Me pregunto si este empeño en que los extranjeros que vienen a vivir a España tengan obligatoriamente que aprender el idioma y se integren en las costumbres, porque es lo menos que se le puede pedir a alguien que viene a vivir aquí, faltaría más, se le va a exigir también a los jubilados alemanes en Mallorca, los rusos y saudíes en la Costa del Sol y los ingleses de Torrevieja que se niegan a pedir cañas y solo quieren pintas. Anda que no hay guetos por ahí.
A ver si el problema no va a ser el idioma sino el dinero, o mejor dicho, la falta de él. A veces cometemos el error de confundir el racismo con el clasismo. En ocasiones se parecen tanto que hace falta un experto para diferenciarlos.
Los inmigrantes son cada vez menos bienvenidos, aunque no siempre son más. Cuenta el sociólogo Hein de Haas en 'Los mitos de la inmigración' que uno de los mitos principales que rodean la inmigración es percibirla desbocada. Es falso. No vivimos ola desbocada de irregulares en Europa. El número de inmigrantes irregulares en los grandes países europeos no ha cambiado sustancialmente en los últimos 15 años. No es la inmigración irregular lo que aumenta, es su uso político como chivo expiatorio.
Percibimos que el número de inmigrantes que hay es más del doble del que en realidad es. ¿Y por qué? Hay muchos factores. ¿Porque son diferentes y lo diferente destaca más? Influye. E influye también la sensación de escasez de servicios públicos. ¿Sobran extranjeros o faltan guarderías?
Está de sobra demostrado que la inmigración impulsa la economía, pero cuando crece la población, sea su origen el que sea, hace falta ampliar las plazas en coles, invertir en profesorado, contratar personal sanitario…
A ver si entonces el problema va a ser que los que gestionan todo esto llevan tiempo a por uvas. Y luego, claro, llegan los enfados. La falta de servicios públicos enfada al ciudadano, pero la retórica antiinmigración da votos.. ¡Bingo! ¿Por qué reconocer que la culpa es de la mala gestión si se la podemos echar al último en llegar?
¿Moraleja?
El debate migratorio tiene mucho de chivo expiatorio
