Hoy proyectaremos la mejor película de terror de todos los Tiempos. Al menos para muchos. Pero antes de desvelar el título, daremos tres pistas: primera, la historia comienza en Iraq, aunque nadie se acuerda; segunda, el tema central musical es uno de los más memorables de la historia, y tercera, el guion contiene una de las frases más espeluznantes del cine.
Señoras y señores, hoy, en Banda Sonora: El exorcista. Una obra de ficción que guarda demasiados parecidos con la realidad. Una historia demasiado conectada con el presente político: un caso de posesión que se enfrenta a la razón. Lo protagoniza una chiquilla que poco a poco, minuto a minuto, se nos va mostrando más desconocida y también más peligrosa. Acercarse a ella no es fácil, pero vamos a ello. Armémonos de valor, abramos la puerta de su habitación y descubramos a nuestra protagonista.
¿Os acordáis de cuando España era una democracia saludable en la que había presupuestos como exige la Constitución? Los hechos paranormales se nos suceden, las luces se van en todos sitios, los trenes se paran en todos los lugares, las redes telefónicas funcionan donde quieren y vuela el papeleo de los casos de presunta corrupción, ¿qué diablos está pasando? Al principio, los españoles, como la madre de la chiquilla, no comprendemos bien lo que ocurre. Detectamos la presencia de algo extraño y reaccionamos de una manera lógica, acudimos al médico convencional y escuchamos un primer diagnóstico que parece tranquilizador.
Hay algo verosímil en ese diagnóstico, no está mal tirado lo que dice el doctor sobre el lóbulo temporal. María Jesús Montero tiene un largo pasado. Está marcada por su presencia en el gobierno andaluz, que lleva el sello del caso de los ERE, de una forma de hacer política que consiste en controlar todos los mecanismos del cuerpo social. Podríamos decir que, en muy buena parte, es víctima de su propio pasado.
El problema está en que las alucinaciones no van a menos, van a más cuando regresa a donde sí se marchó y ahora vuelve como una mandada. He aquí otro reflejo paranormal, casi una psicofonía, ¿qué es esto del escaño para subir en la escala social? Veo una chiquilla bajando las escaleras de una forma diabólica, una manera maligna de concebir la política. La política no como una etapa más en la vida, sino como una forma de ganarse la vida y, como consecuencia, como una razón para combatir porque es el pan y no las ideas lo que está en juego, el juego sucio, la crueldad, la violencia, las amenazas, las malas artes para evitar la alternancia política.
La madre de la chiquilla, preocupada porque la situación empeora, desesperada, pasa del médico convencional al psiquiatra. Y el psiquiatra lleva a cabo un proceso de hipnosis para tratar de averiguar lo que ocurre.
No. La psiquiatría tampoco sirve para revelar la raíz del problema. Refleja la posesión. La posesión de una ideología sectarizada hasta el extremo de someter los principios democráticos más elementales. La presunción de la inocencia, uno de los fundamentos del Estado de derecho, puede quebrarse y girar 180 grados hasta romper el espinazo de la democracia, ¿cómo podemos sentirnos seguros cuando estas cosas se dicen con tanto descaro y desparpajo? ¿Si esto es lo que dice hasta dónde llega lo que hace? No, la psiquiatría no puede ofrecernos respuestas al misterio, ¿hay algo que puede hacerse para sanarlo?
La madre, como nos ocurrirá a los españoles con las urnas, decide que hay que practicar el exorcismo. Recurre al padre Karas y este le pide a un experto exorcista llamado Lankester que se una al ritual. Y ahí es cuando empieza a mostrarse, finalmente, la naturaleza de la forma demoniaca que posee a Chiqui, digo perdón, a la chiquilla. En una cadena de imágenes y de expresiones ardientes que empiezan con su propio jefe de gabinete.
El sanchismo ya mostrado en toda su dimensión, como vemos, tiene su manual de resistencia frente a la biblia democrática. El proceso es agotador para el sacerdote Lankaster y terrible para el sacerdote Karas. Fatal para los dos. Afortunadamente, vivimos en democracia y esa habitación se sustituye por los colegios electorales. Seguramente durará, pero será más tranquilo de lo que muchos se temen si los españoles somos capaces de mantener la templanza y la serenidad. Esa es, para mí, la moraleja de esta película que se acaba aquí, ya es casualidad, justo cuando el Padre Azpiroz y el padre Colmenero, me llaman porque hay una urgencia en la Federación Socialista de Madrid y tenemos que marcharnos con el agua bendita.
