Ahora que hablamos de grandes proclamas que luego no se compadecen con las acciones del Gobierno... Al fin el Consejo de Ministros ha aprobado el decreto para el embargo de armas a Israel. Con la urgencia con la que Pedro Sánchez lo anunció en una declaración institucional a las 9 de la mañana. Han tenido que pasar tres Consejos de Ministros para que aprobara el decreto y encima con una salvedad que ha alertado a sus socios.
Los socios más antiisraelíes se barruntaban que Sánchez les había vuelto a timar y hoy habrán comprobado que sí, que efectivamente, porque el decreto tiene una cláusula que relativiza mucho el embargo. Porque el gobierno se guarda la prerrogativa de establecer qué acuerdos con Israel son de interés general y pueden eludir. Hombre, suponíamos que todos los acuerdos que el Ministerio de Defensa suscribe con terceros son de interés general. Si no, ¿a qué interés responden?
El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, trataba de explicar esa disposición adicional por la cual el Gobierno podría poner en suspenso el embargo si así lo aconseja el interés nacional.
Lo que esto revela es que la desconexión militar total de Israel no es posible. O al menos es temeraria. Quizás quien mejor lo resumió fue el propio gobierno israelí cuando advirtió que Israel puede defenderse sin contar con España, pero que España no puede defenderse sin contar con Israel.
Lo que está ocurriendo es que los mandos del ejército han advertido del agujero de seguridad que abrirá la desconexión total con la tecnología de defensa israelí. Y el Gobierno ha entendido que no es posible. Eso es todo lo que la ONU le habrá dado al mundo. Unas escaleras mecánicas defectuosas y un teleprompter que no funciona.
Ha sido el discurso más duro con la ONU que habrá pronunciado nunca un presidente estadounidense. Ha sido de hecho una impugnación del papel de las Naciones Unidas y de su contribución a la paz en el mundo. Lo que dice Trump es que el trajo la paz, la paz trumpiana, y que cuando lo desalojaron del poder, el mundo empezó a pelearse entre sí y ahora él va a tener que arreglar porque está hecho unos zorros.
Y ha hecho un discurso feroz contra la inmigración, a la que culpa de la decadencia de Europa. Asegura que los países europeos no se atreven a abordar el verdadero problema que tienen, que es la inmigración y que por eso se están yendo al infierno.
Las pulseras antimaltrato y el procesamiento del hermano de Pedro Sánchez
Dos asuntos más en esta portada de política nacional. El Gobierno ha decidido respaldar, al menos por el momento, a la ministra de Igualdad Ana Redondo. Su gestión del fiasco de las pulseras ha sido un tumulto de mentiras y desmentidos, de contradicciones y matizaciones. En lugar de afrontar el problema decidió y hoy sabemos que es mucho más grande incluso de lo que habían denunciado los fiscales territoriales.
Hoy sabemos que el CGPJ avisó a Igualdad del mal funcionamiento de las pulseras. Que víctimas de maltrato alertaron de que sus agresores habían podido despojarse del dispositivo o las actas de las comisiones de violencia de género que hoy destapa El Mundo y que advertían de que «Hay incidencias recurrentes; las víctimas se sienten desprotegidas». En varias provincias se constataron disfunciones con las pulseras desde el nuevo contrato de Igualdad.
Pero hoy el Gobierno ha decidido ratificar. Principalmente, porque la responsabilidad ya no existe en política. Ya no hay una asunción de responsabilidades y esa es la desgracia. Sobre las feministas que tienen que hacer malabarismos para defender a Ana Redondo.
Así la respaldaba la portavoz Pilar Alegría. Pues parece que sí hay caso. La Audiencia Provincial de Badajoz ha confirmado que David Sánchez Pérez-Castejón, hermano del presidente del Gobierno, se sentará en el banquillo por los delitos de prevaricación y tráfico de influencias. Lo hará junto al secretario general del PSOE de Extremadura, Miguel Ángel Gallardo y al ex asesor de La Moncloa Luis Carrero.
Este es un caso que empezó siendo muy pequeño y se fue haciendo grande, hasta que nos enteramos que David Azagra vivió en la Moncloa escondido como el fantasma de la ópera, mientras tributaba en Portugal el sueldo público que cobraba de la Diputación de Badajoz. Parece que hay caso y que la juez Beatriz Biedma no es lo que el Gobierno decía que era.

