Katharine Hepburn apenas conocía a Humphrey Bogart antes de rodar juntos 'La reina de África'. Las siete semanas que duró aquel sacrificado -y animadísimo- rodaje (en África) le permitió intimar con él y con su esposa Betty, más conocida por los espectadores de todo el mundo como Lauren Bacall.
A partir de entonces, Bogart fue para la Hepburn Bogie, uno de los hombres a los que más admiró a lo largo de su vida. Generoso, comprometido, bueno y, sobre todo, amante de lo auténtico. No toleraba a los farsantes. 'Bogie odiaba todo lo falso', escribió ella en el libro sobre 'La reina de África' que ahora ha editado Hatari. "Odiaba todo lo falso y lo odiaba tanto, que cuando empezó a usar bisoñé se odiaba a sí mismo".
Cuenta en el libro que, antes de partir para el Congo, un médico amigo de su padre le insistió en que por nada el mundo permitiese que la obligaran a meterse en el lago Alberto. El agua está contaminada por un parásito procedente de la orina y los excrementos humanos que se hace fuerte en las cañas, el esquistosoma. "¡No se meta en el agua, no se moje, o sufrirá de forúnculos en el tracto urinario y diarreas sanguinolentas!" Nadie tuvo que meterse en el lago, pero el equipo, incluida ella, enfermó de otras muchas cosas.
Una película difícil, ya digo, siempre al borde de terminar malamente. La clave era el Queen, el barco en el que rodaron las escenas principales en el río Ruki. Al equipo le caía mal el mecánico del barco, porque disfrutaba disparando a los monos. Un día se produjo un enfrentamiento, invitaron al mecánico a marcharse -al grupo mixto- y se marchó.
Alguien dijo: "¿Seguro que podemos prescindir de él?, es quien mejor conoce el barco". "¡No pasa nada", dijo el resto, "se había convertido en un lastre!" Esa noche hicieron fiesta antes de irse a dormir cada uno a su cabaña. A la mañana siguiente, estaba la Hepburn desayunando un huevo cuando se le aceró John Houston con cara de circunstancias. "Querida", le dijo, "tengo que contarte una cosa". "¿Qué pasa?" "Que el Queen se ha hundido". "Pero, ¿cómo es posible, no se quedó un hombre vigilándolo?" "Sí, él fue quien descubrió la vía de agua". "¿Y qué hizo?" "Bajarse, para no ahogarse".
El mecánico jefe en la sala de máquinas de Ferraz en 2018 era un famoso contador de historias, de nombre José Luis Ábalos. Más conocido por sus compañeros de reparto como Jose. En aquel tiempo, aún no parecían molestar a nadie sus aficiones. (Él no disparaba contra los monos, solo colocaba amantes en empresas públicas y aprovechaba los viajes a provincias para organizar reuniones de alta política con mujeres a las que pagaba por complacerle; según la doctrina del PSOE, una forma de violencia sobre las mujeres).
El mecánico jefe en la sala de máquinas de Ferraz en 2018 era un famoso contador de historias José Luis Ábalos
Un juez considera acreditado que a poco de llegar al gobierno -moción de censura mediante- ya estaba coqueteando con Víctor de Aldama, conseguidor de contratos y favores, con Koldo García Izaguirre como celestino y Santos Cerdán maniobrando en la banda.
La fiscalía anticorrupción pide para el primer caballero de Sánchez veinticuatro años de prisión solo por la primera parte de la causa sobre excrementos, orines y parásitos agazapados en las cañas, es decir, el caso mascarillas. Veinticuatro años de prisión son quince más de los que pide para Aldama, el corruptor, porque este confesó, asegurando, así, una sentencia condenatoria.
José Luis Ábalos, diputado en ejercicio repudiado por su partido cuando aún ni siquiera había sido imputado, ha permanecido en libertad, con medidas cautelares, todo el tiempo que ha durado la investigación. Solo ahora que esta pieza está concluida y lo que se avecina es el juicio, la fiscalía pide al juez un endurecimiento de las medidas para garantizar que estará presente el día que ese juicio empiece. Es decir, que no se fugue. Por eso la posibilidad de que sea enviado preventivamente a prisión es hoy más alta que todos estos meses atrás.
En estas estábamos, cuenta atrás para la posible encarcelación de Ábalos y Koldo, cuando el diario El Español se descolgó el domingo con una crónica que, citando fuentes conocedoras de la cosa, afirmó que en mayo de 2018 Koldo condujo el coche que llevó a su compadre Cerdán y a su líder político Sánchez hasta un caserío en el País Vasco para verse clandestinamente con Arnaldo Perpetuo Otegi, líder inamovible, y con antecedentes penales, del conglomerado de partidos llamado Bildu.
Dado el grado de detalle que ofrecía la información sobre las características del coche utilizado, fue inevitable que algunos lectores sospecharan que la fuente debía de ser el conductor, que es el único que se fija en qué coche conduce. Dado el derecho al secreto profesional sobre las fuentes, ni El Español reveló la identidad de las suyas ni falta que hace. Porque al día siguiente pasaron estas tres cosas:
- Una, que Óscar López, que en 2018 estaba haciendo penitencia por no ser sanchista y aún ni siquiera era presidente de Paradores, le dijo a Susanna Griso que él estaba en condiciones de calificar lo publicado de mentira.
- Dos, que Koldo, a cuerpo descubierto, respaldó lo publicado por El Español, sin que eso signifique que fuera la fuente original pero convirtiéndose en fuente confirmatoria.
- Tres, que Pedro Sánchez despachó la pregunta que se le hizo -si se reunió usted con Otegi en 2018- con la misma palabra que Óscar López, mentira, pero con la diferencia de que Sánchez sí era parte afectada y en 2018 sí pintaba, y tanto que ya pintaba. Eso es mentira, dicho con firmeza y sin el tono de pero qué me estás contando cuando salió a desmentir que hubiera tenido trato con Aldama.
Al día siguiente, el martes, Koldo se ratificó en su historia: él llevó a Sánchez clandestinamente hasta Otegi. "Si el presidente y Otegi lo desmienten", dijo, "ellos sabrán por qué lo hacen".
Así estaban las cosas cuando ayer tembló Ferraz y se restregó los ojos la Moncloa. El jefe de máquinas de 2018, diputado y ex peso pesado (o pesadísimo) del partido que gobierna España agarró el teclado y publicó un tuit que es una cerbatana: él también supo, de persona (o personas) que estuvieron allí que Sánchez y Otegi, en efecto, se vieron en el caserío.
Fuentes presenciales solo podrían ser Cerdán, Otegi, Antxón Alonso o el propio Pedro Sánchez. Para nadie es un secreto que en mayo de 2018 Sánchez y Ábalos formaban un tándem. Si a Ábalos le hubiera llegado la noticia de esa reunión por otra persona, cabe pensar que lo primero que habría hecho es pedirle confirmación a su compañero de fatigas Sánchez. Incluso reprocharle no haberlo sabido por él. O traducido: que lo que Ábalos está deslizando no solo que la reunión existió, es que a él se lo confirmó el mismo que hoy lo desmiente, o sea, Sánchez.
A María Jesús Montero le preguntaron ayer los periodistas, con el tuit cerbatana aún caliente, y salió del paso como pudo.
Luego afinaron el mensaje en Ferraz y Moncloa para hacer saber que, con la edad que tiene Ábalos y pidiendo la fiscalía veinticuatro años, hay que entender que a un ex ministro se le pueda ir la cabeza. Con el Gobierno ya sabe usted lo que sucede: si quien va al juzgado imputado es un Ábalos o un Aldama, hay que presuponer que miente. Si quien va al juzgado imputado es un fiscal general, un hermano o una esposa de presidente, hay que presuponer que quien miente es el que le acusa.
¿Vale más la palabra de un procesado o de quien no lo está? Pues también depende. Si el procesado es Ábalos y el no procesado es Sánchez, hay que creer al segundo; pero si el procesado es el fiscal general y el no procesado es un teniente de la UCO, hay que creer al primero. Y así, todo.
La trayectoria del señor Ábalos como cuentista está sobradamente acreditada, Hans Christian Ábalos. No dijo la verdad ni sobre su relación con Aldama ni sobre sus viajes por España con Jéssica y con Koldo. Es posible que Ábalos y Koldo se hayan inventado una reunión clandestina de Sánchez con Otegi.
¿Por qué lo hacen?
Pero lo intrigante es, en ese caso, por qué lo hacen. Qué mensaje están haciendo llegar a su antiguo mentor y qué esperan que este haga por ellos: qué, ante quién y cuándo. Pongamos que el mensaje esté siendo: "mira el follón en el que te podemos meter inventándonos cualquier cosa, fabula que algo queda".
¿Qué les lleva a pensar que haciendo eso van a conseguir de Sánchez les consiga algo que hasta ahora no hayan tenido? ¿Qué frene a la fiscalía, como Bárcenas le pedía a Rajoy, Luis sé fuerte? ¿Que sea neutralizado el fiscal anticorrupción Luzón, como habría deseado Leire? No se sabe.
El mensaje podría ser este otro: 'La inventada sobre Otegi puedes torearla porque no puede aparecer prueba alguna, pero de otros asuntos incómodos que la opinión pública no conoce sí podremos aportar prueba porque esos otros asuntos sí existieron'. Pero la pregunta seguiría siendo la misma: qué creen Ábalos y Koldo que Sánchez puede hacer por ellos en este día de riesgo de cárcel.
Qué creen Ábalos y Koldo que Sánchez puede hacer por ellos en este día de riesgo de cárcel
En estas mismas especulaciones, según la versión oficial, están en el puente de mando de Ferraz y la Moncloa (que es el mismo), incapaces de entender a qué está jugando esta pareja. Puede ser que estén como usted y como yo, preguntándose de qué va esto. Y puede que la única persona capacitada para descifrar a Ábalos, sus humores y sus mensajes, sea el hombre que compartió con él horas y horas de coche y horas y horas de conversaciones sobre estrategias, negociaciones y relatos. El hombre que lo tuvo a su lado cuatro años y le dio galones. O sea, Sánchez. Sánchez en el lago contaminado de excrementos que flotan.
"Tenga mucho cuidado", le dijo el médico tropical a Katharine Hepburn cuando iba a rodar La reina de África, "tenga cuidado si se moja, ¡sufrirá de forúnculos en el tracto urinario y vomitará sangre!" Echaron al mecánico del barco y se les hundió en el río. Y abierta la vía de agua, empezaron a bajarse para no ahogarse.

