Llevamos tiempo sorprendiéndonos por la de cosas que nos suceden que no habían pasado nunca y la tragedia de anoche en Adamuz nos recuerda que es aún más inquietante que nos pasen aquellas que creíamos que ya no pasaban más. Decenas de muertos y más de un centenar de heridos tras descarrilar anoche un tren en Córdoba. Qué tragedia.
Es la primera vez que hay un gran accidente la red de alta velocidad española, pero un accidente de tren, un descarrilamiento, es una cosa muy vieja. Es uno de esos accidentes que no crees que puedan pasar. Y, en realidad, cualquiera podríamos haber ido este domingo por la tarde en uno de esos trenes que unen Andalucía y Madrid que han acabado hechos un amasijo de hierros.
El tren que descarriló es un Iryo que había salido de Málaga a las 18.40 y en el que viajaban 300 personas. Descarrilaron tres vagones, que chocaron con un Alvia que había salido de Atocha a las 18.05 y se llevó la peor parte. Varios vagones salieron despedidos, algunos cayeron por un terraplén. Hay muchísimas víctimas y el rescate de los cuerpos está siendo muy complicado. Noche de ambulancias y coches fúnebres. De caos y frío en Adamuz. Y miedo. Mucho miedo.
A los que iban abordo de los trenes y a sus familias, todo el apoyo del mundo. Muchos familiares han pasado esta noche tratando de localizar desesperadamente a las víctimas. Ramón buscaba a Tamara, su mujer, que casi pierde el tren en Huelva. Casi. No la encuentra. Antonia y su hija, que iban en el Alvia, parece que están bien. Pero a su hija se la llevó una ambulancia porque está embarazada. Hay aún muchos desaparecidos.
Los vagones que descarrilaron son el 6, el 7 y el 8 del Iryo y los dos primeros del Alvia. No son un número. Son la diferencia entre la vida y la muerte. La constatación de que a veces la vida depende de qué número de asiento te asignan al subir al tren.
¿Moraleja?
Noche de angustia y desesperación
ahora empieza la investigación
