenido.

El 18 de junio de 2017, Pedro Sánchez recuperó la secretaría general del PSOE y colocó en Ferraz a quienes le habían acompañado en su aventura del Peugeot. De Navarra se vino en septiembre Santos Cerdán, que le encomendó a un tal Koldo, con el que tenía enorme confianza, que le buscara un piso de alquiler cerca de la sede. La central socialista está en Chamberí, barrio de los más caros de la capital.

El piso elegido estaba en Cardenal Cisneros, un alquiler asequible para un ex diputado autonómico sin más ingreso que el salario del partido: ochocientos euros mensuales. Ahora sabemos que nunca los pagó él. Se los pagaba una empresa llamada Servinabar con la que Cerdán alega no tener más vínculo que la amistad con su propietario, ay, Antxón, que generoso, pagándole el alquiler a uno de los escuderos de Sánchez. Quién iba a saber que la casa la pagaba una empresa y quién iba a preguntarse por qué.

Nueve meses después sucede un acontecimiento formidable. Sánchez, con Iván Redondo, con Ábalos, con Pablo Iglesias, con Cerdán, saca adelante una moción de censura que tumba a Rajoy y lo coloca a él en la presidencia del Gobierno. Junio de 2018. Y mira esta otra cosa formidable que sucede: Cerdán se cambia de casa. En julio liquida su contrato de alquiler de ochocientos euros y se muda a un piso más grande en Hilarión Eslava, más cerca de Ferraz y en una calle más cara: la broma le sale por tres mil euros al mes. El piso lo vale: es un ático con terraza en Chamberí.

Él no ha cambiado de trabajo, no le han subido el sueldo. Lo único que ha cambiado en su vida es que su partido va a gobernar España. Con un gobierno progresista, calcula -y calcula bien- que él va a progresar. Tres mil euros de alquiler que, por supuesto, sigue sin pagar él. Página 187 del informe de la UCO de ayer: Servinabar abona la fianza en julio de 2018 y el primer recibo en agosto. Le sigue pagando el piso más de un año.

Y paga, también, unos gastos por gestiones diversas a una sociedad que, casualidades de la vida, se llama Consulting Moncloa. Moncloa, por el barrio, no por el Gobierno recién llegado que a Cerdán le había invadido de confianza en una vida mejor. Hay dos opciones: o Santos era un hombre tan reservado que ninguno de sus colegas sabía dónde vivía, o ninguno de sus colegas, viendo que se mudaba a una calle carísima y a un ático de 120 metros cuadrados, quiso hacerse la pregunta: ¿cuánto dices que cobra un secretario de coordinación territorial?

Hay dos opciones: O Santos era un hombre tan reservado que ninguno de sus colegas sabía dónde vivía o ninguno de sus colegas quiso hacerse la pregunta

Aún había, la semana pasada, dirigentes socialistas que decían en privado que a Santos Cerdán no le habían encontrado nada. No ellos, que jamás se molestaron en buscarlo, sino la UCO y el juez que investiga el caso Koldo. Aún decía el mes pasado el ministro Puente que no veía que la investigación tuviera mucha enjundia porque el dinero no aparecía.

Qué empeño en sacar conclusiones de investigaciones no concluidas. No aparece el dinero, nada se sabe de mordidas, a ver si va a ser verdad que nuestro Santos era santo y lo hemos arrojado, sin motivo, a la la jaula de los leones. Ya dijo el presidente del gobierno que dimitir es no respetar la presunción de inocencia, lo que pasa es lo que lo dijo sobre su fiscal general, no sobre su Santos Cerdán.

El nuevo informe recoge que Cerdán se pagaba gastos con la tarjeta de Servinabar, la empresa que era medio suya -pero en secreto- y que se nutría de las comisiones que le cobrara a Acciona por conseguirle adjudicaciones. Recoge cómo la mujer del amigo Antxón está preocupada porque Paqui, que es la señora de Cerdán, no para de gastar y gastar, venga restaurantes, venga Corte Inglés, venga hacer visible que maneja más dinero del que el salario familiar justifica: lo tenéis que parar.

Recoge cómo Cerdán era el conseguidor para Acciona aprovechando su influencia en el ministerio de Fomento -lo que Aldama era para unas constructoras, Cerdán lo era para esta-, y cómo se metió en un viaje oficial a Marruecos en 2019 porque había un proyecto para construir un puerto industrial que le interesaba a Servinabar, o sea, a Acciona.

Quién iba a escamarse de que un secretario de coordinación de la Ejecutiva socialista, sin cargo alguno en el gobierno, apareciera en la delegación ministerial que viaja a Marruecos. O de que fuera Cerdán -otra novedad de ayer- quien pasara recado de parte del PNV para que el PSOE, recién llegado al gobierno, colocara en cargos relevantes de empresas públicas a gente de su cuerda: "vienen del PNV el lunes por la tarde a decirme". Víctor de Aldama fue el primero que habló hace un año del cupo vasco.

Cerdán estaba rebotado porque se habían metido en unas licitaciones que le correspondían a él y, para compensarle, le hicieron llegar un sobre con dinero en efectivo. Cerdán, y el PSOE, lo negaron todo. Ni había cupo ni había posibilidad alguna de que un secretario de organización decidiera adjudicación alguna. Las licitaciones estaban fiscalizadas, las decidían los técnicos y eran transparentes. Aldama presentaba listados de obras que no significaban nada y la UCO daba importancia a papelucos de Koldo.

Qué tiempos aquellos en que Sánchez reprobaba a Feijóo por hacerse eco de las informaciones que adelantaban los informes de la UCO, y en que Cerdán prometía, amparado por Sánchez, rebatirlo todo, ay, Paqui.

Qué tiempos aquellos en que periodistas extraordinariamente bien informados, en sincronía con el jefe de prensa (entonces) de Ferraz, aleccionaban a otros colegas asegurando que el famoso informe de la UCO sobre Cerdán no existía. Pues para no existir, este ya es el segundo. Y tan malo para él como el primero.