Una noticia puede hastiar, pueden asquear, pueden indignar, pueden movilizar, puede conmover o puede agitar… hay un grado superior de noticia que es aquella fascina y qué decir si además aporta esperanza. Es lo que ocurre con el hito conocido hoy, que es la cartografía de la zonas más desconocida del interior del ser humano.
Hace ya algunos años, en 2013, la administración Obama impulsó con miles de millones un proyecto muy ambicioso, tanto que se llamó Brain, cerebro.
Hoy, más de una década después podemos celebrar el hito científico: el primer mapa del cerebro en desarrollo del ser humano, desde que es un embrión hasta que alcanza una edad adulta. Imagínense las posibilidad que ofrecer el haber cartografiado una zona desconocida, completamente ignota.
Los científicos lo explican de una forma muy pedagógica en El País: para llegar a la Luna antes hay que tener un mapa de la Luna. ¿Y adónde podemos llegar con un mapa del cerebro? Pues al origen de trastornos como el autismo, o como la esquizofrenia o como el déficit de atención… alteraciones que se producen en algún momento del desarrollo del cerebro humano y que marca de forma indeleble, en ocasiones muy dramática a quienes las sufren…
Es algo fascinante y es algo esperanzador. Desde luego si por algo será recordado en unas décadas el día de hoy será por esto, que además nos permite evadirnos, o elevarnos, aunque solo sea un momento de nuestras miserias cotidianas.
El caso del Fiscal General y las nuevas declaraciones
Juan Lobato ya no es el secretario general de los socialistas madrileños y algo tiene que ver en su caída el haber demostrado un escrúpulo moral o al menos un escrúpulo legal. A él le enviaron desde la Moncloa el pantallazo de un documento confidencial de un contribuyente para que lo utilizara en la Asamblea de Madrid contra Isabel Díaz Ayuso.
Porque resulta que el contribuyente era su novio. Cuando lo recibió se activó el instinto del técnico de Hacienda que dijo… oiga, que la difusión de esto es ilegal y la conciencia del delito fue lo que le llevo tiempo después a protegerse llevando sus conversaciones al notario.
Hoy ha comparecido como testigo en el Supremo él, Juan Lobato, y la fontanera de la Moncloa que se lo envió, Pilar Sánchez Acera. Ella es la mano derecha de de Óscar López, entonces jefe de gabinete de Pedro Sánchez.
Comparen la actitud de ambos. Juan Lobato llevó su conversación a un notario para levantar acta. Pilar Sánchez Acera borró todo rastro de las comunicaciones y ahora dice que no se acuerda de quién le envió el documento. No lo sabe.
No recuerda de quién le envió el documento pero recuerda que fue un periodista. No recuerda quién le envió el documento pero recuerda que no era de la Fiscalía General del Estado. Y ya es curioso, porque los periodistas suelen recibir documentos filtrados de fontaneros políticos y no suelen filtran documentos a fontaneros políticos.
Aquí se ha invertido el flujo de la filtración. Eso, o Sánchez Acera miente lo cual viene reforzado por el hecho de que borrara sus comunicaciones de aquella fecha.
Pero aún más curioso es que el Fiscal General del Estado había mostrado una ansiedad malsana el día anterior por recibir el documento, tanto que le amargó un partido de Champions al buen Julián Salto. Hasta entonces y esto es fundamental recordarle nadie ha publicado el contenido del correo confidencial en el que el abogado del novio de ayuso ofrece a la Fiscalía reconocer dos delitos para alcanzar un pacto de conformidad.
Se publicaron informaciones sobre esas negociaciones pero no ese pantallazo. Ese pantallazo lo publica por primera vez El Plural cuando Pilar Sánchez Acera se lo envía para vencer el escrúpulo legal de Juan Lobato, que necesita que lo haya publicado un medios antes de poder mostrarlo en la Asamblea sin incurrir en una revelación de secretos.
No puede ser, porque no se ha publicado. A Juan Lobato se lo envía la fontanera de La Moncloa y la fontanera de la Moncloa no recuerda quién se lo ha enviado pero sí se acuerda de que era un periodista pero sí se acuerda de que no era de la fiscalía. A pesar de que los periodistas reciben y no envía documentos confidenciales no publicados a los fontaneros políticos y a pesar de que solo unas horas antes Álvaro García Ortiz había mostrado una ansiedad malsana, una ansiedad anfetamínica, por hacerse con el documento.
El Fiscal General del Estado borró la cuenta de gmail en la que recibió el documento así que no se puede saber a quién se lo reenvió, Pilar Sánchez Acera destruyó las comunicaciones de esos días así que es imposible saber quién se lo reenvió.
Luego en la jornada de hoy comparecieron como testigos los periodistas que durante aquellos días publicaron informaciones sobre el presunto fraude fiscal del novio de Ayuso o sobre el correo en el que su abogado se ofreció para un acuerdo de conformidad. Pero lo que los periodistas declaran para proteger a sus fuentes no es un hecho demasiado relevante, incluso si no se compadece con la lógica más básica.
Pilar Sánchez Acera no es periodista y no puede acogerse a un secreto profesional, de ahí que para proteger a su fuente acudiera a una combinación obstructiva como la amnesia selectiva y el borrado de las comunicaciones.

