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TERRITORIO NEGRO

Territorio Negro: Operación Strabe: el crimen de Javier Ardines

Seis meses ha tardado la Guardia Civil en resolver el crimen del concejal de Izquierda Unida en Llanes, Javier Ardines. Su asesinato, ocurrido el pasado 16 de agosto en la parroquia de Pría, uno de los lugares más bellos del concejo de Llanes, abrió una investigación complejísima, bautizada como Operación Strabe por los agentes de la Comandancia de Gijón y de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil.

Luis Rendueles y Manu Marlasca | Madrid
| 26/02/2019

Hoy hace una semana, el martes pasado, tres personas fueron detenidas en Vizcaya y una cuarta, encarcelada en Suiza, fue acusada del crimen. Son los dos autores materiales del asesinato, el intermediario que buscó a los sicarios y el inductor, el hombre del que partió el siniestro encargo y pagó a los ejecutores. En Territorio Negro, vamos a dar los detalles de esta operación Strabe ¿Por qué se llama así?

Recordemos primero lo ocurrido el pasado 16 de agosto, el día del crimen. Javier Ardines. salió muy pronto de su casa, en Belmonte de Pría, a 15 minutos del puerto de Llanes, donde tenía su barco de pesca, el Bramadoria.

Ese día salió muy temprano de casa, hacia las seis de la mañana, conduciendo su furgoneta. Había quedado con una mujer, aficionada a la fotografía, que quería hacer fotos desde el barco de Ardines. A apenas 150 metros de su casa, el concejal se encontró tres vallas de obra que obstaculizaban el paso y que le obligaron a bajar del coche para apartarlas. En ese instante, alguien le golpeó en las piernas, en la cabeza y le estranguló. Ardines pudo caminar unos 70 metros antes de caer desplomado.

Esa escena del crimen dejó ya las primeras pistas… Lo primero que dedujeron los investigadores es que el crimen fue ejecutado por varias personas. Ardines era corpulento y con un carácter muy fuerte, así que debió hacer frente a sus agresores. Las extremidades de la víctima se cubrieron en busca de ADN de sus atacantes y las vallas que sirvieron para tender la emboscada al concejal se revisaron minuciosamente en busca de algún vestigio: huellas o restos biológicos, porque esas vallas habían sido manipuladas necesariamente por los asesinos. Y allí, en las vallas, hallaron una sustancia oleosa que llamó poderosamente la atención de los investigadores: eran unas manchas de color naranja, que podían confundirse con el óxido.

Durante más de dos meses, el laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil estuvo investigando esas manchas y en octubre, finalmente, determinó que se trataba de restos de espray pimienta, una sustancia que se vende como arma de defensa personal. Pulverizada sobre el rostro de alguien, provoca ceguera e irritación en los ojos y dificulta la respiración. Los investigadores concluyeron que los asesinos de Ardines emplearon el espray pimienta para reducirle. Meses después, en el momento de las detenciones, estos restos cobraron mucha importancia, como veremos más adelante.

Hablemos primero de quién era la víctima del crimen, Javier Ardines.

Javier Ardines, hijo de emigrantes, nació en Bélgica en 1966 y a los nueve años llegó a Asturias, junto a sus padres. En 1999, y tras repetidas negativas a entrar en política, acabó afiliándose a Izquierda Unida y ese mismo año fue número cuatro en las listas municipales. Poco después se convirtió en coordinador local de la formación, cargo al que renunció en una ocasión, pero que acabó retomando. Hace dos legislaturas se convirtió en cabeza de lista de IU para las elecciones en Llanes, papel que repitió en los comicios de 2015. Era hijo único, estaba casado desde los 23 años, y era padre de dos hijos y abuelo de un niño de dos años.

Y en 2015, entró a formar parte del equipo de gobierno del ayuntamiento de Llanes. Un pacto entre cuatro partidos –Foro, Vecinos por Llanes, PP e Izquierda Unida– hizo posible arrebatar al PSOE la alcaldía, en la que llevaba 28 años. Ardines fue nombrado concejal de Costas, Medio Rural y Personal y mantuvo varios desencuentros con trabajadores municipales por su intención de sacar a concurso los puestos de trabajo que algunas de estas personas ocupaban desde hace muchos años. Entre otras medidas, impulsó unas oposiciones para la Policía Local, expulsando del cuerpo a muchos agentes que habían trabajado como interinos durante los 28 años de gobiernos socialistas.

Es decir, que se buscó muchos enemigos dentro del propio ayuntamiento. Pero no solo ahí. El concejo de Llanes, 14.000 habitantes y 260 kilómetros cuadrados, tiene treinta de las mejores playas de Asturias. Desde su puesto de concejal de Costas, Ardines intentó poner coto a algunos de los excesos que se estaban produciendo en las playas llaniscas: aparcamientos en arenales, chiringuitos sin control… Ardines cortó de raíz esos excesos y también paralizó el Plan general de Ordenación Urbana, que preveía 13.000 nuevas viviendas y, lógicamente, muchos puestos de trabajo durante su desarrollo.

Empleados interinos, dueños de chiringuitos, particulares que explotaban aparcamientos… La lista de enemigos de Ardines crecía. Supongo que esa fue la primera línea de investigación de la Guardia Civil.

Sí, los agentes de la Comandancia de Gijón y de la Unidad Central Operativa empezaron por esta línea, aunque sin abandonar ninguna. De hecho, tomaron muestras de ADN a varios trabajadores municipales, revisaron las amenazas, interrogaron a interinos, hablaron con los perjudicados por las decisiones en torno a las playas… Pero no salió nada claro de esos interrogatorios. Los investigadores no pudieron encontrar a ningún sospechoso sólido, nadie con motivos tan poderosos como para acabar con la vida de Ardines por razones políticas.

Durante los seis meses que duró la operación Strabe, los agentes tuvieron abiertas simultáneamente varias líneas. Otra de ellas tenía que ver con la actividad con la que Ardines se ganaba la vida, su trabajo de pescador. Al llegar al Ayuntamiento, anunció que renunciaba a su sueldo de concejal y siguió saliendo a faenar cada mañana. Pero en esa parte de su vida, la Guardia Civil tampoco encontró zonas oscuras, episodios que justificasen un crimen.

Siempre hemos dicho que cuando hay un crimen, los investigadores no pueden dejar ninguna zona de sombra, tienen que iluminar todos los rincones de la vida de la víctima, por oscuros que resulten. En este caso, por supuesto, también se hizo.

Desde las primeras horas de la investigación, la Guardia Civil trató de reconstruir la vida de Javier Ardines. Casado, con dos hijos y un nieto, todos vivían en la misma casa de Belmonte de Pría de la que salió la mañana del crimen. El primer elemento al que se agarraron los investigadores fue el teléfono de la víctima. En él, los agentes hallaron, por ejemplo, varias llamadas perdidas de la mujer que había quedado con él esa mañana, que trataba de localizarle, y con la que había cenado la noche anterior. Fue una de las primeras vecinas en ser interrogada. A partir de ahí, los agentes tomaron declaración a muchos vecinos de Llanes y comprobaron que Ardines tenía una vida personal intensa y plagada de relaciones complicadas.

Ese gran foco de los investigadores puso luz en muchas zonas de la vida de Ardines que él mantenía en sombra, pero que la Guardia Civil necesitaba iluminar. Y entre esas sombras aparece una mujer, Katia.

Katia es prima de Nuria, la mujer de Javier Ardines. Ambas han estado siempre muy unidas y han pasado mucho tiempo juntas, desde adolescentes, en Llanes. Olaya Suárez, nuestra compañera del diario El Comercio, contaba el sábado que fue entonces, cuando Katia aún era menor de edad, cuando comenzó su relación con Javier Ardines, que ya era el marido de Nuria, la prima de Katia. La relación siguió, pese a que Katia contrajo matrimonio en el año 2000 con un vizcaíno llamado Pedro Nieva, con el que tuvo dos hijos. Las dos parejas se relacionaban con normalidad, pasaban los veranos juntos, eran inseparables y nadie sospechaba el secreto que se ocultaba allí.

Nieva y Katia compraron y restauraron una casa en Belmonte de Pría, a apenas cien metros de la de Ardines. Allí pasaban periodos de vacaciones y allí siguió la relación entre el edil y la prima de su mujer, a la que el concejal también visitaba en Bilbao. Fue hace un año cuando Pedro Nieva comenzó a sospechar que algo pasaba. Para confirmarlo, recurrió a una técnica tan eficaz como sencilla, según contaba el diario El Comercio.

Durante una comida, escondió su móvil bajo una servilleta y lo dejó grabando mientras él se ausentaba y en la mesa quedaban solo Javier Ardines y Katia. La conversación entre ellos que quedó registrada no debía dejar muchas dudas sobre el tipo de relación que mantenían. La mujer negó todo cuando su marido le pidió explicaciones, pero Nieva comenzó a fraguar su venganza.

¿Quién es Pedro Nieva? ¿Cómo se ganaba la vida?

En teoría, se dedica a la electricidad. De hecho, tenía una empresa de instalaciones a su nombre, pero la sospecha de la Guardia Civil es que sus ingresos proceden del trapicheo, que le ha proporcionado un alto nivel de vida: chalé adosado en Amorebieta, casa en Llanes, un vehículo de alta gama, motos. El pasado mes de diciembre, cuando ya estaba siendo vigilado por la Guardia Civil y era ya el principal sospechoso del crimen de Ardines, fue detenido por su relación con una plantación de marihuana desmantelada en Villarcayo (Burgos), donde los agentes hallaron mil plantas. También había dado muestras de ser un tipo violento. El ex marido de una hermana de Katia le denunció por agresión hace unos meses.

Tenemos a Pedro Nieva como principal sospechoso, pero ¿cómo va recomponiendo la Guardia Civil todas las piezas del puzle?

No sabemos aún con exactitud todos los pasos de la investigación. Pero sí sabemos que Nieva quería vengarse de Ardines, estaba loco de celos y le comentó a un amigo que necesitaba a alguien que le diese un escarmiento. Esa persona es Jesús Mugurua, un individuo que fue detenido en Tánger y en Algerciras por tráfico de drogas y que mantiene relaciones con tipos del hampa de Vizcaya. Fue él quien buscó a dos delincuentes argelinos para que ejecutasen el encargo.

Los dos argelinos recibieron instrucciones sobre el vehículo y la casa en la que residía Ardines. Viajaron varios días desde Bilbao a Llanes para preparar la emboscada, nunca se quedaban a dormir, pero el paso del vehículo en el que viajaban, un Citroen Xsara Picasso, quedó registrado por varias cámaras y, además, el teléfono de uno de ellos también estuvo posicionado varios días de agosto en Llanes, entre ellos el 16, la fecha del crimen. Antes de esa fecha, debieron intentar emboscar a Ardines, porque el concejal comentó que al salir de casa había encontrado en el camino una valla de obra que tuvo que esquivar. La mañana que lo mataron, sus asesinos colocaron tres vallas para asegurar el resultado.

¿Qué precio se puso a la vida de Javier Ardines?

No lo sabemos con certeza. Hay que hacer caso a lo que dijo el único de los tres detenidos que habló, Dijali Benatia, uno de los autores materiales del crimen. El argelino contó que les habían pagado 25.000 euros, pero que en ningún momento la orden fue acabar con la vida del concejal, sino darle una paliza, un escarmiento, y dejar claro que llegaba “de parte de Pedro”.

Dijali contó que él y su consorte esperaron a que Ardines se bajase del coche, le rociaron la cara con espray pimienta, él le golpeó con un palo y su compinche con un bate de béisbol y aseguró que cuando él se marchó de la escena, el concejal seguía vivo y descargó en el otro argelino la responsabilidad de la muerte. Dijo que escuchó un fuerte golpe más cuando su compatriota se quedó a solas con Ardines. Dijali contó en el juzgado que se enteraron de la muerte del edil por la prensa y que su cómplice se marchó inmediatamente a Suiza, donde fue detenido por un robo con fuerza y donde sigue encarcelado, a la espera de ser extraditado a España.

Y tras el crimen, ¿qué pasó en esa familia? ¿Cómo se comportó Katia con su prima, la viuda de Ardines? Ese comportamiento fue uno de los principales indicios. Lejos de apoyar a su prima, Katia y Pedro fueron desapareciendo de Llanes, pese a lo unidos que estaban a esa localidad. Solo regresaron en septiembre, con ocasión de las fiestas de la patrona de Nueva de Llanes. Y Nieva regresó el miércoles pasado, cuando la Guardia Civil le condujo a su casa de Belmonte de Pría para registarla.

El pasado martes fueron detenidos los tres implicados que estaban en España: Dijali Benatia, Jesús Muguruza y Pedro Nieva. Solo uno quiso declarar, el argelino… ¿Los otros dos no dijeron nada?

Muguruza se negó a declarar, al igual que Nieva, que se enteró por boca de la jueza de que Katia, su mujer, llevaba treinta años de relación con Ardines. Él pensaba que era algo muy reciente y la jueza de Llanes quiso jugar esa baza para derrotarle, para que se viniese abajo, pero no hubo forma. Nieva recibió el palo, se derrumbó, pero se limitó a decir que no conocía a los argelinos de nada y que a Muguruza solo le conocía por razones profesionales.

La jueza de Llanes mandó a los tres a prisión, así que supongo que habrá poderosos motivos para ello, es decir, pruebas que no dejan dudas sobre su relación con el crimen.

Sobre el argelino, no solo no hay dudas, sino que hay hasta una confesión. Pero además, los investigadores encontraron en su coche y en su domicilio restos del mismo espray pimienta que había en las vallas empleadas para tender la emboscada a Ardines. Las puebas contra Muguruza y contra Nieva no las conocemos con exactitud, pero según nos comentan algunos de los guardias que han participado en esta operación Strabe, están muy bien atornillados.

La familia de Javier Ardines ha emitido en las últimas horas UN comunicado donde agradecen la labor de los agentes de la Guardia Civil que han ayudado a resolver el caso y anuncian que podrían emprender acciones legales contra "aquellas personas y empresas están vertiendo comentarios infundados e injuriosos sobre Javier Ardines. Hablan de “personas y empresas” ¿Diríais que, en general, está siendo uno de esos casos con un tratamiento mediático poco escrupuloso?