La jornada cinematográfica de hoy gira en torno al estreno de 'Un fantasma en la batalla', la nueva película del director Agustín Díaz Yanes, quien vuelve al cine tras varios años de descanso para contar la historia de una infiltrada en la banda terrorista ETA. Carlos Alsina ha conversado con él en Más de uno sobre el sentido moral, histórico y personal de esta obra ambientada en los años más oscuros del terrorismo en España.
"No entiendo cómo querer la independencia de Euskadi llevó a la muerte de 800 personas", ha dicho Díaz Yanes al explicar el punto de partida de la película. El director ha destacado que en la cinta se incluyen fragmentos de telediarios reales, desde el asesinato de Gregorio Ordóñez hasta el de Miguel Ángel Blanco, como testimonio del dolor vividos en aquellos años. "Cuando hacíamos la película, todo eran muertes y muertes. Solo una sociedad tan tranquila como la española ha podido resistir eso", ha señalado.
Durante la entrevista, Alsina comentó que al ver la película había revivido aquella época de atentados, subrayando "el gran mérito de la sociedad española, que derrotó a ETA primero desde la ciudadanía y después desde las fuerzas de seguridad”. Díaz Yanes coincidió: "Creo que costó demasiado, pero no ha habido ni un solo acto de venganza por parte de las víctimas o de la sociedad. Eso es algo admirable".
El cineasta reflexionó además sobre el paso del tiempo y la memoria: "Cuando algo tan horroroso termina, la historia suele ser cruel, especialmente con las víctimas ".
La doble vida del infiltrado
El director explicó que el conflicto moral del personaje infiltrado está inspirado no tanto en los casos reales de agentes dentro de ETA, sino en las novelas de John le Carré. "Tienes que vivir una doble vida, y eso requiere tener algo especial", comentó. "La edad te da otro tempo. Si algo sale mal, ya no pasa nada, y eso te da cierta tranquilidad".
También habló de cómo ha cambiado la forma de rodar: del celuloide al digital, "que permite repetir más y trabajar con libertad". Según Díaz Yanes, el público también ha cambiado, aunque el oficio sigue siendo el mismo: "En el rodaje solo pienso en lo que estoy haciendo... y en cenar después. El sur de Francia es una maravilla".

