LA PRIMERA DE LA MAÑANA

Marta García Aller: "Trump traiciona su promesa antibélica, pero es coherente con su teoría del hombre loco"

Marta García Aller analiza la posición errática del presidente de Estados Unidos sobre el delicado conflicto entre Israel e Irán, lo que incrementa aún más la inestabilidad geopolítica mundial.

Marta García Aller

Madrid |

¿Va Estados Unidos a atacar Irán? "Podría atacar o podría no hacerlo". Así ha explicado Trump - y lo de explicado es un decir- su postura sobre Irán, si planea o no sumarse a Israel lanzar un ataque a sus instalaciones nucleares iraníes. Trump es imprevisible, las consecuencias de un ataque así, también. Ahora dice que a lo mejor sí atacará, a lo mejor no.

La semana pasada, Trump decía que si Israel iniciara una guerra, "lo arruinaría todo". Era consistente con su posición antibelicista, la única con la que ha sido consistente. Contra Clinton, contra Biden y Contra Harris. Nada de embrollos internacionales. Ahora tiene Oriente Próximo, y el mundo, en vilo porque dice que no sabe si atacará Irán o no, que le gusta tomar una decisión final un segundo antes.

Traiciona su promesa antibélica, pero es coherente con su teoría del 'hombre loco'. A Trump siempre le ha gustado pensar que su imprevisibilidad es una ventaja. Lleva diez años presumiendo de ello.

Sigue la "teoría del loco" de Nixon, que buscaba hacer creer al enemigo que era capaz de cualquier cosa, incluso usar armas nucleares, para poner fin a la guerra de Vietnam. Ahora Trump vuelve a ponerla en práctica con Irán. ¿Simula un ímpetu disparatado o realmente no tiene ni idea de lo que va a hacer?

Tanto da que sea una estrategia calculada o mera imprudencia. El riesgo de fondo es el mismo. Aunque consiguiera con el farol, si es que es un farol, la "rendición incondicional" que pide a Teherán, el riesgo de escalada es evidente. Jameneí ya ha respondido con amenazas de "consecuencias irreparables".

Y más a largo plazo, la no proliferación de armas nucleares se vuelve imposible si los hasta ahora aliados ven un presidente estadounidense tan errático y poco confiable. Si en la Guerra Fría no proliferaron más armas nucleares, fue porque otros países creyeron que se podía confiar en los Estados Unidos para defenderlos. Pero quién va a confiar como socio en quien presume de no saber qué hará hasta el último minuto.

¿Moraleja?

La paz dura bien poco, cuando el líder está loco