Vamos a actualizar cuál es la situación en Huelva y en todos los lugares castigados por las intensas lluvias, que han provocado numerosos cortes de carretera, cientos de incidencias y por el momento un herido grave. Un lamentable accidente en el que un toldo ha caido sobre un hombre en Gibraleón dejándole muy mal parado.
El funeral de estado por las víctimas de la dana
La periodista de TVE Lara Siscar leía uno por uno los nombres de los que perdieron la vida en la fatídica jornada del 29 de octubre de hace un año, en que la maldita Dana descargaba su lluvia letal y sembraba de caos y muerte la huerta sur valenciana, Utiel, Letur o Málaga.
Vámonos en primer lugar a Benétuser. A ese pequeño municipio al sur de Valencia que quedaba completamente arrasado tras la riada y que está muy lejos de haberse recuperado totalmente. Hace un rato terminaba una marcha de dos columnas de personas que en silencio han recorrido las calles en recuerdo de los muertos y en solidaridad con los vivos.
Antes se celebraba el homenaje de Estado a las víctimas, una ceremonia conmovedora en el imponente escenario de la Ciudad de las Artes y la Ciencias. Allí las víctimas se ha congregado en torno a su dolor junto a las autoridades del Estado. Hemos oído a Naira, que perdió a su marido o Virginia, que perdió a su primo Juan Alejandro en Letur y que pidió Justicia en su discurso.
Los Reyes han hecho una ofrenda floral a las víctimas, arropados por el Cant dels Ocells. Han podido además arropar a las víctimas en una ceremonia breve en la que han podido al menos trasladarles su afecto y su cercanía.
Cosa que por cierto han hecho desde el momento en que percibieron el desamparo de quienes habían sido azotados por la tragedia y sentían un vacío de muerte, por la inoperancia en algunos casos y también por el cínico oportunismo que hizo que el Estado permaneciera ausente de los lugares donde se le esperaba con ansiedad y en algunos casos con desesperación.
El duelo es necesario. Más cuando la muerte sobreviene de una manera tan inesperada y brutal. Un año después el homenaje debe dar paso a algo más y no sólo a la rendición de cuentas. De hecho quizás la inexplicable e inexplicada o quizás mejor dicho la inexplicada por inexplicable actitud de alguno aquella tarde maldita ha pospuesto una reflexión muy necesaria. Quizás este sea otro hecho político imputable a Carlos Mazón, de quien la Justicia dirá si se puede imputar otro tipo de responsabilidad.
También es verdad que hay quien de una forma obscena y de política necrófila pretende hacer culpable de lo ocurrido o único responsable de una catástrofe que tuvo otras negligencias. Porque aún no se concibe la razón de por qué nadie supo evaluar el riesgo que suponía el Barranco del Poyo donde las lluvias torrenciales fueron cebando una bomba devastadora. O la prosa averiada de un mensaje de Esalert, que se hubiera enviado a la hora que se hubiera enviado no traía las instrucciones indicadas para salvar una sola vida porque solo pedía evitar los desplazamientos y no urgía a acudir a posiciones elevadas.
Recuerden esa escena desgarradora, de la gente paseando en Paiporta bajo un cielo despejado, ignorantes de que el peligro corría por la superficie, a una velocidad de muerte y con un caudal descomunal. ¿Hemos hablado de las obras hídricas que son necesarias para que los barrancos dejen de ser lo que son desde tiempo inmemoriales?
Tampoco hemos hablado de las disfunciones de un Estado compuesto donde las administraciones se sacuden la responsabilidad y hay un presidente capaz de hacer mezquinos cálculos en función de interés político.
Eso urge, igual que urge ocuparse de quienes hoy no han conseguido reiniciar una vida que quedó truncada un 29 de octubre de 2024.

