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JULIA EN LA ONDA

Territorio Negro: 30 años de la matanza de Puerto Hurraco

Hoy Luis Rendueles y Manu Marlasca nos llevan al pasado con la matanza de Puerto Hurraco hace 30 años, cuando los hermanos Antonio y Emilio Izquierdo asesinaron a nueve personas en las calles de esta pedanía de Badajoz. También durante esta temporada nos contarán novedades de casos abiertos en los últimos días.

ondacero.es
   | 01/09/2020

El crimen de Puerto Hurraco cierra una época, ya que es el último asesinato de una España que estaba cambiando, dando pasos hacia la modernidad, pero también en el crimen.

Los Patapelás (los Izquierdo) y los Amadeos (los Cabanillas) mantenían desde mediados del siglo XX un litigio por la delimitación de sus tierras. Los Izquierdo eran originarios de Benquerencia. Era una familia de labradores que se trasladaron a Puerto Hurraco, una pedanía de 200 habitantes, con sus seis hijos: tres varones y tres mujeres.

De los seis, solo Emilia se casó. El resto se quedaron solteros, viviendo con sus padres. Luciana, otra de las hermanas, se encaprichó de Amadeo, el mayor de los Cabanillas, que no la correspondió. Jerónimo, el primogénito de los Izquierdo, se tomó el rechazo como un agravio a su familia y en 1961 asesinó a puñaladas a Amadeo. Fue el primer episodio de sangre entre las dos familias, después de muchas rencillas provocadas casi siempre por los límites donde pastaban sus animales.

¿Hubo más episodios antes de la matanza de Puerto Hurraco?

En 1984, Isabel Izquierdo Caballero, la madre de los hermanos, murió en el incendio de su casa, un suceso que nunca llegó a aclararse del todo y del que los Patapelás culpaban a los Amadeos. Los hermanos Izquierdo llegaron a decir que los Cabanillas observaron sin hacer nada como las llamas devoraban la casa familiar mientras la matriarca agonizaba dentro.

Dos años después, Jerónimo Izquierdo salió de la cárcel tras pasar quince años entre rejas por el asesinato de Amadeo Cabanillas. Tardó pocos días en ir a buscar a otro de los familiares rivales, Antonio Izquierdo, para vengar la muerte de su madre. Le apuñaló, pero solo le pudo herir de gravedad. Jerónimo ingresó en un psiquiátrico, donde falleció pocos días después, enfermo de odio.

En agosto de 1990, Luciana, Ángela, Antonio y Emilio Izquierdo residían en Monterrubio de la Serena, un pueblo cercano a Puerto Hurraco, hasta donde se fueron tras el incendio que destruyó la casa familiar.

Allí vivían envueltos en una espiral de locura: ellos se alimentaban a base de helados de corte y jugaban a las cartas y ellas iban a arrodillarse de cuando en cuando al cuartel de la Guardia Civil clamando justicia por su madre muerta y pedían a los vecinos que apagasen sus electrodomésticos por miedo a que hubiesen camuflado bombas.

El 26 de agosto, los dos varones se despidieron de sus hermanas. Iban vestidos de cazadores, provistos de dos escopetas y con las cananas colgadas, cargadas de cartuchos. A sus hermanas les dijeron que iban a cazar tórtolas. Al menos eso señalaron luego las dos mujeres, a las que muchos atribuyeron el papel de instigadoras de la matanza.

Hacia las nueve y media de la noche en Puerto Hurraco, en una noche cálida en esta pedanía de Badajoz de la comarca de la Serena, cerca del límite con la comunidad andaluza, Emilio y Antonio Izquierdo irrumpen en la calle Carrera, la calle principal del pueblo.

A esa hora había mucha gente, pero los hermanos no disparan indiscriminadamente. Buscan minuciosamente sus objetivos, buscan a miembros de la familia Cabanillas y van descargando sus escopetas sobre ellos. Las dos primeras en caer son las dos hijas de Antonio Cabanillas, de trece y catorce años.

Emilio y Antonio incluso dan tiros de gracia a los caídos. Son quince minutos de terror, tras los que en las calles de Puerto Hurraco quedan nueve muertos y una docena de heridos.

Los hermanos huyen al monte y son detenidos horas después por la Guardia Civil

Es una imagen que forma parte de la historia del crimen y del periodismo español. Un guardia civil lleva prendido a Emilio, el mayor de los Izquierdo, mientras otro agente lleva una de las dos escopetas que perpetraron la matanza.

Los dos hermanos opusieron cierta resistencia antes de ser detenidos por la Guardia Civil cuando descansaban en un olivar cercano al lugar de la matanza. Cuatro días después, sus hermanas llegan a Badajoz, procedentes de Madrid, hasta donde habían viajado tras el crimen. En ese tren, un equipo de Antena 3 liderado por Agustín Gómez, las localiza y habla con ellas.

¿Cuál fue el verdadero papel de estas dos mujeres en la matanza?

El fiscal del caso intentó culparlas de la matanza, atribuirles el papel de instigadoras, pero la Audiencia Provincial dejó zanjado el caso en 1992, archivando cualquier acusación contra ellas.

Estas permanecieron en un hospital psiquiátrico, desde el que salieron para acudir al juicio de sus hermanos que se celebró en la Audiencia Provincial de Badajoz en enero de 1994. Acudieron entre fuertes medidas de seguridad, ya que existía el fundado temor de que los Cabanillas quisieran proseguir su venganza aprovechando el juicio.

Lo cierto es que el presidente de la Audiencia ofreció a Ángela y Luciana la posibilidad de que no declarasen –eran familiares directos de los acusados y la ley permite esto–. Eso sí, las dos hermanas besaron a sus hermanos al entrar y salir de la sala, una de las imágenes que se nos quedaron grabadas de ese juicio.

En este juicio quedó clara la jerarquía familiar. Emilio, el mayor, era el que mandaba, el que disponía, y Antonio, el tuerto, al que una gallina había destrozado un ojo de pequeño y el menor, era el que obedecía.

Emilio dijo no recordar muy bien lo ocurrido, declaró con muchas lagunas y volvió a hablar de la muerte de su madre en el incendio, del que culpaba a todo el pueblo. Su hermano, Antonio al que algunos testigos describieron como el que mató a las dos niñas y el que más cartuchos de postas descargó, dijo que solo disparó al aire.

El abogado defensor de los dos hermanos, Javier Luna Guerrero, intentó que el tribunal aplicase a los procesados la eximente completa de enajenación mental, pero los jueces no lo creyeron.

Los psiquiatras sí reconocieron que padecían una cierta distorsión de la realidad, pero que eran capaces de manejar rebaños de miles de ovejas y que sabían administrar sus bienes, hasta el punto de que en sus cuentas almacenaban diez millones de pesetas (60.000 euros) de la epoca. Los dos hermanos fueron condenados a más de 300 años de prisión cada uno.

Los cuatro hermanos Izquierdo fueron muriendo y hoy no queda ninguno

Luciana fue la primera en morir por causas naturales en el hospital psiquiátrico en el que llevaba encerrada desde 1990. Falleció a los 77 años el 13 de enero de 2005. Diez meses después, murió su hermana Ángela, con 62 años.

Antonio y Emilio no fueron excarcelados y se les impidió acudir al entierro de sus hermanas. Emilio falleció en diciembre de 2006 en la cárcel de Badajoz por un problema cardíaco. Antonio, que sí pudo acudir al entierro, se despidió de él con una frase que resume perfectamente la masacre de Puerto Hurraco y la pasta de los asesinos: "Hermano, te vas al cielo con 74 años, pero te vas con la satisfacción de que la muerte de tu madre ha sido vengada”.

El tuerto se ahorcó en 2010 tras saber que le había sido denegada la libertad condicional y que estaba obligado a pasar unos años más en la celda.