En plena confusión tras el descarrilamiento de un tren, cuando muchas familias siguen sin noticias de sus seres queridos, los psicólogos de emergencias se convierten en un apoyo imprescindible.
Elena Sánchez, psicóloga y directora clínica de Yees, empresa que colabora con Renfe, tiene a varios profesionales de su equipo atendiendo a los afectados. En conversación en La Brújula, con Rafa Latorre subraya que la clave está en acompañar en la espera, en la búsqueda de certezas y en el largo recorrido emocional que comienza mucho después de la primera noche.
La tortura de la incertidumbre
Rafa Latorre abre la conversación recordando que "la falta de certezas a veces es una tortura". Elena Sánchez coincide de inmediato: "Es justamente lo que define una emergencia, la falta de certeza sobre lo que está ocurriendo".
Explica que eso es exactamente lo que reclaman los familiares: presencia, acompañamiento y ayuda para gestionar una información que llega tarde, fragmentada y nunca es fácil de asumir.
La psicóloga detalla que su labor en estas primeras horas pasa por estar a su lado en esa búsqueda de noticias, sosteniendo emocionalmente la espera y conteniendo la angustia. Su trabajo, subraya, no consiste en dar respuestas que no tienen, sino en acompañar en la incertidumbre y poner palabras a lo que están viviendo.
Reacciones normales ante una situación anormal
Interrogada por cómo se aborda el impacto inmediato en quienes han sufrido el accidente o en sus familiares directos, Sánchez recuerda una máxima de la psicología de emergencias: "Cualquier reacción que tengan las personas es una reacción normal ante una situación anormal".
Frente a la tentación de etiquetar o juzgar, insiste en que estados de shock o incluso de "anestesia emocional" son respuestas esperables.
Subraya que, cuando alguien "no es capaz de sentir" o parece desconectado de lo que ha ocurrido, no se trata de frialdad, sino de la mente intentando gestionar algo que la sobrepasa. Por eso considera esencial estar junto a ellos, normalizando lo que sienten y anticipando que esas emociones pueden cambiar con el paso de los días.
Más allá del primer impacto: el seguimiento
Latorre le plantea que, una vez pasado el primer golpe, la psicología de las víctimas se irá transformando y requerirá trabajo sostenido. Sánchez coincide y aclara que "la psicología de emergencias no solamente está en ese primer impacto, sino también en el seguimiento posterior".
Explica que pueden aparecer nuevas reacciones "en los próximos días, incluso semanas", cuando el ruido del caos disminuye.
Según relata, muchas emociones debutan más tarde, cuando se han completado trámites burocráticos y se instala una cierta normalidad. En ese momento pueden irrumpir con fuerza la tristeza, la culpa, la rabia o el miedo.
Por eso insiste en que el seguimiento es "vital": tan necesarios como los primeros auxilios psicológicos son los acompañamientos posteriores, cuando los afectados empiezan a procesar de verdad lo sucedido.
Niños: emociones que se disfrazan
Cada víctima asume la tragedia de forma distinta y exige una intervención específica, pero el trabajo es aún más delicado con los menores. Sánchez recuerda que, si a los adultos ya les cuesta comprender lo que ha ocurrido, "imaginemos un menor" que de golpe pierde la sensación de invulnerabilidad. Lo define como un "aprendizaje abrupto" que necesita acompañamiento cercano.
Explica que en los niños las emociones se manifiestan de forma muy diferente: "La tristeza, a lo mejor, se transforma en un enfado". De ahí la importancia de trabajar también con las familias, ayudándoles a normalizar y validar lo que ven, sin minimizarlo ni dramatizarlo, para que puedan sostener a los pequeños en ese proceso.
Su mensaje es claro: comprender estos códigos emocionales es básico para que nadie se quede solo con su dolor, tampoco los más pequeños.
Cierre de la conversación
Antes de despedir la entrevista, Latorre subraya que Elena Sánchez y su equipo "tienen mucho trabajo por delante" y les desea acierto y ánimo en una tarea tan delicada.
La psicóloga agradece el apoyo y resume, implícitamente, la esencia de su trabajo en esta crisis: estar, escuchar y acompañar, desde la primera llamada hasta mucho después de que las cámaras se apaguen.
