Esta semana los oyentes de Más de uno le han planteado a Jorge Freire uno de esos dilemas "aleccionadores", que según el filósofo te permiten sacar alguna conclusión. En esta ocasión su autora es una compañera de oficio, una periodista, que prefiere ocultarse detrás de una un pseudónimo 'Brenda'.
Querido Jorge,
Soy periodista de tendencias y digamos que me llamo Brenda. No te quiero decir mi nombre real porque en este mundillo nos conocemos todos.
Tengo una amiga, por así llamarla, a la que, por alguna inexplicable razón, guardo un cierto afecto. Es una criatura esquiva, que siempre está ocupadísima y que cuando me intereso por ella tiene la fea costumbre de dejarme los Whatsapp en leído. Vamos, que es una mujer que, por lo general, está desaparecida.
Pero basta con que yo entreviste a un diseñador relevante para que su afecto resucite cual fénix. Y encima de forma espontánea. La última vez, tras mi charla con Jacquemus, me escribió un mensaje dulcísimo: “¡Mi amor! Cuánto me alegro por ti. Por cierto, pásame el contacto de Simon, que quiero invitarlo a mi podcast". Cuando se enteró de que iba a cenar con Palomo Spain, pasó de mujer distante pasa a confidente del alma. “¡Vamos juntas, por Dios, como en los viejos tiempos!”. Lo dice como si los “viejos tiempos” hubiesen sido algo más que un cóctel en ARCO en 2019. Si se entera de que me he visto con Rossy de Palma, ¡ay!, entonces ya cuenta por ahí que somos “como hermanas” desde la adolescencia.
Por supuesto, el tiempo que estuve en el paro, no solo no me escribió, sino que hasta me dejó de seguir en Instagram. Supongo que para no contaminar su feed con el aroma inconfundible del fracaso. Ni un emoji, ni un “¿cómo estás?”. Silencio, como si yo hubiera muerto y ella me recordara solo en los desfiles de primavera-verano.
Y, sin embargo, no sé por qué, ¡le tengo cariño!
¿Cómo me recomiendas actuar, querido Jorge? ¿Rompo lazos para siempre con esta persona, o dejo que siga apareciendo y desapareciendo de mi vida, según le convenga?
Espera tu respuesta,
Brenda.
A Freire, esta vicisitud le ha recordado a la fábula del cuervo y el zorro, el mamífero observa apetitoso un queso que el ave tiene en su pico y comienza a lanzarle halagos sobre su canto, el cuervo, presumido, se dispone a emitir unos tonos para regocijar al zorro, en ese momento el queso se le cae del pico y el zorro se lo roba, "eso es lo que te ha pasado a ti Brenda, por ser una buena persona.
Como es costumbre, Freire también ha hecho una referencia a la Grecia Clásica, tiempo en el que filósofo Protágoras solía hacer esto con Pericles, fue el más fiel de sus amigos en las épocas de bonanza de Atenas, pero en cuento llegaron las malos tiempos lo abandono sin miramientos.
Para Jorge Abad, Brenda tiene que seguir siendo buena persona,"si a ella le hace feliz ayudar al prójimo que lo siga haciendo". Begoña se muestra algo reticente, "se va a pensar que es tonta", lo que tiene que pedir es un favor a cambio de sus contactos.
Freire ha destacado, que la amistad no es utilitaria, y ha hecho referencia al pensador Alexander Nehamas, para quien "estar juntos es mucho más que hacer cosas juntos" y se ha preguntado ¿qué pasa si el plan o la actividad en común desaparece? Si en ese momento la amistad desaparece, entonces no se trata de una amiga, sino de una camarada.
El consejo de Freire para Brenda es que pese a que sea una persona confiada, "que no le vuelvan a llevar la mano a la cartera". Para finalizar, ha vuelto a tener una referencia a Grecia con una cita de Aristóteles, "oh amigos, no hay amigos". Algo que se acentúa en la actualidad con la vigencia del mundo virtual: cuantos más amigos virtuales, menos amistades sustanciales.

