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JULIA EN LA ONDA

Territorio Negro: El depredador de la Escuela Taurina de Murcia

Con Luis Rendueles y Manu Marlasca nos cuenta una historia de abusos y de agresiones sexuales por parte de uno de los docentes de la Escuela Taurina de Murcia, José María Ortín Leal, que está en prisión desde el pasado viernes. También durante esta temporada nos contarán novedades de casos abiertos en los últimos días.

ondacero.es
   | 15/09/2020

En 'Territorio Negro' contamos una historia llena de abusos, de agresiones sexuales y también de muchos silencios. Porque sólo con el silencio cómplice de unos cuantos se puede entender lo ocurrido en la Escuela Taurina de Murcia.

Uno de sus docentes, José María Ortín Leal, un tipo de sesenta y nueve años, está en prisión desde el pasado viernes acusado de varios delitos sexuales de los que eran víctimas alumnos y alumnas del centro, aspirantes a toreros que tuvieron la desgracia de cruzarse en sus vidas con este depredador sexual.

En los primeros días de septiembre, la inspectora responsable de la UFAM de Murcia, la unidad de policía que se encarga de la violencia sexual y los menores, recibió una información anónima. En ella se decía que en la Escuela Taurina de Murcia se estaban produciendo delitos de índole sexual.

La información daba el nombre de cuatro posibles víctimas: tres mujeres y un varón. En la primera llamada de la que tiró del hilo la Policía en la operación Estoque, descubrieron que uno de los nombres corresponde a una mujer que ya roza los treinta años. Cuando le cuentan el motivo de la llamada, la mujer rompe a llorar y les dice: “Al fin”.

La primera víctima de José María Ortín Leal

La mujer cuenta que cuando tenía quince años estaba en la Escuela Taurina de Murcia y soñaba con ser torera. José María Ortín Leal, que entonces tenía unos 55 años –hoy tiene 69–, se le presenta como entrenador de toreros y fisioterapeuta y le dice que salga de la escuela, que él la ayudará a triunfar y convence a la chica y a su familia para que se ponga en sus manos.

Ortín le decía que tenía que adelgazar, que no estaba "suficientemente fina" para ser torera y que sus masajes le ayudarían. De esta manera se la llevaba a un piso y comenzaba a masajearle los muslos y acababa en los genitales, introduciéndole los dedos en la vagina.

Tras unas cuantas sesiones, la aspirante a torero se negó a volver al piso de Ortín, pero como éste se había ganado la confianza de la familia, le dejaron un cuarto en su propia casa para que siguiese tratándola.

Abusada en su propia casa y con la complicidad involuntaria de sus padres

Así siguió durante un año. En su declaración ante la Policía contó que le masajeaba el pecho y que ella (recordemos, quince años) no entendía en qué ayudarían esos masajes a que estilizase sus piernas. La mujer narró también cómo un día se la llevó a su casa y le ordenó que se pusiese unas braguitas de papel, como las que se usan en los salones de depilación.

En lugar de la camilla de siempre, había un colchón hinchable de matrimonio y un espejo enfrente. Él intentó violarla y ella se quedó inmóvil, bloqueada y se puso a llorar. El tipo desistió y le dio los masajes habituales en un camilla que, por cierto, fue hallada por la Policía en el registro de su domicilio.

La quinceañera nunca contó nada a sus padres porque Ortín se había ganado la absoluta confianza de su familia. Cuando ella se resistía a ir a que la tratase, él le decía a su familia que era una indisciplinada y que así no triunfaría en el mundo del toro.

El tormento acabó cuando ella no vio otra salida que marcharse lejos de Murcia y con dieciséis años se fue sola a vivir a Cádiz. Nunca más supo de Ortín hasta la llamada de la Policía en esos primeros días de septiembre. Habían pasado casi quince años, pero ella recordaba perfectamente lo ocurrido.

Más víctimas que han confirmado las acusaciones contra Ortín

José María Ortín llegó a la Escuela Taurina de Murcia hace cuatro años, de la mano del diestro Pepín Liria, director artístico de la escuela. Prácticamente, las nueve víctimas restantes que ha encontrado la Policía hasta el momento –los investigadores creen que hay muchas más– han sido alumnos de la escuela en estos últimos años o han estado relacionadas con el centro por alguna vía.

Sus declaraciones ante la Policía son terribles y han servido para que el juez enviase a prisión a Ortín acusado de una retahíla de delitos: agresión sexual, agresión sexual con penetración, abuso sexual, exhibicionismo, pornografía infantil, provocación sexual, coacciones, lesiones psicológicas…

Entre las víctimas hay chicos y chicas. No distinguía entre sus víctimas, pero sí distinguía el modus operandi entre unos y otros. Entre las víctimas hay seis chicas y cuatro chicos. Sus edades van entre los once y los veintisiete años. Aunque casi todas están entre los catorce y los diecisiete.

Con las chicas, Ortín repetía el cuento de sus supuestos conocimientos de fisioterapia para abusar de ellas y para violarlas. A los chicos se los llevaba a su casa con la excusa de ver vídeos de corridas de toros para mejorar la técnica. Lo que hacía era ponerles vídeos pornográficos y masturbarse y animar a los chicos a que hiciesen lo mismo, según han declarado ellos a la Policía.

¿Cómo es posible que nadie diese la voz de alarma hasta que llegó ese anónimo a la Policía?

El caso recuerda mucho al del profesor de música del colegio Valdeluz, en Madrid, o al caso kárate, en Canarias. En esos dos casos y en éste también hay un abuso basado en la superioridad del maestro y un depredador que sabe ganarse la confianza de las familias de sus víctimas.

En el mundo del toro hay una palabra que siempre está en boca de todo el mundo: la ambición. Y Ortín lo sabía, les decía a los chicos que había que ser ambiciosos, seguir sus indicaciones y dejarse hacer para triunfar.

Además, Ortín seleccionaba a quien él consideraba los mejores alumnos, que eran los que pasaban a torear con el maestro, con Pepín Liria, el director de la escuela, la figura en la que los chicos y las chicas se miraban. Así que este sistema casi clientelar de abusos aseguraba también el silencio.

La Policía habló con Pepín Liria por teléfono porque está en cuarentena. Él dijo no saber absolutamente nada de los abusos. Más sorprendente es la postura de los propietarios de la plaza de toros de Murcia y, por tanto, de la escuela, que sostienen que Ortín era sólo un jubilado que iba por allí, pero que no daba clase a los chicos.

Decimos que es sorprendente porque la detención de Ortín se precipitó, ya que ayer, lunes, era el día en el que se iban a reanudar las clases en la escuela taurina con él como profesor, según comprobaron los agentes de la UFAM de Murcia.

De momento, la Policía detuvo a un empleado de la plaza, acusado de la omisión del deber de perseguir delitos. Era alguien que veía cómo Ortín se encerraba casi a diario en un despacho con una niña de tan solo once años.

El profesor abusaba de ella siempre en la plaza de toros, ella nunca le dijo nada a su familia y él no solo la violaba, sino que grababa las violaciones. Cuando la madre de la chica se enteró de lo ocurrido por boca de la Policía contó que nunca había imaginado nada parecido, que ella la sacó de la escuela porque tenía a Ortín conceptuado como un viejo verde, incluso narró que a ella se le insinuó y le propuso ir a un hotel con él.

A otra de sus víctimas, una muchacha de dieciséis años, la violó en una furgoneta y abusó de ellas en innumerables ocasiones. A otra de las víctimas, hermana de un alumno, le mostró los genitales en un callejón de la plaza.

A una mujer de 27 años la sobaba cada vez que la veía y como él le presentó a un abogado para que le llevase su divorcio, le dijo que “un favor se paga con otro favor”. Las declaraciones recogidas en el atestado muestran a Ortín como un depredador insaciable, dispuesto en todo momento a abusar de cualquiera, chico o chica y de cualquier edad.

José María Ortín, al fin en prisión

El viernes pasado, el juez enviaba a prisión a José María Ortín, quien no declaró ni ante la Policía ni ante el juez. El magistrado decretó el secreto de las actuaciones para que la Policía pueda seguir investigando, buscando a más víctimas y a todos esos que callaron para que Ortín pudiese seguir depredando.

La UFAM de Murcia tiene mucho trabajo aún por delante y tiene esperanzas de que la difusión de la operación Estoque anime a más víctimas a denunciar.