Monólogo de Alsina

Alsina analiza en su monólogo la declaración de Leire Díez: "Las fontaneras se disfrazan de periodista"

El director de Más de uno ha hecho un repaso de la comparecencia de la supuesta periodista de investigación ante el juez, así como de la del todavía president de la Generalitat, Carlos Mazón, en el Congreso.

Carlos Alsina

Madrid |

Monólogo de Alsina, en Más de uno

Sucedió hace cincuenta y siete años. Le preguntó el director del periódico a su reportero, cuando éste le mostró las fotografías fabulosas, y exclusivas, que había conseguido: "¿Tendremos jaleos?" Respondió el reportero: "Supongo que sí, director. He rozado lo punible".

Ayer, a esta hora, les conté lo de Felipe Navarro, Yale, el reportero de Nuevo Diario que husmeaba en La Paz la agonía de Franco -estamos en la semana de Franco ha muerto- y llamaba a su redacción diciendo que era la tía María Teresa de Santander, para que la policía no sospechara. Tres horas después de recordar el sucedido nos visitó ayer la hija de Yale, novelista superventas de nombre Julia Navarro, y recordó cómo su padre presumía de haberse colado en La Paz disfrazado de monja.

No, de cura no, ¡de monja! Experiencia en el disfraz tenía, porque siete años antes se había colado en el mismo hospital disfrazado de camarero y con una caja de cervezas vacía. "¿A dónde va?", le preguntaron en la rampa de urgencias. "A recoger los cascos en la cafetería". Y se fue para dentro.

En realidad, a lo que iba era a enterarse de cómo le había ido al yerno de Franco -el yernísimo; Franco tenía cuñadísimo, yernísimo, y nietísima, esto de los superlativos para familiares de gobernantes no es invento de ahora-, cómo le había ido al cirujano Martínez Bordiu en el primer trasplante de corazón en España. Bien no le fue porque se le murió el paciente.

De hecho, ése fue el título de la crónica al día siguiente: 'El trasplante de ayer ha muerto', como si el difunto fuera el órgano y no el enfermo. Pero los jaleos que tenía el director de Pueblo no eran por la crónica sino por las fotos: una del corazón inservible y otra del yernísimo con la bata blanca ensangrentada. Más que bata parecía delantal y más que marido de Carmencita, carnicero.

Lo que contó Yale, con los años, es que su treta había sido la siguiente. Sabedor de que la operación había sido documentada por un fotógrafo oficial para la memoria médica, le pidió una tarjeta de visita a un médico con el que tenía confianza sin decirle para qué era. Escribió en ella: "Cristóbal autoriza que entregues las fotografías al portador de la presente para su difusión en televisión española". Era falso. Y funcionó.

El rumor acabó señalando al periodista como filtrador de aquel documento gráfico. Y allanó el camino para que nueve años después fuera de nuevo señalado como autor y filtrador de las fotos de Franco entubado, inconsciente, con más cables que una subestación eléctrica y hecho un guiñapo.

Hubo un tiempo, como se ve, en que los periodistas se disfrazaban de monja o de camarero para conseguir exclusivas para sus periódicos. Y hay un tiempo, que es éste de hoy, en que las fontaneras se disfrazan de periodistas para conseguir exclusivas para partidos políticos.

Hay un tiempo, que es éste de hoy, en que las fontaneras se disfrazan de periodista

Los tiempos cambian. Causó estupor en una parte de la profesión periodística -más fingida que real, me temo- escuchar a una jefa de gabinete del jefe de gabinete de un presidente de gobierno relatar, en el juzgado, que el documento confidencial de un abogado se lo proporcionó a ella un periodista que hace información regional madrileña cuyo nombre -ay, la memoria democrática- no recuerda.

¡Un periodista proveyendo de información confidencial a una política, el mundo al revés!, se rasgaron las vestiduras algunos de mis colegas sabedores de que el trasiego de munición entre periodistas y políticos (algunos) es de doble vía. Yo te proveo de primicias y de exclusivas, tú me provees de un trato favorable y la munición de que dispongas contra mi adversario político.

Causó estupor, y de éste aún no nos hemos repuesto, escuchar a la maniobrera Leire Díez, militante del PSOE, colocada por su partido en Enusa -empresa pública- y en Correos -empresa pública-, y aupada hasta al dirección de relaciones institucionales de esta compañía cuando la dirigía otro es jefe de gabinete de Sánchez, alegar que ella es periodista (de investigación, por supuesto) cuando se reveló el primer audio de sus andanzas como sonsacadora de metralla con la disparar contra fiscales, jueces, guardias civiles, periodistas y, en general, causas judiciales. Al contrario de lo que sucedía en los sesenta, no es el reportero de verdad el que se disfraza de monja, es la monja (casada con la verdad y la justicia) quien se disfraza de reportera.

Leire se enrocó en su versión fabulada de su historia ante el juez que, ayer, la recibió en su despacho como denunciada. Sospechosa de recabar información, de manera ilícita, para malbaratar investigaciones relevantes. Lo segundo es lo más importante: la munición, obtenida (presuntamente) a base de promesas de favores, invocando a las más altas instancias, no buscaba sustentar un reportaje, o un documental, ni siquiera un libro, buscaba la nulidad de investigaciones judiciales.

Sostiene Leire que ella acudió a Ferraz con Pérez Dolset dos veces en abril de 2024. Contexto: es cuando Sánchez ha amagado con su espantada fake por la apertura de diligencias judiciales a su esposa. Acude como periodista. Dices: ¿a conseguir alguna información? No, a ofrecerla. El periodismo reinventado.

Como periodista va con Dolset a ver a Cerdán y ofrecerle audios de la factoría Villarejo que permitan al PSOE presentar al presidente como víctima de una persecución de hace años. Título del reportaje: pero qué me estás contando, Leire.

Pero qué me estás contando, Leire

Los audios aparecerán publicados unos días después, nota al margen, en el diario El País, aunque incompletos. Utilidad se ve que sí les fue encontrada. Reciben a la desconocida reportera no sólo Santos Cerdán y su jefe de prensa, sino Antonio Hernando, alto cargo socialista que en aquel momento presta servicio en la Moncloa como adjunto al director de gabinete Óscar López -el mundo es un pañuelo-.

Y que debió de pedirse unas horas libres para trasladarse a Ferraz a escuchar a una desconocida que venía de la mano de un empresario investigado poseedor de las grabaciones villlarejas, pura rutina de director adjunto de gabinete. Lo interesante es qué contó Hernando de regreso a la Moncloa y cuánto esfuerzo hizo el PSOE por disuadir a la fontanera de que siguiera fontaneando. ¿O le aplaudió por hacerlo? No se sabe.

Leire Díez sostiene ahora que ella nunca trabajó ni para Cerdán ni para el PSOE. Que ella, o Dolset, aparezcan en algunas grabaciones mencionando al presidente del gobierno, o que se le escuche a ella presentarse como enviada del PSOE y mano derecha de Cerdán no impide que ahora niegue que reportara a nadie. O en palabras de su abogada, que en las grabaciones Leire no se reconoce.

Se reconoce periodista, la monja disfrazada, pero no se reconoce en las grabaciones. Coincidencia. No habrá tenido apenas trato con Cerdán, pero utiliza su misma fórmula para defenderse. Fue Cerdán quien dijo no reconocerse en las grabaciones que le hizo Koldo y en las que hablaba de licitaciones y de dinero. En el pequeño mundo de la autodefensa, todo está inventado hace tiempo.

No habrá tenido apenas trato con Cerdán, pero utiliza su misma fórmula para defenderse.

Interrogatorio sin respuesta a Mazón

Gabriel Rufián se trabaja sus interrogatorios. Lee la prensa, estudia los papeles y prepara sus preguntas y su puesta en escena. Sabe que en las comisiones de investigación es donde más luce un trabajo como ése. Pero de poco sirven las preguntas si después se impide al interrogado responderlas. Lo que se vio hace dos semanas en la comparecencia de Sánchez en el Senado se volvió a ver ayer en la comparecencia de Mazón en el Congreso. Diputados que encadenan preguntas cuyas respuestas no llegan a escucharse porque las respuestas no les interesan.

Y el tono. El tono de quien no deja responder al compareciente y, las pocas veces que le deja, apostilla sus respuestas con comentarios despectivos. Como si necesitara que se note que desprecia a quien comparece. Como si no estuviera ya claro, a estas alturas, quién desprecia a quién en la política española.

Si hago las preguntas y me las respondo, el compareciente sobra. A esta fórmula se la puede bautizar de mil maneras ninguna de las cuales es investigación. Qué no diría cualquiera de estos diputados si un entrevistador, en un medio de comunicación, les dijera cosas como "anda ya, no siga, a mí no me mienta, que no me mienta, ¿es usted capaz de decir algo que no le hayan puesto en un papel?" o "esto es como yo lo digo y punto pelota". Qué no dirían.

Pues sí, como en el Senado. Mazón sigue donde estaba. En el epílogo de su carrera política y perdiendo una nueva oportunidad, ayer, de despejar las dudas que aún persisten sobre su minutado la tarde de la riada.

Mazón sigue donde estaba. En el epílogo de su carrera política

Para acreditar la inaceptable reacción (o falta de reacción) de Mazón aquel día y su incapacidad para entender la dimensión de lo que estaba ocurriendo no hace falta pretender que, sabiendo que había ahogados, siguió comiendo como si tal cosa. No es verdad que mientras el presidente alargaba, negligente, su comida en el Ventorro se supiera ya de la existencia de víctimas mortales. Personas a las que no se localizaba, sí. Muertos confirmados, no todavía.

La ineptitud de Mazón quedó patente esa tarde y los días siguientes; el rechazo social a su gestión ha sido constante este último año; su resistencia a completar, con transparencia, las lagunas que aún quedan es un hecho que merecería por si solo su apartamiento del gobierno valenciano. La sospecha de que había fallecidos por las inundaciones llegó a los medios a primera hora de la noche del día 29. La confirmación de que había muertos porque sus cadáveres habían sido encontrados la ofreció, el propio Mazón, a las doce y media de la madrugada.

A primera hora de la mañana siguiente -está en la emisión de este mismo programa- ya había estimaciones de que podían ser decenas los fallecidos. Eran cientos las familias que no conseguían dar con alguna persona conocida. A las nueve de la mañana del día 30, veinticuatro horas después de que el camionero José Hernáiz hubiera sido arrollado por el agua, y sabiendo ya de la existencia de decenas de muertos, la mayoría de los diputados del Congreso acudió al Hemiciclo con idea de seguir con su actividad cotidiana. Se guardó un minuto de silencio al inicio del pleno…pero se inició la sesión de control porque nadie, como dijo Francina Armengol, había pedido lo contrario. Tampoco ella.

Fue muchos minutos después, cuando las informaciones hablaban de cincuenta fallecidos, cuando se convocó a los portavoces, Rufián incluido, para decidir qué se hacía. De la que salió la decisión de seguir adelante con el debate y votación de la convalidación de un decreto del Gobierno: el que establecía la forma de elegir el consejo de administración de RTVE. El ministro López mantuvo su agenda y subió a la tribuna a defender su decreto.

Buena parte de los diputados mantuvo su agenda y participó en el debate. Ninguno de ellos estaba lo bastante afectado, o consternado, como para aparcar lo que tenían previsto y, aunque sólo fuera como gesto de empatía, suspender la jornada parlamentaria. Con eso habrán de vivir también quienes aquel día así lo decidieron.

Por aquella decisión, no comparable obviamente a ninguna que pudieran tomar (o dejar de tomar) los gobiernos autonómico y central, pero decisión al fin y al cabo, también perdieron ayer la oportunidad de pedir perdón, ayer, aquellos diputados. Sobre Carlos Mazón, qué más cabe decir. Que visto lo de ayer, y es una detrás de otra, no le va a quedar más remedio que dimitir de la presidencia de la Comunidad Valenciana. Perdón, volver a dimitir.