Jorge Freire ha respondido de nuevo a los secretos de los oyentes, en lo que más que un dilema le ha parecido un "conflicto civilizatorio" que Manolo, uno de los oyentes Más de uno, le ha mandado por correo.
Estimado don Jorge:
Me llamo Manolo y trabajo como contable en una pequeña empresa (lo llaman start up) dedicada al diseño de moda. Un lugar donde, me temo, soy la nota discordante y la oveja negra.
Le explico: yo me considero, en el vestir y en las costumbres, un tipo clásico: mi atuendo habitual (o como dicen aquí, mi outfit) está compuesto por zapatos náuticos, pantalones de tergal, camisa beige y jersey de rombos. Acompaño el conjunto con un maletín de piel sintética color vino. Esto, que para mí es sobria elegancia, parece ser que no gusta entre mis compañeros.
Mientras escribo esta carta, el jefe de tendencias lleva un mono de mecánico color pistacho, la responsable de experiencias inmersivas camina con gafas de realidad virtual y la becaria de género fluido viste un peto dorado y plataformas transparentes. En medio de todos ellos estoy yo, con mi jersey de rombos.
El otro día me convocaron a una reunión el director creativo y la responsable de marca. Tras ofrecerme una kombucha, y después de unos unos segundos de incómodo silencio, me dijeron que mi outfit proyectaba rigidez y tristeza. “Queremos un Manolo más aspiracional”, me dijo el director creativo. Luego me lo encontré a la hora de la comida y torció el morro cuando me vio sacar el tupper de lentejas guisadas.
Esta situación, como usted comprenderá, se me hace cuesta arriba. Jorge, ¿debo actualizar, como dicen, mi narrativa visual? ¿He de cambiar mis rombos por un estampado tropical? ¿Tendría que reemplazar mis legumbres por unas guiozas de kimchi o un poke conceptual?
Un saludo, Manolo.
En primer lugar, Freire se ha mostrado partidario de instaurar en el puesto de trabajo y en la vida en general el uso de uniformes, lo podría facilitar que facilitaría la gestión de armarios y este tipo de problemas. Ha aprovechado la oportunidad para contar una anécdota de la vida de Karl Marx, que durante su militancia en la Liga de los Justos, conoció a un sastre revolucionario que defendía que en el futuro se abolirían las clases porque todas las personas vestirían igual.
Jorge Abad se ha mostrado partidario a que Manolo ceda en favor de la convivencia en su trabajo, sin embargo, Freire le ha instado a resistir. Finalmente, Jorge ha admitido que tal vez manteniendo su estilo logra que con el paso de tiempo este vuelva a estar de moda.

