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CON JAVIER CANCHO

Historia del entierro y exhumación de Larra

Es un hecho poco conocido que la primera ópera escrita en español fue obra de Mariano José de Larra.

Javier Cancho
  Madrid | 24/10/2019

Siempre hay una primera vez. La reina fue la primera princesa plebeya. ¿Recuerdan aquellos días en los que doña Letizia, en ese evento llamado pedida, regalaba a don Felipe unos gemelos de oro blanco y zafiro y un libro de Larra?

Con Larra también hubo una primera vez. Por primera vez, con el consentimiento de la iglesia, se iba a dar cristiana sepultura a un suicida. Larra fue periodista, novelista, romántico, profético y suicida. Larra escribía como Goya pintaba, ambos manejaban con soltura el negro. Es posible que Goya fuera un anticipado existencialista, Larra tenía problemas con su existencia.

Qué pasaría si acabándose la segunda década del siglo XXI, leyésemos algo que fue escrito en España hace doscientos años. Que fue escrito empleándose una palabra que hoy está casi en desuso. Qué pasaría si leyésemos algo de hace dos siglos: un artículo titulado 'Cuasi. Pesadilla política'.

En España, primera de las dos naciones de la Península (es decir, de la cuasi-ínsula), unas cuasi instituciones reconocidas por cuasi toda la nación; un odio cuasi general a unos cuasi hombres que cuasi sólo existen ya en España. En España, cuasi siempre regida por un cuasi Gobierno. Una esperanza cuasi segura de ser cuasi libres algún día. Por desgracia muchos hombres cuasi ineptos. Una cuasi ilustración repartida por todas partes. El cuasi, en fin. Canales no acabados, teatro empezado, palacio sin concluir, museo incompleto, hospital fragmentado; todo a medio hacer...cuasi.

Larra se pegaba un tiro en su domicilio de la calle de Santa Clara, en Madrid. Sin cuasis, apuntó a la sien y acertó. Un rato antes acababa de recibir la visita de su amante Dolores Armijo. Dolores era una mujer casada que le devolvía a Larra su parte, en las cartas de amor que habían intercambiado. Ella le comunicaba que volvía con su marido.

El suicidio de Larra, como la mayoría de los suicidios, tiene un componente de víscera emocional. El cadáver con un agujero en la sien, un hilo de sangre y una mueca abominable...lo encontró una hija de Larra, llamada Adela. Adela había ido a darle las buenas noches a su padre cuando se topó con la pesadilla sin haber cerrado los ojos. Para Adela fue la primera vez que contemplaba un muerto, siendo también la última vez de su inocencia.

No hay inocencia en la política, ninguna. Pero, en ocasiones, en política también hay una primera vez. Y fue entonces, cuando la muerte de Larra, el momento en el que la iglesia dijo por vez primera que con el gobierno hemos topado. Fueron las presiones del ejecutivo las que obligaron al sacerdocio a permitir que un suicida fuera enterrado en sagrado, en un nicho del cementerio del Norte, donde ahora está el estadio de Vallehermoso, en el distrito de Chamberí. Después, en 1902, los restos de Larra fueron trasladados a la sacramental de San Justo.