Hay un país en el que un grupo de hombres armados con metralletas y cubiertos con pasamontañas van pidiendo por la calle a la gente que se identifique y les disparan si les graban con el móvil. Da igual que vayan a la compra, que a la iglesia, que sean niños o ancianos, cualquiera puede ser apresado. Los detienen en función de su aspecto o su acento. Cometen asesinatos extrajudiciales en plena calle que nadie investiga.
Son paramilitares con licencia para matar civiles entrando en casas sin orden judicial y están haciendo desaparecer gente en calabozos. A ver, países así hay muchos, es verdad. Países en los que sus gobiernos justifican con mentiras la represión más brutal, fingiendo que garantizan la seguridad de todos mientras atemorizan a todo el que disienta.
Países así hay muchos, sí. Pero cuesta creerse que Estados Unidos se esté convirtiendo en uno. Estamos teniendo que verlo para creerlo en los vídeos de gente que se juega la vida por grabarlo. El último es el del asesinato de Alex Pretti, un enfermero de 37 años, a plena luz del día en Mineápolis, cuando grababa con su móvil la patrulla de ICE, la policía migratoria.
Pero lo de Mineapolis no tiene que ver con la política migratoria. Eso ha pasado antes. Obama tiene el récord de deportaciones de más de tres millones de personas. Pero esas deportaciones eran en la frontera, no de paramilitares con pasamontañas en fiestas infantiles de cumpleaños, ni en hospitales, ni a la puerta de los colegios, cazando gente por su acento. Pueden detenerte solo por oírte hablar en español, un idioma que en EEUU hablan más de 50 millones de personas.
Conozco españoles en EEUU, con buenos trabajos y residencia totalmente legal, que están dejando de hablar español por la calle para evitar problemas. Saben que les puede pasar a cualquiera. Que como un día vayan por la calle sin la documentación los pueden detener. Y sin garantías judiciales. Desde luego, Alex Pretti no tuvo ninguna.
¿Moraleja?
Empezaron con los inmigrantes
y ya están matando a tiros manifestantes

