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TERRITORIO NEGRO

Territorio Negro: La desaparición de Caroline del Valle

En Territorio Negro, Luis Rendueles y Manu Marlasca nos han contado muchas veces que no todas las desapariciones ni todos los desaparecidos son iguales. Hoy, una vez más, lo vamos a comprobar hablando de Caroline del Valle, una niña que tan solo tenía 14 años cuando desapareció, hace más de tres años, en Sabadell.

Luis Rendueles y Manu Marlasca |  Madrid |  Actualizado el 27/07/2018 a las 11:05 horas

Es Isabel Movilla, la madre de Caroline del Valle. Esto le decía a Manu el domingo en Expediente Marlasca. Desde la madrugada de ese 15 de marzo de 2015 no se sabe nada de su hija. Recientemente, el juzgado ha reabierto la causa, que estaba archivada desde junio de 2017, y ha dado un plazo de 18 meses a los Mossos para que encuentren a esta niña. Hoy, Luis y Manu nos van a explicar todo lo que se sabe de esta desaparición tan poco mediática.

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Comencemos por contar quién es la protagonista de esta historia, Caroline del Valle. Caroline nació el 21 de noviembre del año 2000, así que cuando desapareció, el 15 de marzo de 2015, no había cumplido aún 15 años. Vivía con sus padres y su hermano menor, Kevin, en un barrio obrero de Barcelona, entre Hospitalet y Montjuic. Era una niña tímida, incluso miedosa, hasta poco antes de su desaparición, coincidiendo con el inicio de segundo curso de ESO en el Instituto Montjuic y con un cambio de amigas.

Según declaró Isabel Movilla, su madre, Caroline se había convertido en una chica rebelde, que faltaba a clase con frecuencia y que pasaba de estudiar, hasta el punto de que sus padres estaban buscando alguna alternativa al instituto y ya habían pensado en matricularla en un módulo de peluquería. Un par de meses antes de desaparecer, tuvo su primer y único problema con la policía, cuando los Mossos la detuvieron junto a unos amigos y los acusaron de haber agredido y robado a un niño.

Caroline no tenía un perfil complicado, algo que indicase que podría fugarse de casa, eso lo dejan claro tanto su madre, como sus amigas e incluso los Mossos en los informes que han hecho durante estos tres años. Tras el incidente que contábamos antes, la madre de Caroline la prohibió que se juntara con sus nuevos amigos –a lo que ella no hizo caso– y la amenazó con mandarla a un centro de menores. La cría le dijo que le daba igual, que se escaparía. Estaba en plena etapa de rebeldía y hacía muchas cosas a escondidas de sus padres, pero no tenía un perfil que hiciese pensar en una fuga. De hecho, todos lo que la conocían, empezando por su madre, destacan que era muy miedosa.

Vamos hasta ese fin de semana del 14 de marzo de 2015, el momento de la desaparición de Caroline. El viernes, 13, Caroline salió con su grupo de amigos y le dijo a su madre que se quedaría a dormir en casa de su nueva mejor amiga, Silvia, una chica que no le gustaba nada a la madre de Caroline, que incluso le había prohibido salir con ella, pero –como dijo ante los Mossos– no se opuso de manera radical porque iba a seguir haciéndolo. La mujer incluso llamó al padre de Silvia para confirmar que Caroline dormiría allí.

A mediodía del sábado, Silvia y Caroline fueron a casa de ésta. La madre de Caroline le dio 15 euros a su hija y se despidió de ella pensando que iría a una discoteca de la plaza de Urquinaona y que regresaría en torno a las diez de la noche, como era habitual.

A eso de las nueve y media de la noche, Caroline llamó a su madre y le pidió permiso para quedarse a dormir en casa de Silvia. La mujer, que no se fiaba, le dijo a su hija que Silvia le confirmase eso y poco después recibió un mensaje de voz en el que Silvia le confirmaba que Caroline dormiría en su casa. Fue la última comunicación que Isabel Movilla tuvo de su hija. Desde entonces, nada o casi nada se sabe de ella.

¿Cuándo se dio cuenta su madre de que su hija había desaparecido? A las siete de la tarde del domingo, 15 de marzo, Isabel Movilla, inquieta porque su hija no volvía, preguntó a Silvia. Ésta –y aquí empiezan las mentiras y los problemas de esta investigación– le dijo que había dormido con ella, pero que por la tarde se había ido.

A la una de la madrugada del 16 de marzo, la madre de Caroline recibió un mensaje de una amiga de su hija que le confesaba que la chica no había ido a dormir a casa de Silvia, sino que se había marchado a una discoteca. A las tres de la mañana del 16 de marzo, Isabel Movilla puso la denuncia por la desaparición de su hija. Y a partir de ese momento, del instante de la denuncia, comienza una investigación que aún hoy, más de tres años después, sigue sin acabar. ¿Cómo empieza?

Es una investigación muy complicada desde el primer momento. Cuando los agentes empiezan a reconstruir las últimas horas de Caroline se dan cuenta de que nada es como parece. El grupo de amigos con los que salió esa noche de sábado estaba formado por compañeros del instituto y por varios chavales fugados de centros de menores, chicos conflictivos, con pequeños antecedentes y, sobre todo, difíciles de identificar y de localizar.

Lo primero que tienen los Mossos son solo unos cuantos nicks, alias, de Facebook y de otras redes y cuesta varios días ponerles nombre y apellidos a los testigos que estaban con Caroline esa noche. El día 21, casi una semana después, de la desaparición, la policía logra identificar a 11 chicos con su filiación completa y a cuatro más con apodos.

Esa pandilla, esos 15 chicos, casi todos menores, muchos de ellos fugados de centros, son los que cuentan a los agentes cuándo y cómo se pierde el rastro de Caroline.

Lo cuentan algunos de ellos, porque otros ni siquiera han podido ser localizados en este tiempo. Caroline, en compañía de Silvia y de otros amigos, fueron desde el centro de Barcelona a la zona hermética de Sabadell, un polígono plagado en aquel momento de locales nocturnos y que tenía un largo historial de conflictos.

Se sabe que Caroline y su panda estuvieron en la discoteca Bora Bora, porque incluso hay un breve vídeo de ella bailando. Hacia las cinco y media de la mañana, cuando el grupo de chicos entre los que está Caroline, está en la puerta de ese local, se produce una espantada cuando irrumpen en la calle dos patrullas de los Mossos. Muchos de los chicos de la panda están fugados de centros y salen disparados en varias direcciones para que la policía no los alcance. Caroline también corre. Un tiempo después, entre las 7 y las 8.30 del mañana, la pandilla se junta en la estación de Sants, como tenían por costumbre. Caroline nunca llega allí.

Es decir, que en este caso sí al menos está clara la hora y hasta el lugar en el que desaparece Caroline. Aparentemente, la investigación comienza con el viento mucho más a favor que otras de las que nos habéis hablado aquí.

Hay desapariciones en las que no hay escenario y en las que la franja temporal es mucho más amplia y en las que no hay testigos. Aquí, el problema, precisamente son los testigos o, más bien, la calidad de los testigos. Hablamos de una veintena de menores, casi todos ellos conflictivos; a muchos de ellos ni siquiera se les ha encontrado; otros huyen cuando la policía se les acerca; y muchos de los que han declarado, han mentido descaradamente. Además, como hemos visto, la denuncia se presentó algo tarde gracias a las mentiras de la supuesta mejor amiga de Caroline, y los Mossos pensaron durante un tiempo, también inducidos por las mentiras de los testigos, que estaban ante una fuga voluntaria.

Lo cierto es que se perdió mucho tiempo identificando a chicos con los que, según decían los testigos, Caroline se pudo haber escapado. Sí hay algo que llama la atención: hasta el día 23 de marzo, más de una semana después de la desaparición, la Unidad de Desaparecidos, los verdaderos especialistas en estos casos, no se hace cargo de las pesquisas. Y no olvidemos que hablamos de la desaparición de una niña de tan solo 14 años. Y a esta edad, casi de manera automática, cualquier desaparición es considerada de alto riesgo.

Supongo que en estos tres años, las investigaciones habrán apuntado hacia algún sitio, habrá alguna hipótesis más o menos bien armada de lo que pudo suceder.

Han apuntado hacia una dirección, hacia un sospechoso. Varios de los chicos que acompañaban a Caroline esa noche dijeron que en el momento de la espantada, cuando los coches patrulla de los Mossos irrumpen en la zona hermética, la niña estaba acompañada de un chico que había pasado el resto de la tarde con ellos, alguien apodado Justin, que en el momento de los hechos tenía 17 años, es decir, tenía tres años más que Caroline. Es la última persona con la que la menor fue vista.

El tal Justin, realizó unas declaraciones que reprodujisteis el domingo en Expediente Marlasca. Ya nos habéis contado aquí muchas veces que, por tanto, si es la última persona que la ve también es el principal sospechoso.

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Justin nunca ha estado detenido. Es más, los Mossos no le localizaron y no le pudieron tomar declaración hasta el 20 de abril, más de un mes después de la desaparición de Caroline, porque se había fugado del centro de menores en el que estaba ingresado. Ante la policía reconoció que Caroline estaba con él cuando comenzó la estampida, que corrieron juntos huyendo de los Mossos, pero que al cabo de unos 200 ó 300 metros, la chica le dijo que no podía más, que no podía seguir corriendo y que se iba a esconder bajo un coche. Y que nunca más la vio.

Bien, esa es la versión, recordemos, de la última persona que ve a Caroline del Valle. ¿Está avalada por alguien más?

Lo único en lo que coinciden varios testigos es en que Justin que en realidad se llama Yacine, corrió con Caroline. Lo siguiente que cuentan es que Justin se presentó en la estación de Sants más tarde que los demás, manchado de barro y con algún rasguño. Le dijo al resto de la panda que se había manchado mientras estaba escondido y que se había herido saltando una valla. Además, y esto es bastante, sorprendente, una de las menores le contó a los Mossos que Justin le había dicho esa mañana que a Caroline la había detenido la policía, algo que no le cuenta a nadie más.

El testimonio de este sospechoso no es, precisamente, muy sólido. Pero lo cierto es que los Mossos tampoco han podido encontrar durante la investigación nada suficientemente concluyente para derribar su presunción de inocencia. En sus informes hablan claramente de que es el principal sospechoso y de que, probablemente, leo textualmente, “se haya producido un fatal desenlace para la vida de la menor, ya sea por una acción directa de Yacine, ya sea de manera accidental con una posterior ocultación del cadáver o abandono de la menor accidentada”.

Hay indicios bastante bien razonados para que los Mossos tengan estas sospechas. Los Mossos dicen, con razón que Caroline no conocía la zona hermética de Sabadell, que era la primera vez que iba allí, así que es difícil de creer que se separase de Justin, con quien había estado toda la noche. Además, según declaran varios miembros de la pandilla, esa misma noche Caroline se pone nerviosa, incluso llora, en un momento en el que cree haber perdido de vista a su amiga Silvia, de quien dependía para regresar a Barcelona. También es difícil de creer que una chica de 14 años, en plenitud física y con la adrenalina del momento, se cansase de correr tras 200 metros, tal y como dice Justin.

Además, los Mossos hacen constar en su informe los antecedentes violentos del sospechoso. En el momento de la desaparición de la chica, ya tenía antecedentes por atraco, robo con violencia y lesiones. Además, un mes antes de los hechos, su padre le denunció por maltrato en el ámbito del hogar. Según la denuncia, el menor insultaba y pegaba a él y a su mujer con frecuencia, hasta el punto de hacer imposible la convivencia.

Pero, pese a ello, no ha habido manera de acusarle formalmente nunca de la desaparición de Caroline. No, en febrero de 2016, once meses después, este joven, ya mayor de edad, declaró ante el juzgado encargado del caso. Repitió casi punto por punto lo que dijo en abril de 2015 ante los Mossos. Un año después, ese mismo juzgado archivaba provisionalmente el caso, pese a que los Mossos en todos sus informes aseguraban que estaban ante un caso de un homicidio con desaparición forzada.

Imagino la desesperación de la familia de esa niña, que se ha debido ver impotente. La abogada Vanessa González, que ha representado hasta hace poco a la familia de Caroline, libró una lucha enorme para evitar el archivo y para tratar de que alguien hiciese algo más. Pidió al juzgado que derivase el caso a la Guardia Civil, pidió, con toda la lógica del mundo, que se buscase el cuerpo de Caroline si lo que decían los Mossos es que estaban ante un caso de homicidio con desaparición del cuerpo… Solo hace poco, al menos, consiguió que el caso se reabriese y que se diese un nuevo plazo de dieciocho meses a los investigadores para resolver esta desaparición.

Como en todas estas desapariciones, la familia ha tenido que soportar avistamientos falsos y hasta desalmados que quieren jugar con el dolor. Los Mossos han investigado la presencia de Caroline en distintas localidades catalanas, en Zaragoza, en un autobús urbano del centro de Barcelona… Todos estos avistamientos de personas bienintencionadas. Pero también se detuvo a un chatarrero con sus capacidades mentales disminuidas, que pedía a la familia 400 euros a cambio de información por Caroline.

Incluso, la abuela de la niña recibió una serie de mensajes de una supuesta vidente llamada Aida, en los que se aseguraba que Caroline estaba siendo prostituida en el club Paradis, en La Junquera, y que si sus padres no acudían pronto a buscarla, la vida de la menor corría peligro. No obstante, lo peor de estos años para la familia de la niña han sido los silencios y las mentiras de su supuesta pandilla de amigos.

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¿Nadie, ninguno de ellos ha tenido un arrebato de sinceridad, de piedad, de honradez? No, muy al contrario. Algunos de ellos ha dado pistas falsas a través de las redes sociales; otros no han dicho nada de lo ocurrido aquella noche y hasta su supuesta mejor amiga, Silvia, esa con la que la madre de Caroline no quería dejarla salir, dijo en el juzgado que cree que la niña está en Francia, víctima de una red de trata de mujeres. Los Mossos, sin embargo, tienen claro que Caroline murió esa madrugada del 15 de marzo de hace tres años en Sabadell.