Mira que ya era una idea arriesgada para un rey, exiliado de la Agencia Tributaria, publicar unas memorias para ajustar cuentas. Pues todavía había una peor: hacerse youtuber. El rey emérito, youtuber. Don Juan Carlos ha considerado buena idea grabarse una especie de vídeo a la nación tan cutre que no sabes bien si es la IA o Joaquín Reyes en Muchachada. Los jóvenes no se acordarán de Muchachada. Tampoco, claro, del emérito. Pero recordárselo así es casi peor. Mejor pasar a la historia como el señor que sale en las monedas que en un vídeo tipo First Dates.
Es verdad que con la inteligencia artificial es difícil saber si un vídeo es auténtico. Y lo último que te esperas de un vídeo así sea real. Y este lo es y no lo es al mismo tiempo. Es real y no es real. A ver, este vídeo de Juan Carlos I es verdad. Ayer hubo dudas en las redacciones de los medios sobre su autenticidad. Costaba creerlo. ¿Pero este es Juan Carlos I de verdad? Imaginemos el momento en que se hicieron la pregunta en Zarzuela. Y sí. Es él el que aparece. Es real.
Pero no es real, porque no es regio, no es propio de la realeza. Es un vídeo nada real. Los reyes no hacen estas cosas. Vale que cacen osos borrachos y elefantes en Botsuana. ¿Pero vídeos cutres en Youtube? Claro, que este rey ha hecho tantas cosas que se supone que los reyes no hacen que, bien pensado, es el remate natural a su legado de sus últimos años. Es decir, a su empeño en destruirlo.
En este vídeo real nada real, el emérito youtuber pide a los jóvenes que apoyen a su hijo Felipe VI. Más que una muestra de lealtad parece una amenaza. Y, sin embargo, pese a que la Casa del Rey, del de ahora, se ha desmarcado del vídeo, diciendo que no es "necesario ni oportuno". Paradójicamente, puede no venirles tan mal como parece. Cuanto menos real se muestra el emérito, más real hace al rey. Al real.
¿Moraleja?
El vídeo es real
y muy desleal

