Las claves de La Brújula

El hidrógeno como alternativa energética

La crisis climática y el riesgo de la dependencia energética puede hacer que ganen relevancia otro tipo de combustibles, comentamos este tema con Juanjo de la Iglesia y Javier Brey, presidente de la Sociedad Española del Hidrógeno.

ondacero.es

Madrid |

En unos tiempos en que se habla mucho de dependencia energética y de lograr un mix energético que permita cubrir las necesidades de una sociedad avanzada, contaminando lo menos posible, parece buen momento para preguntarse qué fuentes de energía tenemos disponibles que nos permitan cumplir esos fines.

Así que vamos a hablar hoy del hidrógeno, un gas a partir del que se puede obtener energía eléctrica, mecánica o térmica, cuyo uso no produce dióxido de carbono, sino agua.

Lleva utilizándose desde principios de siglo XX en la industria, por ejemplo, para fabricar amoniaco, fibras sintéticas y otros muchos usos. Es una materia prima de uso común que hasta hace unos años se extraía fundamentalmente a partir de gas natural. Es lo que se llama "hidrógeno fósil". Tiene una pega: para producir ese hidrógeno fósil, vamos a producir también dióxido de carbono, que va a acabar en la atmósfera, que es lo que queremos evitar, precisamente...

Hoy, sin embargo, la situación es muy distinta a hace unos años: el hidrógeno, aparte de no producir CO₂ cuando se quema, se puede obtener a partir del agua, utilizando para ello energías renovables, como la solar o eólica. El hidrógeno obtenido por ese procedimiento puede venderse a quienes están consumiendo hidrógeno fósil, fabricado a partir de gas natural y produciendo CO₂. Un segundo uso, muy importante, es que si no tienes gas natural, puedes producir 'in situ' el hidrógeno que necesitas, sin depender del mercado.

Como ocurre con todas las nuevas tecnologías, es lógico pensar que los costes de producción van abaratándose conforme pasa el tiempo, claro que para ello hacen falta una serie de inversiones iniciales que hagan posible la continuidad de esa tecnología. La no dependencia energética puede ser uno de los argumentos más atractivos del hidrógeno en un momento como este.

Para fabricar hidrógeno necesitamos agua -incluso de mar que pude desalarse- sol o viento como energías renovables. De las tres cosas andamos sobrados en España. Es probable que lo que interese a futuros usuarios sea qué aplicaciones prácticas concretas, que ellos puedan usar, tiene el hidrógeno.

Pues, como comentaba al principio, el hidrógeno puede producir energía, térmica, eléctrica y mecánica. Puede emplearse quemándolo para obtener calefacción o agua caliente, como hacemos con el gas natural; puede producir energía eléctrica para hacer funcionar la industria o puede mover un coche con una pila de combustible.

Obviamente, aún no existe una infraestructura de puntos de repostaje que permita un uso normal de esos coches, que aunque ya se están fabricando, aún son muy minoritarios. Un asunto que puede preocupar es el impacto ambiental que puede tener la fabricación de hidrógeno. Sí es verdad que la combustión del hidrógeno no es contaminante, pero también es cierto que es necesario el uso de grandes cantidades de agua para fabricarlo. Aunque no tanta, en comparación con otras tecnologías.

Es verdad que el agua que se usa para fabricar hidrógeno va a volver a la atmósfera y finalmente a la tierra cuando se use ese hidrógeno. Pero no necesariamente en el mismo lugar del que se extrajo esa agua. Por un lado, puede desalarse el agua de mar sin que el coste de la fabricación se dispare. Y en todo caso, los problemas ambientales pueden ser evitados.