en la brújula

La carta de Ónega a las mujeres: "Si hay injusta con una sola de vosotras, no tiene perdón de Dios.

La carta de Fernando Ónega para cerrar la Brújula dedicada a las mujeres en su Día Internacional.

ondacero.es

Madrid | 08.03.2021 23:31

Te escribo este 8 de marzo, que dicen que este es tu día. Mas no quiero entrar en la política, que tanto te utilizó. No quiero entrar en tus reivindicaciones, que voces autorizadas lo han hecho. Ni quiero entrar en eso del feminismo, ni en las declaraciones de tus líderes, ni en las razones legales que impidieron tus marchas en Madrid. Quiero escribirte solo como mujer, porque mujer ha sido mi madre, mujeres las madres de mis hijos, mujeres mis hijas, mujer la que me hace volver la mirada en la calle, mujeres las que me habéis aproximado a ese mito que llaman felicidad.

Yo soy aquel tímido de la copla que rescató Antonio Machado: “Dicen que el hombre no es hombre / mientras no oye su nombre / de labios de una mujer. / Puede ser”. Claro que es así, poeta. Y creo que siempre fue así. Por mi edad he sabido de todas. He sabido de la dama de la aldea de mi infancia que se levantaba a las cinco a ordeñar las vacas y en las mañanas heladas cuidaba de su huerto. He sabido de la esposa del pescador, de quien Manuel Rivas escribió que “ella es la madre y el padre de sus hijos”. Y de la moza estudiante a quien nunca supe decir cuánto me gustaba. Y de la madre que hacía trabajos extras para poder estudiar a sus niños. Y de las atrevidas que salían a tomar vinos y de las primeras que fueron guardias civiles y de las primeras que vistieron uniforme militar.

He sabido de la que encontré en la discoteca y de la que me enseñó a amar y de la que me hizo perder la timidez. He sabido de aquella jueza que me juzgó y de la camarera que llegó a conocer cómo me gustaba el café. He sabido de la que me hizo sentir ridículo y la que me hizo sentir mayor y la que me dirige con maestría. Y de la que escribe crónicas gloriosas y de la que merece un Premio Nóbel, que a veces tengo la impresión de que sois todas las que nos habláis de la vacuna y todas las que trabajáis en labores humanitarias y las que, ay Dios mío, estáis en las listas del desempleo. Todas con más méritos que nadie. Todas con esa necesidad demostrar todavía lo que valéis. Todas con un talento sensacional. Y todas con una definición común: sencillamente, pero gloriosamente mujeres. Esta generación, si siguen siendo injusta con una sola de vosotras, no tiene perdón de Dios.