CON JAVIER CANCHO

#HistoriaD: El boxeador vasco admirado por Al Capone

Javier Cancho recupera la historia de Paulino Uzcudum, un boxeador español cuyos éxitos fueron celebrados en todo el mundo, incluido el mafioso Al Capone.

Javier Cancho

Madrid | 25.01.2022 12:41 (Publicado 25.01.2022 12:34)

Era leñador. Había nacido con el siglo XX en un caserío guipuzcoano. Se hizo aizkolari, se hizo cortador de troncos en los festivales de deporte rural. Fue para sacar un dinero. En su casa, había escasez. Y él era el menor de diez hermanos. Y el padre había muerto en 1919.

Paulino tenía unos brazos que parecían roca. Roca articulada. Con esos brazos, un amigo le convenció para que probase con el boxeo.

Están a punto de cumplirse cien años de la primera vez en que Paulino Uzcudum pisó un gimnasio. Le daban dos mil pesetas por aguantar una hora sobre el cuadrilátero, cuando cortando troncos -con suerte- podía ganar lo mismo en doces meses. Van a cumplirse cien años de la primera vez en que Paulino Uzcudum pisó el gimnasio de Monsieur Casalonge.

Aquel preparador francés había dirigido a Carpentier, un campeón del mundo. En menos de dos años Paulino Uzcudum ya era campeón de España de los pesos pesados.

En 1926, ante 40.000 espectadores, en la monumental de Barcelona, Uzcudum derrotaba al italiano Spalla. Acababa de lograr la corona europea. En aquel verano del 26 sucedió algo insólito.

En verano, la corte de Alfonso XIII se trasladaba al Palacio de Miramar, que está frente a la bahía de la Concha. Un día, Alfonso XIII se desplazó al caserío de doña Joaquina para felicitarla por haber criado a un púgil tan fuerte. La madre de Paulino sólo hablaba euskera de modo que el campeón tuvo que hacer traducción casi simultánea.

Cuando Paulino llegó a Nueva York era a él al que tenían que traducir lo que le decían. En la gran manzana se le promocionó contando que era un leñador que cortaba árboles descalzo sobre la nieve de los Pirineos. También se decía que no había salido del pueblo hasta los 25 años.

Finalmente, después de haber ganado varias peleas de prestigio, se midió a un tipo llamado Myers Ko Christner. De Myers publicó el New York Times que el hombre que descuide esquivar su derecha, puede que viva o puede que no. Con ese nivel de testosterona se planteó aquel combate.

Paulino ganó a los puntos. En la revista Estampa se publicaron unas declaraciones elocuentes de la señor Joaquina. Parece -dijo Joaquin aparece que el otro le dio muchos puñetazos a mi Paulino, que tiene muy mal genio, y claro, se los devolvió. Joaquina ni siquiera vio el combate. Estaba en el caserío.

Quien no perdió detalle fue Al Capone, que estaba en la primera fila en el Madison Square Garden. Al acabar el combate le invitó a pasar unos días en su mansión de Florida.