Una vez más, la sombra de los crímenes de guerra planea sobre el Viejo Continente. La Fiscalía de Milán investiga si ciudadanos occidentales participaron en “safaris humanos” durante el cerco de Sarajevo, pagando miles de euros para disparar contra civiles indefensos.
El veterano reportero Gervasio Sánchez, testigo directo de aquel infierno, habla en La Brújula de Onda Cero con Rafa Latorre sobre la credibilidad de la denuncia, las dudas históricas y los horrores que él mismo presenció en Bosnia.
"No me extrañaría nada… esa guerra fue salvaje"
Rafa Latorre abre la conversación planteando, entre la incredulidad y el espanto, la denuncia de la Fiscalía. Gervasio Sánchez responde con la serenidad de quien ha visto lo peor: “Es verdad que los que cubrimos el conflicto, sobre todo en Sarajevo, nunca escuchamos rumores de que se organizaran safaris humanos con occidentales que pagaran por disparar. Sí presenciamos la presencia de mercenarios apoyando a facciones concretas”.
Sánchez recuerda el caso de mercenarios occidentales en Mostar: “Había austríacos, italianos, británicos, hasta tres españoles, dos de los cuales murieron”.
El peso de la experiencia
Para Sánchez, la historia suena a “insensatez”, pero añade: “Los que llevamos muchos años en zonas de conflicto sabemos que todo puede pasar. He visto cosas tremendas, cuando menos te lo esperas”. De hecho, ya en 1995 algunos diarios italianos recogieron rumores de este tipo de conductas.
“Sería fundamental que la Fiscalía identifique a los responsables y si hay españoles entre ellos. Vivíamos con miedo constante a los francotiradores, no solo los civiles, también los periodistas. Era un terror psicológico brutal”.
Sarajevo: el asedio perfecto
La entrevista discurre después hacia la mecánica del horror. “El cerco de Sarajevo era fácil de organizar por cómo está enclavada la ciudad. Las líneas sitiadoras podían bombardear sistemáticamente y los francotiradores alcanzaban objetivos a 250 metros”.
Sánchez relata que la ciudad se volvió un infierno diario: “Me encontré muchas veces cadáveres de niños, estudiantes tiroteados de camino al instituto, personas mayores. La pérdida de peso media de los ciudadanos fue de entre 15 y 20 kilos solo por la penuria y la necesidad de salir a buscar agua y comida bajo disparos”.
La banalidad del mal
Para Sánchez, lo más monstruoso es divertirse matando: “Lo más increíble de todo es que haya seres humanos que se diviertan asesinando y matando. Son criminales de guerra. Esto no puede quedarse en una anécdota mediática, debe investigarse hasta el final”.
Añade que la guerra es un gran negocio en el que todos, incluidas las democracias, participan desde la industria armamentística: “Todos los gobiernos han vendido armas violando la Ley de Control de Armas: da igual la ideología”.
